La necesidad de sumarse a las nuevas tendencias en materia de comida sana y orgánica, como también promover el auto cultivo de plantas y hortalizas, son el nicho de mercado que el emprendedor Cristián Rodríguez Rojas decidió impulsar en Antofagasta junto a su socia y pareja, Tatiana Pavlov Trigo, con quien instalaron la tienda de alimentos Bioemporio y Qihura, dedicada a la venta de semillas y materiales de cultivo.
por Soledad Meléndez R. / fotografías Andrés Gutiérrez V.
Frutas y verduras orgánicas, mayonesa y biogurth de soya, huevos de gallinas libres. Productos únicos que invocan un concepto innovador y basado en la sustentabilidad ambiental, que Cristián Rodríguez, de treinta y cuatro años, originario de Chuquicamata, conoció tras vivir por cuatro años en Nueva York, cuando luego de recibirse como ingeniero comercial decidió trasladarse a la gran manzana para cumplir el sueño de su vida: transformarse en bombero, sin sospechar que cumplir esta meta abriría su camino como emprendedor con una alta visión de responsabilidad social.
¿Cómo surgió la idea de emprender con estos negocios enfocados en la alimentación sana y el auto cultivo?
Fue gracias a la experiencia de vivir en Estados Unidos. Luego de estudiar ingeniería comercial en Santiago, el 2006, por decisión propia, me fui a Estados Unidos porque quería ser bombero rentado. En 2007, llegó mi actual polola, que también es mi socia, con quien hicimos de todo para que pudiera entrar a la Academia de Bomberos. Lavamos platos, repartimos diarios. Ella estudiaba inglés y trabajaba como baby sitter en una casa donde conocimos toda la tendencia orgánica; vimos que allá había supermercados con toda esta línea alimenticia. Luego, por motivos personales, nos regresamos a Chile, a finales de 2011, y quisimos aplicar estos conceptos en Chile.
¿Por qué deciden emprender con Bioemporio en Antofagasta?
Cuando regresamos, estuvimos en Santiago viendo qué podíamos hacer. En un principio, queríamos traer las leches de almendra a Chile y tener una distribución propia y exclusiva, pero ya las estaban distribuyendo. Cuando supimos se nos cayó el proyecto, pero como los negocios son dinámicos tienes que replantearte otra idea nuevamente y empezamos con la opción de la tienda. Nos metimos a Acción Emprendedora en Santiago y ellos nos dieron varias guías para emprender. Tatiana empezó a estudiar ingeniería civil química y encontró trabajo en Calama, por eso nos vinimos a Antofagasta, ella trabaja en Calama y yo me encargo de las dos tiendas acá en la ciudad.
¿Cómo percibiste el mercado de los productos orgánicos en la ciudad a la hora de comenzar tu emprendimiento?
Cuando llegamos a Santiago, ya había tiendas orgánicas y nos dimos cuenta de que allá estaba creciendo este mercado porque había, al menos, cinco negocios el 2010. Entonces se empezaron a abrir más y como somos del norte y nos vinimos, trajimos la idea del local para Antofagasta. Vimos que acá no había oferta de productos orgánicos, así que fuimos la primera tienda de este tipo. No hay clientes fieles, pero sí hay un segmento bastante grande en el sentido de que en Antofagasta están los índices más altos de autismo, de Asperger, de alergias. Mucha gente que tiene hijos con estos trastornos requiere de estos productos.
¿Cómo ha sido la recepción del público local?
En la ciudad hay una necesidad por la oferta de estos productos, lo que se suma al recambio generacional y de visión en torno a la comida. Hoy, básicamente, no sabemos lo que comemos, hay alimentos que vienen con grasas monosaturadas y polisaturadas. Entonces eso provoca que se generen enfermedades como la obesidad y la diabetes, que han aumentado mucho últimamente.
“Hay un concepto de alimentación que los países más adelantados ya lo están siguiendo, que es este tipo de comida. El problema con estos productos es que son muy caros, porque los costos de producirlos son altos, pero si en un tiempo cercano hay una oferta grande creo que tenderían a bajar de precio, y esa es la idea, porque creemos que la comida no es un lujo, sino que lo contrario, es para todos”.
PRODUCTOR
Uno de los productos mejor recibidos por los antofagastinos son los huevos de Ecoterra, que son de gallinas de campo que no están en jaula y no son expuestas a antibióticos, ni químicos. Ellas viven en un ambiente más digno, ya que son liberadas por las mañanas, están en espacios más amplios y hacen su vida prácticamente normal.
“Es un producto muy sano que se está vendiendo mucho en Antofagasta”, nos cuenta. “Además, ofrecemos muchos alimentos sin azúcar, sin gluten porque hay harta gente que lo está consumiendo, hay productos para veganos como tofu, mayonesa o yogur de soya. En general, tenemos hartos productos sanos. Además, hay alimentos gourmet, orgánicos, naturales, tenemos de varios tipos”.
