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EDICIÓN | Octubre 2014

Fiebre a cincuenta años

Por Marcelo Contreras
Fiebre a cincuenta años

El dato tiene algo de escatológico, pero es absolutamente gráfico. Pete Townshend de The Who cuenta en su biografía Who I am (2012), que en una temprana gira como teloneros de The Beatles, le llamaba la atención el olor a orina en los recintos donde actuaban. Sucedía porque el público de adolescentes, protagonistas de la beatlemanía que este año cumple medio siglo desde su estallido, no podían contenerse ante la presencia de los Fab four. No fue el primer fenómeno teen del pop. Frank Sinatra provocaba algo similar a fines de los treinta, pero solo a escala estadounidense. Luego Elvis corrió el cerco a nivel de fanatismo, cuando sacudió al país en los cincuenta. La diferencia es que tras desembarcar en Estados Unidos, en febrero de 1964, las andanzas de Lennon, McCartney, Harrison y Starr se convirtieron en un asunto mundial y noticia diaria. The Beatles fue la primera banda en realizar giras planetarias aquel año, cubriendo Norteamérica, Europa, Asia y Oceanía, y también se adelantaron en desarrollar campañas de marketing con su imagen plasmada en los más diversos cachivaches. Fue también durante esa misma temporada que el grupo comenzó a manifestar cierta incomodidad con ese entorno. A fines de 1964, graban Beatles for sale. El título, la icónica fotografía de la portada con sus rostros serios y canciones como I’m a loser, dan cuenta del temprano hastío que solo dos años más tarde les llevaría a abandonar los escenarios para siempre. La influencia de Bob Dylan, a quien conocieron en agosto de ese año, se hizo notar no solo por ofrecerles marihuana —hábito del que nunca más se desprendieron—, sino por dejarles en evidencia que la fanaticada adolescente e histérica, respondía más al mercadeo que a la música.

 

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