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EDICIÓN | Septiembre 2014

Sorprendente

Cantón del Toco

Desde el último tercio del siglo XIX, esta zona del interior de Tocopilla se transformó en un polo industrial salitrero, y creció al ritmo del ferrocarril y de impresionantes obras de ingeniería, que esperan su conocimiento y el reconocimiento de nuestros contemporáneos.

texto y fotografía Juan Vásquez T.

El Toco. Quizás muchos no reconozcan este nombre, pero es, ni más ni menos, que un amplio territorio conformado por tres pampas: Pampa Negra, la más próxima a Quillagua; Pampa del Miraje, donde se ubican María Elena y Francisco Vergara, y la literaria “Llano de la Paciencia”, representada por Algorta, donde creció Hernán Rivera Letelier, y la gigantesca Pedro de Valdivia.

Entre los ires y venires de la industria salitrera y los episodios de la Guerra del Pacífico, esta zona llega a consagrarse entre otros pueblos y valles. Quillagua se transforma en proveedor agrícola de las pulperías de las oficinas salitreras e, incluso, antes del ferrocarril del nitrato hasta el puerto de Tocopilla. Este proceso continuará hasta mediados de los años cincuenta, cuando paralizan casi todas las oficinas del cantón. Solo dos seguirán con sus titánicas faenas: María Elena y Pedro de Valdivia, donde se había aplicado el más moderno sistema de elaboración del salitre, en manos de Guggenheim Brothers Co.

ALGO DE HISTORIA

La central hidroeléctrica pionera en Chile fue Chivilingo, construida, en 1896, cerca de Lota, Región del Biobío. Por esos mismos años se planificaba la construcción del Tranque Santa Fe, por la Compañía Salitrera Santa Fe, para proveer de electricidad a la oficina homónima y que permitió que operase, por primera vez en las faenas de una “oficina”, un ferrocarril de tracción eléctrica, además de proveer a su campamento.

Esta hermosa obra de ingeniería se emplaza en un sector de alta belleza escénica, protegido por las paredes abruptas del Loa. Para controlar su caudal contaba con tres compuertas. Para generar electricidad disponía de una turbina que conectaba con la casa de fuerza, donde había un generador. Luego, era transmitida por una línea eléctrica de 4,5 kilómetros hasta la oficina de la compañía.

Por las características de la zona y vados del río, zonas de recreo de los industriales y empleados de entonces, el tranque, además de su uso industrial, fue un lugar de interés y que hoy está disponible para ser admirado, tanto en lo que es la obra natural como la gesta humana en el desierto, pese a lo cual no se encuentra protegida ni reconocida como monumento nacional.

Aún existe su muro de piedra canteada de más de once metros de altura, el que con las precauciones del caso, puede ser visitado, hallándose, además, la interesante flora ribereña y su hermosa fauna, constituida por garzas, patos y taguas que estacionalmente visitan la zona y que pueden llegar a ser sorprendentes por su variedad y por alguna aparición inédita, como por ejemplo, un aguilucho de la Puna, nidificando justo frente a la casa de fuerza.

TRANQUE SLOMAN

Sin embargo la obra cumbre la proyectará y hará construir un empresario alemán, de Hamburgo. Se trata de Henry Brarens Sloman que, desde 1891, había constituido un grupo de oficinas salitreras en el Toco, entre las que se hallaban Rica Aventura, Prosperidad, Progreso, Buena Esperanza y Grutas. Justamente, para proveerlas de electricidad, comienza a construir, en 1905, esta gran represa en el desierto más árido del mundo. Su estructura principal es el gran muro de roca canteada que debía alcanzar casi cuarenta metros de altura, además de otros edificios para su operación y mantención. Seis años de trabajos costó levantar esta estructura en el desierto.

Es todo un centro industrial, en que el muro, con las excepciones de sus barandillas, se conserva en excelente estado. Es posible observar la gigantesca laguna artificial que formaban las aguas represadas que podían llegar a los seis millones de metros cúbicos del líquido vital. Los vestigios de este gran complejo productor de electricidad nos muestra diversas dependencias y sistemas de compuertas y maniobras, canales para conducir a las caídas de agua que movían las tres turbinas.

Esta obra es uno de los mayores monumentos de la ingeniería nacional, que cesó sus funciones en el año 1965, una década después de la paralización de las últimas oficinas salitreras de esta zona, resultando admirable la Casa de Fuerza y los espacios que combinaban las labores industriales con el recreo.

