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EDICIÓN | Octubre 2014

Educación de calidad

PILAR SORDO
Educación de calidad

No sé cuántas veces hemos escuchado esta frase en los últimos años, y creo que no podemos estar más de acuerdo que es eso lo que queremos para nuestros niños. El problema comienza cuando intentamos definirla y aquí es impresionante la cantidad de conceptos que existen para “educación de calidad”.

Es importante mencionar que este es un desafío en todo el mundo hispano, ya que en los viajes que realizo por trabajo dentro del continente, siempre es un tema del cual se habla y se percibe como preocupación en todos los estratos sociales. Tratar de definir la educación, para mí, es igual que para todo el mundo, muy complejo.

Lo que sí tengo claro es por dónde se comienza ese trabajo; y el camino de partida, según mi humilde opinión, después de estar por muchos años ligada a la educación y todos sus factores, es por los profesores y los padres. Los padres tenemos que entender que la responsabilidad de educar a los niños es de nosotros, no de los colegios. Los colegios nos deben ayudar en esa tarea y es por eso que debemos tener la libertad de poder escoger cuál colegio nos ayuda más y mejor de acuerdo con los valores y prioridades que cada familia tenga para sus niños. Los sistemas educacionales deben ayudar a todos por igual en los distintos tipos de familias que conforman hoy la sociedad.

Es así como los padres somos llamados a poner límites, a educar en valores y a preocuparnos de que nuestra gran tarea es formar buenas personas para que aporten a la sociedad desde ese lugar. Además de los padres, los profesores parecen ser claves en el proceso educativo de los niños. En muchos estudios se comprueba que un buen profesor, que ame lo que hace, que sepa entregarse y entregar correctamente los contenidos, le puede cambiar la vida a un niño o a una niña.

Creo que es fundamental devolverles la autoridad a los maestros que el sistema completo les quitó y, junto con eso, se reestructure su nivel de ingresos. Parece absurdo que todos, sin excepción, tengamos que pasar por los maestros para ser grandes profesionales y ellos ganen menos que todos. Es una injusticia social imperdonable que está trayendo como consecuencia resultados horribles en la motivación y en la calidad de muchos que llegan a carreras de pedagogía por descarte más que como opción vocacional. Tener profesores motivados, bien pagados, capacitados y evaluados, permanentemente, es la puerta de entrada para una educación de calidad.

Desde este origen, padres y profesores trabajando juntos con los objetivos claros, la educación debe dar los espacios sin selección a una educación pública gratuita para todos, donde los sectores acomodados sigan pagando ya que pueden hacerlo. A la que se debería escuchar en esta necesidad es a la enorme mayoría de clase media que hoy tiene que decidir, literalmente, si come o manda a sus hijos a la educación superior.

Para lograr una educación de calidad se la debe entender como algo que va más allá de la excelencia académica, pues tiene que incorporar, necesariamente, la excelencia del alma e integrar todos los mundos del ser humano y no solo el cognitivo. Todos queremos una educación de calidad, entonces partamos por quien la entrega y desde ahí el resto se dará como añadidura. Padres y profesores son el origen de la educación, ahí empieza y surge el futuro ser humano que queremos que aporte a nuestra sociedad desde el lugar que su vocación le indique.

 

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