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EDICIÓN | Octubre 2014

Rústico chic

Silvia Larraguibel, embellecedora de antiguedades
Rústico chic

Así define su estilo. A lo antiguo le impone su sello y le cambia el rostro. El color, la pintura, las telas y su creatividad, embellecen cada mueble o elemento decorativo que llega a sus manos. Hace más de diez años que se dedica a esto, un arte que se transformó en su mejor terapia, en una forma de vida y en el reflejo de su identidad.

Por Verónica Ramos B. / fotografía: Patricio Salfate T.

Cada pieza que luce en Antaño —su propia tienda de antigüedades— tiene su marca. Los muros, el piso y los muebles también están intervenidos. Aclara que lo único que no ha modificado son los enlozados y las maletas, porque así, tal como están, le fascinan.

Hace un año que Silvia Larraguibel disfruta llegar a su taller, ubicado en el patio trasero de su negocio en La Serena. Pero hace mucho más tiempo, que se apasiona cambiando la fisonomía de todo aquello que, minuciosamente, busca entre sus proveedores. “La pintura es mi fuerte, todo lo que tú te puedas imaginar lo pinto. Radios, canastos, cuadros, muebles, muros, pisos, maceteros tienen los colores que me nace aplicar y con diseños diferentes”, recalca.

Estudió ingeniería en alimentos en la Universidad de La Serena y, al egresar, trabajó solo un par de años en su profesión. Su padre, ex empresario de transportes, la invitó a formar parte de su negocio, pero más tarde se independizó como concesionaria de una estación de servicios en Coquimbo. Tiempo después, una grave enfermedad impidió a Silvia tener contacto con el combustible, de manera que buscó la forma de acercarse al arte, una afición y gusto que por largos años debió postergar.

La estética y la decoración estaban en su mente y en su corazón. Sentía que la manera de sobrellevar su enfermedad era a través de la pintura, dando vida a diversos elementos con una técnica absolutamente autodidacta.

¿Qué marca el inicio de esta aventura?
Siempre he tenido habilidad con las manualidades. Postergué el arte porque mi padre quería que estudiara una carrera convencional. Cuando me enfermé y tuve que someterme a quimioterapias, surgió la idea de renovar el espacio donde tenía el servicentro. Pinté los muros y, luego, viajé a comprar muebles antiguos al persa del Bío- Bío y a los galpones de Balmaceda ¡Quedaron tan lindos que comencé a venderlos!

¿Hiciste algún curso de arte?
Como viajaba a Santiago a mis radioterapias, aproveché de hacer algunos cursos para aprender técnicas de pintura y pátina. Con el tiempo me fui documentando y leía bastante, pero debo decir que los Larraguibel tenemos el arte en la sangre. Es innato.

¿Y a qué se debe tu afición por lo antiguo?
La antigüedad me gusta y la pinto porque la gente de antaño fabricaba muebles, no solo por lo funcional, sino que aplicaba diseño y los tallaba con una serie de detalles. La estética de los muebles antiguos y la versatilidad de la madera, siempre me han llamado la atención.

ANTES Y DESPUÉS

Dedicarse con seriedad y constancia a esta afición, fue el puntapié inicial para que Silvia se decidiera a crear su propia tienda de antigüedades.

Fueron ocho meses intensos de trabajo, para remodelar y hermosear una añosa casa de adobe, ubicada en Gabriel González Videla. “Esta casa era parte de las chacras de La Serena. Estaba detenida en el tiempo y muy abandonada. Partí de cero, pinté los muros a mano alzada, pusimos el piso, abrimos el portal y arreglamos los techos. Fue bastante trabajo, pero lo más importante fue ver el antes y el después”, recuerda Silvia.

¿Los cambios son un concepto propio de tu trabajo?
Estoy acostumbrada a ver los cambios, porque es a lo que me dedico. Cuando veo algo arruinado no me asusto, porque logro visualizar cómo va a quedar. Más satisfacción me produce cuando la gente lo nota y lo destaca. Por largo tiempo, me rehusé a restaurar o embellecer muebles para otras personas; esa no era la línea de mi trabajo, porque sentía que perdía libertad para crear.

¿Hoy sí lo haces?
Hace algunos meses decidí recibir trabajos de particulares, porque los clientes me decían “si lo vas a dejar como los muebles que tienes acá, me va a encantar”. Cuando la gente me deja ser, porque conoce mi estilo, ¡lo hago feliz!

