Educar en el arte es la misión por la que Paulino vino al mundo. Durante años se ha dedicado a inculcar la disciplina de la plástica a incontables generaciones de pintores y aficionados a la pintura. Su sueño es formar la carrera universitaria en arte para el norte de Chile, y desde su propia filosofía, nos invita a entender por qué el arte forja seres humanos integrales.
texto y fotografía Soraya Valdivieso
“La dificultad de un artista no está en el medio, sino en uno mismo”. Con esas palabras, Paulino abre una conversación que se traslada desde su infancia en el desértico puerto de Taltal, hasta hoy, ya establecido en Iquique. Gracias a su espíritu inquieto, jamás ha parado de pintar y exponer, es un real emprendedor del arte que lleva más de veinticuatro años impartiendo clases en su Atelier y forjando generaciones de alumnos en distintos colegios de Santiago, Iquique, Arica y Pozo Almonte.
Profesor de artes plásticas de la Universidad de Chile, es reconocido por sus diversas distinciones, como la mención honrosa en el certamen nacional “El Color del Sur”, primer lugar del concurso del Mall las Américas de Iquique, distinción por su trayectoria de la Universidad de Tarapacá, el reconocimiento de la Universidad Arturo Prat por su vasta trayectoria académica y su desempeño como presidente del consejo consultivo de la Secretaría Regional Ministerial de Cultura de Tarapacá, durante tres años.
¿Cómo nace la idea de crear el Atelier?
El taller nace como una forma de transmitir y dar oportunidades, yo creo que en el arte las oportunidades existen para los artistas consagrados con trayectoria. Pero qué sucede con los jóvenes que tienen ganas de pintar y no saben dónde, es allí donde yo apunté, y durante veinticuatro años nunca han faltado los alumnos, porque me di cuenta de que la necesidad existía y existe hasta hoy.
¿Siente usted que el taller es una posibilidad de surgir en el arte?
El artista nace y se desarrolla gracias a su autogestión, creo que el taller es un ejemplo de surgimiento. Este taller existe sin ningún aporte externo, de ningún privado, por lo tanto, la capacidad de gestión que tiene el artista visual es lo que lo determina.
En la actualidad, el Ministerio de Cultura favorece en varias líneas del arte, qué piensa usted del Fondo de la Cultura. No creo que porque existe el Fondo de la Cultura tengamos mayor posibilidad, quizás hay mayor opción de concurso, pero hay una gran brecha. Con los fondos se desarrollan grandes proyectos artísticos, sin embargo, esa parte no se condice con la realidad actual. La fortaleza del arte debería formarse en la educación, en la enseñanza básica, seguir en la media y la universidad para después lograr gente creativa, gente sensible, gente con ideas, que pueda aportar a la sociedad una mirada diferente.
EDUCADOR
Lograr el desarrollo intelectual, autónomo y sano de los niños es el principio desde el cual Paulino trabaja. Para él, el arte, como rama académica, fortalece la identidad propia y los sentidos de las personas; por esta razón, es un fuerte detractor de la reforma educacional, la cual hizo que las asignaturas de arte, ya sea música, teatro o pintura, se volvieran electivas.
¿Cuál es su crítica a la educación chilena?
Primero, no exigir la valoración que tienen los ramos del arte en la formación integral de los seres humanos. Que los adolescentes tengan que elegir entre la música y las artes visuales, creo que cercena una parte del ser. Porque tenemos muchas habilidades para diferentes manifestaciones como el arte, las matemáticas, la ciencia o la filosofía, y no podemos creer que ya sabemos de todo, porque no lo hemos experimentado.
¿Qué aconsejaría para remediar esto?
Mi experiencia me dice que, tal como las legendarias civilizaciones, debemos dar el valor y el respeto necesario al arte. Un buen ejemplo es la casa de Taiwán, allí se reúnen los taiwaneses radicados en Iquique. Durante cinco años me contrataron para que a los niños les hiciera clases de arte los días domingo; lo impresionante era cómo, desde los más pequeños hasta los grandes, se lo tomaban con una tremenda responsabilidad y sus familias conocían el beneficio de aquello.
Desde las paredes del Atelier sobresalen cuadros con paisajes desérticos, ensenadas y playas maravillosas, enmarcadas de cerros desérticos, que conservan la biodiversidad característica del norte de Chile. Cactus y mar en una espléndida técnica al óleo.
¿Cuáles son las técnicas con las que trabaja?
Me he dedicado a tres técnicas, los colores a la cera, técnicas húmedas y técnicas de pintura artística. Sin embargo en mi publicación Rescate de recursos técnicos aplicables en la pintura en una morfología regionalista, se pueden encontrar más de veintisiete técnicas diferentes.
¿Cuáles de ellas destacaría?
En lo personal, me gusta mucho trabajar con las aguas tintas, desde donde nacen las aguas tintas al cloro, la nogalina, con reservado de blanco o a la plumilla. Pero también destaco las ceras fundidas, lápiz de cera al aguarrás, la nogalina y otras, que son maravillosas.
¿Cómo ve usted la emotividad?
Debo admitir que soy absolutamente sensible; soy una persona que goza de los recuerdos y se llena de las anécdotas positivas de la vida. Es eso lo que me hace pintor, es aquello que uno descubre y lo abre a la percepción del arte. Por ejemplo, desde ahí nace mi colección del Puerto de Taltal, nace desde el afecto y los sentimientos que guardo de ese lugar.
¿Cuál es su sueño?
Presenté los planes y programas para crear la carrera de arte en el norte, porque la carrera universitaria solo se dicta en Santiago. Ese es mi mayor sueño, ser director de una carrera universitaria de Bellas Artes y también me gustaría formar mi propia galería de arte.
“Mi mayor sueño es ser director de una carrera universitaria de Bellas Artes y también me gustaría formar mi propia galería de arte”.