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EDICIÓN | Noviembre 2014

Tienes que cuidarte

PILAR SORDO
Tienes que cuidarte

He escuchado tanto esa frase como no se pueden imaginar. Evidentemente, tiene que ver con gente cariñosa que ha intentado pedirme que me cuide, producto de que he estado muy enferma estos últimos meses. La verdad es que no es nada grave, pero si tuviera que resumirlo tendría que contarles que, producto de un gran estrés de muchos años, se me produjo una alteración metabólica severa que me hizo parar de golpe.

Lo primero que tengo que contar es que dentro de las muchas cosas que hago mal, es que no sé reconocer las claves intermedias del cansancio, solo reconozco mi cansancio cuando colapso. No sé escuchar mi cuerpo en los intermedios, probablemente porque tengo el privilegio de amar lo que hago y porque, como me dijo un querido amigo: “esto que te pasó es una enfermedad que se da por la pasión que le pones a la vida”.

Mucha razón tenía, pero quiero reflexionar con ustedes sobre lo que significa lo que hoy estoy aprendiendo: a cuidarme. Siempre he sentido que me cuido, sobre todo en la medida que ha pasado el tiempo. Como sano, hago ejercicio, voy al médico a chequearme y el resto de cosas que seguramente ustedes, que leen esta columna, deben hacer y hasta mejor que yo. Pero ¿es eso cuidarse?, hoy tendría que decir que no, que hay algo más profundo que aprender y tiene que ver con tener conciencia de uno mismo todo el tiempo. Parece tener que ver con escucharse desde el silencio y saber lo que tu cuerpo te informa.

Estamos entrenados para no escucharnos y para rendir, sin preguntarnos si lo que hacemos nos está cansando más allá de lo deberíamos. Evidentemente, debido a tanta injusticia social, hay demasiada gente que nunca puede preguntarse nada y solo le da para adelante con el objetivo de sobrevivir y su cuerpo termina por avisarle siempre cuando ya hay poco que hacer. Independiente del nivel socioeconómico que tengamos, es importante parece, porque estoy en proceso de aprenderlo, tener siempre abierto el corazón y la mente para mirarnos, para aprender a decir no puedo o no quiero y, en algún momento, tener la capacidad de escucharnos de acuerdo con lo que profundamente sentimos.

Cuando uno no escucha el cuerpo, este termina por gritar y muchas veces de mala forma, por lo tanto, cuidarse va más allá que hacer las cosas bien de acuerdo con los estándares actuales, tiene que ver con estar alerta a nuestros procesos de cambios, a nuestras necesidades, a valorar el tiempo como fuente de silencio y descanso y, ojalá, tener algo de tiempo para perder. Escucharnos se relaciona con el silencio, con el caminar a veces despacio y preguntarme para qué y por qué hago lo que hago.

Todo este proceso se puede hacer en forma efectiva no solo con tomar conciencia, sino que aplicándole mucha, pero mucha fuerza de voluntad. Sin esfuerzo nada de esto parece tener sentido y mucho menos permanencia en el tiempo, convirtiéndose, al final, en una sucesión de incendios que son apagados, pero que no permiten ver la totalidad del problema donde, evidentemente, el cuerpo empieza a avisar que hay cambios que hacer. En eso estoy ahora, intentando ver la globalidad y no lo parcial, estoy trabajando duro por reestructurar los tiempos dentro de lo que puedo y, sobre todo, colocando toda la voluntad para hacer lo que debo.

Ha sido muy doloroso y hermoso el empezar a caminar con el profundo sentido de lo que significa cuidarse; que al final tiene que ver con el quererse un poquito más todos los días, mirando más hacia adentro y no solo hacia afuera. Los invito, humildemente, a mirarse, a entrar en silencio y a escucharse para que descubran cómo están y lo que debieran hacer para estar en armonía y, sobre todo, sanos de cuerpo y alma.

 

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