Siempre disfrutó andar en bicicleta, pero por varios años tuvo que abandonarla. No fue hasta que participó en Patagonian Expedition Race, una de las carreras de aventura más extremas del mundo, que regresó decidida para no bajarse más. Claro que casi no vuelve para contarlo. Ahora lleva poco más de un año compitiendo y fiel a su intuición, esta arquitecta dejó de lado su profesión para dedicarse tiempo completo a una vida sobre ruedas.
por Tomás Moggia C. / fotografía Vernon Villanueva B. y gentileza Valentina Requesens
Para Valentina Requesens (26), andar en bicicleta es lo más parecido a volar. Una sensación indescriptible de libertad sobre dos ruedas gracias a esa posibilidad de avanzar sin límites hasta donde uno quiera. Su infancia en Santa Cruz siempre estuvo acompañada de viñedos y bicicletas. Y es que para ella, este medio de transporte es parte indivisible de la vida, el regalo clásico de Navidad.
Pese a su particular conexión con este tipo de vehículos, cuando partió rumbo a Valparaíso para estudiar arquitectura se vio obligada a bajarse de la bicicleta. En la universidad, siempre siguió muy ligada a la actividad física, ya sea nadando, trotando e, incluso, haciendo yoga o pilates. “Siempre necesité el deporte, por lo menos tres veces a la semana. No podía estar sin hacer nada”, asegura hoy la joven profesional.
Su regreso al mundo sobre dos ruedas fue casi por casualidad, o quizá era algo que le tenía preparado el destino. Motivada con participar en un viaje de cicloturismo junto a unos amigos, se compró una bicicleta nueva y poco a poco reanimó su aletargada pasión. Andar en bicicleta nunca se olvida, dicen. Pese a que finalmente el viaje no fructificó, posteriormente fue invitada a participar en Patagonian Expedition Race, apenas un mes antes de que comenzara una de las carreras de aventura más extremas y duras del planeta.
Una experiencia inolvidable, pero donde arriesgó la vida en cada paso. “Pasamos por una parte de Campo de Hielo Sur, donde tuvimos que cruzar un glaciar a través de grietas, donde si te caías o dabas un paso en falso, te matabas. Si no fuera porque uno de nuestros compañeros insistió en que lleváramos tornillos de hielo, no hubiéramos podido encordar la carpa. Gracias a eso tuvimos lugar para pasar la noche ocho personas en una carpa para tres y durmiendo sobre hielo”, recuerda sobre uno de los momentos críticos del evento.
¿Nunca te cuestionaste si estabas verdaderamente preparada para competir en esa carrera?
Sí, pero no lo pensé mucho porque no tenía nada que perder. De hecho, pasé por una situación bastante peligrosa antes de la carrera. Estábamos haciendo unas pruebas con cuerdas para poder calificar como equipo y le encontré algo raro al arnés, entonces le pregunté a nuestro capitán y me dijo que no había problemas. Pero cuando estaba a cinco metros de altura se me soltó el arnés y quedé agarrada solo con mis manos durante unos veinte minutos mientras mis compañeros me ayudaban. Ahí lo pensé y esa noche casi ni dormí, pero igual decidí seguir adelante.
EL INICIO DE UNA PASIÓN
Tras su participación en Patagonian Expedition Race, Valentina quedó fascinada con ese tipo de competencias. Si bien reconoce que siempre fue reacia a competir, sobre todo tras unas malas experiencias en el running, fue en el Mountain Bike (MTB) donde encontró un ambiente y una dinámica totalmente distinta, sin luchas de egos ni un exagerado deseo de victorias.
“La bicicleta fue lo que más me gustó, principalmente por esa sensación de libertad. Empecé a conocer mucha gente y muy buena onda.
Hay una camaradería que se da con la persona que recién comienza a andar, ya sea desde las mismas tiendas hasta gente que te brinda datos y consejos”, sostiene en relación a por qué finalmente se inclinó por seguir sobre dos ruedas.
¿Cómo fue ese proceso de insertarse en el mundo del ciclismo?