¿Qué te llevó a cambiar de idea?
La llegada de mi hermano Sergio. Él es muy hábil con las manos y hace cosas preciosas. Contar con su ayuda ha sido fundamental, porque antes no tenía tiempo para recibir trabajos. Él es mi otro yo, nos asociamos y empezamos a desarrollar otras vetas, como la escultura. Ahora, estamos trabajando en orfebrería y hacemos joyas de cobre.

¿Viajar forma parte de esta búsqueda de piezas novedosas?
Todos los años, en el mes de mayo, viajo a Cuzco para traer textiles y aguayos antiguos. Estas piezas son auténticas, únicas y muy cotizadas. Me encantaría traer muchas cosas más, pero lamentablemente no está permitido.

¿Sientes que algunas personas tienen cierto resquemor por las cosas antiguas?
A la gente que busca lo antiguo, la divido en tres segmentos. El primero es por moda y eso es preferencia de las personas jóvenes; otro grupo se inclina por la calidad de los muebles antiguos y, por último, está el coleccionista. Tengo clientes que buscan muebles mapuches, como el trinche, que tengo expuesto en la tienda. Para ellos es una inversión y tienen mayor conocimiento del valor de una determinada pieza.

¿Cómo definirías tu estilo?
Yo lo defino como rústico chic, porque es antiguo y juvenil a la vez. Mis muebles marcan una tendencia, me interesa que estén protegidos, que se noten sus vetas y que conserven su calidez.

¿Y en la práctica, cómo logras este sello?
A través del colorido, las telas, la pintura y mucha creatividad.

DE UN CUANTO HAY

Los muebles que embellece Silvia provienen, principalmente, de Santiago y Talca. Para ella, la etapa de la búsqueda y compra de mobiliario antiguo es simplemente adrenalínica. “Cuando viajo a buscar los muebles, desconozco lo que voy a encontrar y eso es fascinante. Este, sin duda, es un negocio de oportunidades. Además, comprar es un vicio, porque puedo tener seis trinches, pero si me ofrecen otro, lo compro igual. Recolectar, revisar y regatear precios es muy entretenido”.

Bargueros, vitrinas, paneros, veladores, trinches, esquineros, escritorios, mesas chancheras, mecedoras, toilette, peinadores, sillas de campo, poltronas, sofás, paragüeros y comedores, entran en la larga lista de sus adquisiciones. Cada uno tiene su sello e intervención. Cada uno lo luce con un elemento decorativo que realza su belleza y armonía, entre ellos, balanzas, enlozados, teteras, bandejas de madera, cuadros, mantas, pieseras y flores.

¿De estas piezas, hay alguna con un valor especial para ti?
Le tengo mucho cariño a los enlozados, porque son muy difíciles de encontrar y porque, para mí, son muy bellos.

¿Y el proceso de reparar y pintar, lo haces sola?
Cuando necesito reparaciones de carpintería, porque los muebles vienen muy sueltos y hay que encolarlos, tengo personas que me ayudan. De ahí para adelante, trabajo sola.

¿Trabajas en varios muebles a la vez?
¡No!, empiezo con uno hasta que lo termino. Por eso no recibo varios trabajos a la vez, porque mi energía la canalizo solo a esa pieza.

Despierto, duermo y vivo el día pensando en ese artículo. Soy bastante obsesiva en eso.

¿Logras finalmente interpretar lo que el cliente busca?
Siempre dejo un espacio para el cambio. Antes de sellar, pido a la persona que vea el mueble, pero la verdad es que, hasta el momento, he logrado interpretar lo que desean.

¿Y de tus expectativas, en qué sueñas?
Me encantaría que a mi alrededor hubiese más tiendas como esta y se generara un espacio donde la gente pudiera pasear, aprender y conocer este oficio. Mucha gente piensa que el mueble antiguo no sirve o es barato y ¡no es así!, porque es una pieza de calidad y cuesta recuperarla. Este es un negocio que ha ido evolucionando y, sin duda, debe ser valorado.

¿Te resulta fácil desprenderte de tus trabajos?
Siento que eso ya lo superé. Al principio todo era para mí, pero ahora sé que no me pertenecen y que cada mueble o pieza tiene su dueño… solo falta que llegue.

 

“Este, sin duda, es un negocio de oportunidades. Además, comprar es un vicio, porque puedo tener seis trinches, pero si me ofrecen otro, lo compro igual”.

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