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EDICIÓN | Octubre 2014

Piedra nacional

Javier Pérez, artesano en piedra combarbalita
Piedra nacional

No solo son sus vetas, tonos, versatilidad y belleza los que la han hecho acreedora de un prestigio a nivel internacional; lo cierto es que la piedra combarbalita es única en el mundo y, más aún, es exclusiva de nuestra región. Desde la prehistoria y, hasta hoy, fieles herederos de este arte continúan dando vida a esta roca semipreciosa, declarada “Piedra Nacional”.

por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.

Desde tiempos prehistóricos, los diaguitas forjaron en su arte primitivo los primeros vestigios del uso de la piedra combarbalita. Su nombre se debe al lugar donde existe en abundancia y donde solo aquí se extrae, para crear un sinnúmero de piezas ornamentales que han recorrido el mundo. Combarbalá, comuna de la Región de Coquimbo, es la cuna de esta roca con características inigualables y con un prestigio que la llevaron, en 1993, a ser declarada por decreto de ley “Piedra Nacional de Chile”.

Hace más de veinte años que Javier Pérez encontró, en esta manifestación de arte, su fuente laboral y un camino marcado por sacrificios y recompensas. Extraer, lapidar, pulir, engastar y comercializar la piedra combarbalita se convirtió en su oficio por accidente. Instaló su propio taller en Coquimbo hace ocho años y, hoy, es uno de los pocos artesanos que trabaja la piedra en esta zona. Gran parte de ellos, lo hacen en Combarbalá.

Cada quince días, Javier y su socio recorren los cerros de este valle, para extraer de las canteras y minas, la preciada roca volcánica. Con cuñas y combos al hombro y una temperatura de casi cuarenta grados, inician el proceso de recolección durante todo un día. Es tal el esfuerzo, que deben descansar al menos veinticuatro horas para después continuar con el traslado de las rocas de diferentes tamaños, hasta su taller ubicado en el puerto.

Dueño de una vasta experiencia, Javier sabe cuáles son las piedras que sirven, pues al comienzo debía cortarlas con una sierra y verificar su dureza, vetas y tonos. También, le resulta fácil determinar qué tipo de piedra es la adecuada para transformarla en una de sus innumerables piezas decorativas, o bien, en algún tipo de mobiliario.

¿En qué momento llega esta piedra a tus manos?
Tenía veinte años y en ese tiempo trabajaba como topógrafo, pero quedé cesante. Un amigo me invitó a formar parte de un taller de artesanía en Combarbalá cuyo dueño era don Edmundo Frívola. Era el más grande de la zona y el de mayor trayectoria. Este taller fue mi escuela.

¿Te costó aprender la técnica?
No fue fácil porque es un oficio de alto riesgo. Hasta hoy, trabajamos con máquinas hechizas y eso hace que el proceso sea más inseguro. Al comienzo tuve varios accidentes y la verdad, es que hay que estar muy concentrado, de lo contrario puede ser muy peligroso.

¿Qué atributos tiene la combarbalita, que la hace tan cotizada?
Esta piedra es dueña de una historia a nivel nacional e internacional. Es exclusiva de la zona de Combarbalá y su composición blanda, sus vetas, las tonalidades y el acabado que se consigue con el trabajo de la piedra, permiten que tenga variados usos, sobre todo ornamental.

OBRAS EN MINIATURA

Cuchillos, ceniceros, pirámides, placas, portalápices, huevos, piletas, joyeros y mucho más se logra con el riguroso corte, pulido y lacado que aplica el artesano en cada una de ellas. De las piezas de mayor dimensión, la combarbalita toma forma en vanitorios, mesas de comedor, veladores, mesas de centro, lámparas de pie, fruteras y esquineros. “Esta piedra, actualmente, es muy cotizada para decorar muros —tipo mosaico—, también para revestimientos de chimeneas e, incluso, en pisos”, señala el artesano.

Otras de las piezas que son muy valoradas, en especial, por los turistas, son las miniaturas de obras representativas de la zona, entre ellas, el Faro Monumental de La Serena, la Cruz del Tercer Milenio de Coquimbo, el Observatorio Tololo, la Mezquita y la Torre Bauer de Vicuña.

¿Cómo se logra la suavidad de la piedra?
Con el lijado. Nosotros, de manera muy artesanal, usamos unos chascones con lijas. Después aplicamos lijas con agua para darle brillo a la pieza. Con este mismo fin, hemos comenzado a utilizar, también, laca o pasta incolora.

¿Y para ensamblar las piezas?
Usamos masilla mágica, esto hace que no se note la unión de la piedra.

¿Los diseños se van renovando?
Hay diseños que son permanentes porque es lo que siempre buscan las personas.

Si alguien me pide una pieza especial, les solicito una fotografía y la hago tratando de replicar al máximo los detalles.

¿Te gustaría enseñar tu arte?
Varias personas me lo han pedido, pero no han sido constantes. Me encantaría que los jóvenes se animaran a aprender, porque esta artesanía es auténtica de nuestra zona.

¿Y en tu caso, seguirás manteniendo la tradición?
En ocasiones, me han dado ganas de dejar este oficio, pero continúo porque me gusta mucho trabajar la piedra. Mis proyecciones son regresar a Combarbalá e instalar mi taller allá. Ser artesano de esta piedra única es muy bonito y tiene su recompensa, pese al sacrificio.

 

“…su composición blanda, sus vetas, las tonalidades y el acabado que se consigue con el trabajo de la piedra, permiten que tenga variados usos, sobre todo ornamental”.

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