Es Monumento Nacional desde 1985 y representa la capacidad de la ingeniería y el emprendimiento en la industria salitrera, constituyendo un hito en la conquista del desierto y de sus escasos recursos hídricos. Es un lugar que tiene graves daños provocados por el sistemático saqueo, que se hizo más agudo cuando falleció su empecinado cuidador, Luis Vega Oliva, en 1998. En el Tranque Sloman, se convocan elementos de la tradición pampina, como la historia de Francisco Vera, Panchito, joven argentino que fallece durante la construcción y que aseguran los ex pampinos, sigue rondando y haciéndose sentir por entre los edificios y máquinas.

Ingresar a lacasa de fuerza es una experiencia formidable. Pese a lo mucho que se han llevado, quedan tantas evidencias y testimonios de su grandiosidad, con sus tableros y paneles, y sus turbinas, con diferentes niveles, instalados en sólidas estructuras, llenas de recovecos que llaman a la curiosidad e instan al entusiasmo por conocer más. Por si fuese poco, desde este recinto se accede, en dirección al río, a un inesperado parque con arboledas y barandas para apreciar el especial escenario que prodiga el Loa en ese encañonamiento inmediato. Quedan en la retina las fotos de época en que la más alejada y amplia laguna se disfrutaba navegando en botes, en este ojo de agua, en la inmensidad de pampas y chuscales.

PUENTE TERESA

La zona no deja de provocar asombro. Cuando Henry Sloman se retira, con una enorme riqueza de la industria del salitre, sus propiedades son adquiridas por la Compañía Salitrera de Tocopilla, la cual se interesa por explotar unos calichales ubicados en Pampa Joya, única explotación al este del río, a veintidós kilómetros de la Oficina Rica Aventura.

Para ello se levanta un ferrocarril de tracción eléctrica, con un formidable puente de estructuras de acero de la Casa Krupps alemana, que permitía superar las abruptas paredes del Loa. El puente se localiza en el kilómetro 2,5. Su estructura consistió en una viga simple sostenida por dos pilares, en una notable obra de ingeniería, que aún hoy es posible apreciar, lo mismo que las ruinas de su casa de fuerza. El ferrocarril, lo mismo que el puente, se construyeron entre los años 1928 y 1930. Entre Rica Aventura y el puente se levantó la Estación Teresa.

Solo en este sector de la Pampa Negra del Cantón del Toco se pueden recorrer las osamentas y vestigios de más de una decena de ex oficinas salitreras, lamentablemente muy afectadas por el desmonte. De norte a sur se hallaban las oficinas San Andrés (con un rústico cementerio pampino de fines del siglo XIX y comienzos del XX), Santa Fe del Toco, Iberia, la cual merece especial mención ya que es una de las instalaciones de época que mejor conserva sus estructuras generales; Grutas, Prosperidad, Rica Aventura, con su gran cementerio más moderno, con cierro y sectores también de fines del siglo XIX; Buena Esperanza, Empresa, Peregrina, Santa Isabel, todas oficinas del Sistema Shanks, aplicado por James T. Humberstone, desde 1876, para obtener el salitre.

Y las estaciones, ya sean del Ferrocarril de Tocopilla al Toco, o del FC Longitudinal Norte, el famoso Longino. Allí surgió también un pueblo, el pueblo del Toco, del cual pocos rastros quedan, pero que tuvo su plano y su configuración urbana, como los servicios para atender a los trabajadores de las muchas oficinas del sector.

Todo un cosmos, un mundo de salitre y también yodo, de gestas de grandes seres humanos, comenzando por los ex pampinos y osados empresarios. Cabe destacar que Henry Sloman reconoció en Hamburgo, en una obra colosal, declarada Patrimonio de la Humanidad, todo lo que le entregó el salitre. Es un edificio y se llama la ChileHaus, diseñada por el arquitecto Fritz Höger, y que se levanta entre 1922 y 1924 y que bien puede ser considerado un monumento de ultramar para la industria salitrera y el Toco en particular, donde Sloman hizo parte muy importante de su fortuna, con este producto que alcanzó la mundialización y se exportó desde este desierto a casi cincuenta países.

 

Es todo un centro industrial, en que el muro, con las excepciones de sus barandillas, se conserva en excelente estado. Es posible observar la gigantesca laguna artificial que formaban las aguas represadas que podían llegar a los seis millones de metros cúbicos del líquido vital.

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