Estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte catastraron más de cuarenta lugares de Antofagasta con un alto componente arquitectónico y patrimonial, para crear interesantes propuestas de rehabilitación y recuperación de espacios públicos a través de equipamientos con eficiencia energética. Una forma de proponer soluciones inteligentes al rápido crecimiento de la ciudad y una serie de propuestas que debiesen traspasar las fronteras de las salas de clases para ser aplicadas a la realidad.
por Soledad Meléndez R. / fotografía Andrés Gutiérrez V.
Ver el trabajo de los alumnos del taller de “Esqueletos Urbanos” de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica del Norte en plena acción, deja en claro el alto valor patrimonial que posee la ciudad de Antofagasta y es inevitable soñar cómo sería la ciudad si las propuestas de estos futuros profesionales se llevaran a cabo, rehabilitando interesantes estructuras olvidadas o abandonadas para recuperar espacios públicos para la comunidad, dando belleza al entorno con una renovación de alto impacto social y medio ambiental.
La estación de trenes de calle Valdivia, edificios del Barrio Histórico, la Feria Modelo del sector de la Caleta, los estanques de almacenaje de Petróleo, el ex Cine Nacional o el ex convento de la Providencia, son parte de un catálogo de cerca de cuarenta edificios o lugares que fueron catastrados y escogidos por su valor patrimonial y arquitectónico y que podrían ser un aporte para el plan de crecimiento de la ciudad, bajo un concepto armónico que no sólo incorpore nuevas propuestas, sino que también incluya estructuras ya existentes.
Esta propuesta académica, que también consideró un viaje de los alumnos a la ciudad de Medellín, integró dos talleres que suelen darse por separado en la Escuela de Arquitectura de la UCN, que son el Taller de Energía y el de Diseño Urbano, donde se aborda la rehabilitación de los esqueletos urbanos, que se intervienen utilizando estrategias de eficiencia energética.
Cada alumno asumió este desafío y escogió su propio edificio para rehabilitar, en una tarea que va más allá de la mera aprobación del taller, ya que los estudiantes, con mucha preocupación y esmero, realizaron un exhaustivo estudio y levantamiento de los inmuebles, que contempló acceder a los planos originales, conseguir los permisos pertinentes para ingresar a los respectivos edificios, fotografiarlos y estudiarlos in situ para establecer la estrategia de intervención.
Este taller fue dictado por los docentes Massimo Palme (ingeniero, experto en eficiencia energética) y los arquitectos y urbanistas Francisco Cooper, Gino Pérez y Paula Kapstein, quien destacó la importancia de formar arquitectos en esta línea ante la falta de conciencia patrimonial. “Antofagasta tiene un potencial y un patrimonio que se está haciendo invisible y no existen políticas que incentiven la recuperación de estos edificios”, argumenta la académica.
La docente advierte que cuando se mejora espacial y físicamente un edificio o un barrio, esta intervención también incide en la recuperación social, beneficiando las redes de la comunidad involucrada, porque se produce una mayor cohesión, sobre todo si hay un trabajo participativo. “Al rehabilitar y dar un nuevo uso, das vida a los edificios y a su entorno, lo que genera un alto impacto social sobre el espacio público”.
Otro aspecto que alerta la profesional es la presencia de espacios infrautilizados, que en su mayoría están en manos de privados, como es el caso de los patios y galpones del ferrocarril, donde hay una alta presencia de esqueletos urbanos que son estructuras que sufren de obsolescencia y el impacto del paso del tiempo, ya sea por desuso o por cambios en su utilidad, la cual ha degradado la arquitectura.
“El taller nace con esa intención de pensar que hay muchos espacios, que son muy amplios, que están ubicados en el centro de la ciudad, que están infrautilizados en manos de poderes privados y que sería ideal que la ciudadanía pudiera disfrutar de esos ellos, porque se requieren para parques y distintos lugares para equipamientos públicos que puedan ser intervenidos, incorporando la lógica arquitectónica presente, que también habla del patrimonio y la historia de la ciudad”, comenta Paula Kapstein.
EXPERIENCIA
Los futuros arquitectos fueron parte de un proceso creativo y académico con un alto potencial social, a través de estas propuestas que los acercaron a un conocimiento acabado de la recuperación de espacios públicos y edificios patrimoniales, que promueve el respeto de las estructuras y materiales, pero también incorporando aspectos novedosos como estrategias de eficiencia energética, que no inciden en la lógica del edificio, pero sí en una mejor calidad de vida de sus usuarios.
Nicolás Mardones es uno de los alumnos integrantes del taller, quien trabajó en una casa de oficiales en retiro que se ubica en la Quebrada del Toro en Antofagasta, la que fue vendida para construir un nuevo inmueble, pero aún no ha sido intervenida, por lo que está en muy mal estado y generalmente se usa de manera ilegal, generando un foco de peligro para el barrio en que está inserta.
“Es una casa patrimonial con alto valor arquitectónico, pero al estar olvidada degrada a todo el sector y su entorno. Rehabilitar un edificio patrimonial en un sector así revitalizaría todo el barrio. Entonces, además de recuperar el esqueleto, proponemos una rehabilitación urbana para producir una mejora en todo el barrio”, comenta el estudiante.
