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EDICIÓN | Octubre 2014

Iván, vamos que se puede

Nicolás Larraín, Publicista y conductor radial
Iván, vamos que se puede

He quedado muy conmovido con la deuda de Iván Zamorano. Ocurre que uno se imagina los montos que ganó y nos preguntamos cómo “diantres” se llega al punto de deber dos mil millones de pesos y, ciertamente, la mente empieza a elucubrar todo tipo hipótesis sobre dónde estuvo el error.

Esta columna la estoy escribiendo a mediados de septiembre y quizás cuando usted esté leyendo ya tendremos más detalles que aún desconocemos. Pero lo primero que a uno se le viene a la cabeza es que estuvo muy mal asesorado, que esa idea de dejar al cuñado a cargo de sus negocios parece poco agraciada. Te apuesto que ahora se pone de moda el dicho “más peligroso que cuñado de futbolista”.

Sin embargo, ahora mismo empiezo a recibir mensajes de distintas fuentes para mirar el episodio de otra manera. Hace ya bastante tiempo que escucho eso de que es bueno sincerar los fracasos, que en el mundo anglo eso es un sinónimo de herida de guerra que fortalece y que por estos lados, lamentablemente, es mirado como una lepra de la que hay que alejarse. Y pensando en esa idea, leo una columna de Axel Kaiser sobre lo que significa ser liberal, donde cita a Alexis Sánchez y se pregunta por qué hay gente que valora lo que hace y está dispuesta a pagar por su gracia. Esa sola línea me lleva a recordar lo que Zamorano nos provocó en sus años de gloria y la primera imagen que aparece en mi mente, más que las alegrías de la clasificación y participación en el mundial del noventa y ocho, es su paso por el Real Madrid, cuando le marcó un golazo al Barcelona en sus primeros años, y después en el tan repetido gol del campeonato al “Depor”, con el pase de Amavisca y el disparo cruzado, que toca en la mano del arquero, pega en el palo, entra, y nuestro Bam Bam se saca la camiseta mostrando su humanidad lampiña y enjuta, gritándolo a todo pulmón… golazo, triunfo, campeonato, pichichi y agachada de moño del argentino fanfarrón de Valdano.

Más que las enseñanzas deportivas futbolísticas, lo que Zamorano nos dio en esos años fue una clase magistral de emprendimiento: humildad, paciencia, trabajo abnegado, constancia y muchas palabras claves para toda la vida. Ejemplo fantástico e impresionante de alguien de estrato social bajo que, a puro ñeque y sin mucho talento (porque nunca tuvo el virtuosismo de don Elías, Caszely, Salas o Alexis), podía triunfar. Y por esto me salió del alma mandar un tuit diciendo Iván, estoy contigo. Porque ante tamaña deuda solo se me ocurre aprovecharla para seguir mandando mensajes de enseñanza a la gente, en el sentido de que se cometen errores, pero se pueden enmendar.

Mi idea es encontrar, entre quienes fuimos profundamente influidos por Iván, a algún capo de las finanzas que se ofrezca para manejar su deuda, hacer un plan de acción para levantar su imagen, que reconozca todos los errores, que dicte charlas sobre lo que no hay que hacer y, apoyado en quién es y qué representa, buscar un proyecto para salir adelante (imagen, capacitación, charlas, etc.), pues así como él nos abrió los ojos de que se podía triunfar en un mundo tan competitivo, también creo que se podría transformar en líder que le enseñó a Chile que también se le puede ganar a los grandes errores o fracasos.

A mi tuit de apoyo le han saltado miles de críticas y palos de quienes, ni locos, están dispuestos a ayudar en esta cruzada, pero si de alguien aprendí que hay que dar la pelea aun ante la adversidad, es de Iván Zamorano. Busco al capo de finanzas, escríbanme a nicolas@produccionesnl.cl y por ahí empezamos: el que quiere, puede.

 

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