Luego de la exposición realizada el 2013 en Artequin, regresan a Viña del Mar los once grabados originales y firmados de Oswaldo Guayasamín (1919-1999) que el pintor, muralista y grabador ecuatoriano donó al ex presidente Eduardo Frei Montalva, en su visita a Chile a fines de los sesenta. Esta vez en la Corporación Cultural de la Ciudad Bella.
Como comenté en una columna anterior, Guayasamín supo plasmar en sus obras, con dramatismo, casi como una plegaria, al Altísimo, el dolor y la miseria que soporta la mayor parte de la humanidad —aún en nuestros días—, denunciando la violencia que le tocó vivir a sus contemporáneos en el siglo XX, estigmatizados por las guerras mundiales y civiles, los campos de concentración, las dictaduras, es decir, la inaudita violencia del hombre contra sus semejantes. Este artista descubre magistralmente el potencial expresivo de los rostros, manos y cuerpos de los pueblos, para transmitir una enorme gama de sentimientos que captura e imprime en sus obras: el drama y la tragedia del hombre de nuestro tiempo.
He llegado a la conclusión de que las actividades en el ámbito de la cultura y las artes deben ser permanentes, no eventos de un día. Los grandes coliseos del arte programan una y otra vez, en sus temporadas anuales, las obras del patrimonio universal y siempre son novedad. Asimismo, las orquestas y sus directores ofrecen, también todos los años, las sinfonías de Beethoven, Mozart, Mahler, entre otras, y siempre despiertan en el público grandes expectativas. En fin, en el mundo de las artes visuales y escénicas se montan y exponen los maestros de todos los tiempos, periódicamente, y también siempre son novedad, porque el arte es un lenguaje universal que siempre nos estará diciendo cosas nuevas. Es por esto que invito al público a encantarse, otra vez, con Guayasamín.