TIEMPOS AQUELLOS
Para la estudiante de quinto año de Arquitectura, Francisca Vergara, los hitos históricos y patrimoniales de los galpones aledaños a la Estación Valdivia fueron suficientes para crear un programa cultural para ese sector que apunta a aspectos como la participación de la comunidad, recuperación de espacios para los barrios cercanos y el desarrollo de equipamientos para toda la ciudad.
“Mi propuesta contempla sacar el perímetro, hacerlo accesible, establecer algunos espacios peatonales y vehiculares y también crear un gran eje peatonal que sea como un gran paseo urbano, donde haya distintos edificios culturales que la ciudad tanto necesita. La idea es crear un eje lleno de hitos históricos y agregarles un programa cultural para la comunidad, desde una perspectiva turística, y otros planes para la comunidad cercana que trate de alimentar y potenciar lo barrial”.
El diseño contempla un gran eje público con paseos peatonales y rescata todos los sectores de los trenes para que las personas que accedan a este lugar puedan reconocer la historia de Antofagasta. Por esto, la intervención sólo apunta a retirar los espacios degradados por el tiempo y el desuso, con el fin de mejorar la calidad de vida del barrio y la accesibilidad.
“La idea es dotar de espacios para toda la comunidad y sobre todo para los vecinos del sector. Por esto considero un programa cultural que incluye la instalación de una biblioteca que esté abierta hacia la estructura de madera. También considera un museo histórico permanente que muestre el sentido del espacio histórico para la ciudad, junto con espacios para exposiciones temporales. Además, los vagones se incorporan como elementos habitables y móviles donde se instalen cafeterías y tiendas de artesanía que pueden ser espacios para incorporar y dar trabajo a las personas del barrio”.
VESTIGIOS INDUSTRIALES
Otra de las cuarenta y dos propuestas es la de la alumna Constanza Esquivel Montecinos, quien apostó por un trabajo de gran dimensión con los estanques de almacenamiento de petróleo ubicados cerca de la Vega por Calle Iquique con Ovalle. Un gran desafío por su dimensión que incluye tanto una escala de ciudad como una barrial.
Una de las grandes dificultades, para la mayoría de los estudiantes del taller, fue el acceso a su lugar de estudio, sobre todo para quienes trabajaron con espacios donde los propietarios son empresas privadas, por lo cual el trabajo se concretó a través de fotografías desde sectores aledaños y cálculos a través de programas como Autocad, más el uso de aplicaciones como Google Earth y Street View.
Este diseño muestra una innovadora propuesta para reutilizar los tres volúmenes circulares de acopio de petróleo de la empresa Shell, que fueron cerrados el año 2011 tras un decreto del gobierno que solicitó el traslado del punto de almacenaje, los que hoy están en desuso como vestigios industriales dentro de la ciudad, en un sector que se encuentra degradado por estos equipamientos, que pueden ser rehabilitados para recuperar áreas y espacios para la comunidad que vive en ese sector.
“A nivel urbano, el proyecto abre este gran sitio eriazo que es una barrera urbana en obsolescencia. Por esto en mi propuesta se abren ejes transversales en calles como Vallenar y Taltal, por ejemplo. Se propone, también, un acceso que conecta la calle Chuquicamata donde actualmente hay una línea del tren abandonada, lugar que puede proyectarse como un espacio público. Entonces se rehabilita este eje y se sugiere todo un sistema habitacional, junto con la habilitación de vías peatonales y vehiculares que atraviesen este sitio”, sostiene la estudiante.
Así la propuesta incluye un centro cultural, una biblioteca y un parque de la minería que servirá para que la comunidad conozca sobre el principal recurso económico del país. Todo en una intervención que incorpora nuevos equipamientos, como un auditorio que se ubicaría en el subterráneo de la explanada que une a los tres cilindros de almacenajes, los cuales serían reutilizados para el proyecto con innovadores sistemas de eficiencia energética y de optimización de la ventilación y acústica del recinto.
El auditorio, que estaría destinado a conferencias o espectáculos artísticos, contempla un diseño bioclimático de eficiencia energética, que incorpora un techo equipotencial y maneja distintos ángulos de los asientos para que la distribución del audio sea el correcto.
La estudiante explica que dada la estructura de los estanques, construidos con una piel de acero de plancha pre fabricada y soldada, debió incorporar en su diseño una estructura interna con pilares y losas de hormigón, que generan una segunda envolvente estructural y de paneles acústicos para aislar el ruido y también para promover un sistema de ventilación, que opera entre ambas pieles del estanque, donde se formaría un colchón de aire que produce unos espejos de agua que con la brisa ingresa y se va distribuyendo a través de los pisos para regular la temperatura y la humedad (similares estrategias se utilizan en la arquitectura árabe)
Estos espacios serían recuperados para la comunidad cercana y para implementar programas culturales a los que se suman la instalación de una biblioteca, más un museo históricopermanente para la ciudad junto con espacio para exposiciones permanentes y un auditorio para presentaciones, charlas u obras de teatro.