Ahí empecé a meterme a carreras de MTB. La primera fue la Rally Scott y “me tiré a los leones” corriendo los sesenta kilómetros. Fue una cuestión demente. Apenas llegué y lo hice casi tiritando. No estaba acostumbrada a eso. Con el tiempo fui conociendo más personas y productoras para informarme y así competir más.
¿Cuáles son tus sensaciones cuando estás compitiendo?
Tiene que ver con ponerme a prueba a mí misma. Cuando uno entrena sola, al final falta esa energía o empuje que te da el hecho de ir con alguien más y eso lo obtienes en la competencia. También hay un ambiente buena onda con un montón de gente haciendo lo mismo que te gusta a ti. Además, es rico darse cuenta que uno va teniendo resultados y que empiezas a fluir con la bicicleta. Te olvidas que vas sobre algo y simplemente te mueves y conectas con lo que estás haciendo.
¿Cuál ha sido tu mayor logro hasta el momento?
Yo creo que los resultados que se han dado a lo largo de este año. Sentirme más segura e ir mejorando. Empecé en abril de 2013, entonces al final recién me estoy empezando a repetir el plato en algunas carreras. Uno va destrabando cosas de cabeza día a día. Mi mejor logro es el producto global.
¿Qué lugares de Chile son los que más te gustan para andar en bicicleta?
Chile, en general, tiene distintas gracias porque cada lugar tiene algo especial. A mí me gusta lo más extremo que tiene la Patagonia. Es alucinante y siempre quise conocerla.
Hay tantos rincones entremedio, avanzas un poquito y encuentras un sector increíble.
VIVIENDO SOBRE RUEDAS
Lleva poco más de un año compitiendo y vaya que se lo toma en serio. Como una forma de costearse los gastos y aprovechando su talento culinario, formó una pequeña empresa de repostería. “Me ayuda a tener un poco de lucas para poder entrenar o pagar las cuentas al mes”, cuenta al respecto.
Pese a que ha logrado conseguir el apoyo de algunos auspiciadores, siente que todavía no es suficiente. En ese sentido, confiesa agradecida que ha recibido un importante apoyo de sus padres. “Mis papás se han portado un siete. Me ven feliz, entonces ellos también se ponen contentos. Ven que he ido progresando y les da orgullo”, afirma Valentina.
En términos competitivos, esta viñamarina por adopción corre en categoría novicios en XCO (Cross Country Olímpico, que se realiza por circuitos cortos) y amateur en XCM (Cross Country Marathon, que incluye tramos más extensos), dos especialidades dentro del ciclismo de montaña. Dentro de su palmarés, destacan el Rally Los Aromos KTM, el MTB Night Race Limache, el Desafío Nautika- Pichilemu y el Rally del Pacífico, entre otros.
Si bien no lleva mucho tiempo participando en carreras y torneos, espera llegar a competir en elite a mediados de 2015. “Mi intención es seguir aprendiendo y subir el nivel para tener más podios, conseguir más auspiciadores y así dar el salto”.
¿Qué aspectos falta pulir para dar ese salto?
Técnica y entrenamiento, ya que la constancia y el orden lo tengo. A mí, por naturaleza, no me gusta carretear ni fumar. Haciendo ejercicio soy feliz, entonces para mí no es un sacrificio. Quedo contenta si estoy cansada al final del día después de haber entrenado. Esa libertad que me da el entrenamiento para poder viajar y todo lo que involucra hace que no me sienta como que estoy perdiendo algo.
¿Piensas dejar definitivamente de lado la arquitectura?
Yo creo que nunca la voy a dejar de lado porque es una forma de pensar. Pero la arquitectura tradicional y de escritorio sí, salvo pegas de diseño que son más cortas.
¿Sueñas con competir a nivel internacional?
Me gustaría algún día ir a campeonatos internacionales de XCM. La idea, primero, es alcanzar el nivel elite y, después, salir. Ojalá dar el salto el 2014 y antes de los treinta años estar compitiendo fuera de Chile.
“A mí, por naturaleza, no me gusta carretear ni fumar. Haciendo ejercicio soy feliz, entonces para mí no es un sacrificio. Quedo contenta si estoy cansada al final del día después de haber entrenado”.