¿Cómo es la distribución de estos alimentos?
Los productos orgánicos hay que importarlos porque tienen que ser certificados y en Chile no hay una organización gubernamental que los certifique. Estos son productos de buena procedencia, y materias primas; son básicamente artesanales, realizados por Pymes pequeñas que necesitan canales de distribución como nosotros, que han tenido muy buena acogida en Antofagasta.
Más que una tienda que vende determinados productos, Cristián también tiene el desafío de aportar a través de su plan de negocio a un cambio cultural de una comunidad que debe enfrentarse a los efectos de la contaminación y apostar por nuevas tendencias que apunten a una mejor calidad de vida.
Junto con Bioemporio, también emprenden con la tienda de auto cultivo “Qihura. ¿Cómo surge esta idea?
Es una tienda de auto cultivo que también nace de nuestro paso por Estados Unidos, país donde la cannabis está despenalizada en treinta y siete estados. Actualmente viene todo este tema de lo medicinal versus las farmacéuticas con esta planta. También la idea es que en la tienda puedas encontrar todo tipo de semillas, nutrientes, sulfatos, para tener un jardín dentro de la propia casa, tu propia huerta, lo que además tiene un gran valor para quien lo logra.
¿Este tipo de cultivos se puede aplicar a cualquier vivienda?
En Nueva York, hay edificios con huertos en su parte superior que son totalmente sustentables, con luz de ambiente y sus propios sistemas de riego. Con quinientos edificios que tengan huerto puedes alimentar a toda la población de Manhattan. Esto se debe principalmente porque el planeta lo estamos destruyendo a pasos agigantados, por eso que es tan importante el tema de la Responsabilidad Social.
¿Además de tener dos tiendas, tienes la labor de educar a la persona que consulta por una mejor alimentación y cómo cultivar su propio huerto?
La postventa es súper importante, yo empecé plantando otro tipo de semillas y cuando las compraba quedaba en el limbo, entonces tenía que investigar en Internet, lo que también me sirvió. Tenemos que educar y orientar a los clientes en esta dirección, porque hoy la gente ya no tiene tiempo, hoy los ritmos de vida son muy acelerados y si uno da los pasos las personas pueden tomarse el tiempo para hacer su propio jardín.
¿Cuál es el impacto familiar de adherir al auto cultivo?
Si llegas a dominar la técnica a nivel de granjero tendrías tu existencia casi asegurada, porque de lo único que dependemos es de los alimentos y el agua, entonces si llegas a dominar esas técnicas, puedes asegurar tu propio consumo. Según informes de la Nasa, el planeta está seco porque está completamente erosionado y en un futuro las tierras cultivadas serán muy caras, porque hay mucha población y la comida está escaseando. Entonces si puedes cultivar en un espacio de tu casa te puedes auto abastecer y mantenerte súper bien. Además es algo que es tuyo, le puedes enseñar a tus hijos a amar la naturaleza y cómo crecen las plantas, en realidad, es una muy buena opción.
¿Y para aportar a este cambio de mentalidad tienen contemplado ofrecer charlas sobre estas materias?
Ahora estamos trabajando con unas estudiantes de la Universidad Católica del Norte que van a impartir clases para enseñarle a la gente a plantar, porque es algo que requiere tiempo y acá en la ciudad no se dan las condiciones necesarias porque el agua es muy ácida, entonces hay que enseñarle a la gente que se ha acercado a la tienda. Recién estamos empezando, pero esperamos que, en un futuro cercano, esto crezca y que más gente pueda plantar. En Antofagasta hace falta este tipo acciones, ya que necesitamos recuperar espacios públicos y más áreas verdes.
¿Cómo evalúas tu emprendimiento y el hecho de contar ya con dos tiendas?
Emprender es difícil, requiere de inversión inicial, después las tasas de retorno no son tan cercanas y requieren de un tiempo en el que hay que sobrevivir y tratar de que el negocio corra, pero ahí uno se las ingenia.
¿Actualmente la clave del éxito del emprendimiento es incluir dentro del proyecto del negocio estos cambios de mentalidad que debe enfrentar la sociedad?
Sí, hay que ser visionario y buscar negocios que vayan más adelante, como lo que se está dando en Europa o Estados Unidos. Si uno va emprender hay que desplegar todas las energías, hay que ser responsable y disciplinado; uno de verdad trabaja de lunes a domingo, pero vale la pena el esfuerzo. Además, queremos ampliarnos y llevar estas tiendas a otras ciudades del norte como Copiapó y Calama, ciudades que también las necesitan.
“…ofrecemos muchos alimentos sin azúcar, sin gluten porque hay harta gente que lo está consumiendo, hay productos para veganos como tofu, mayonesa o yogur de soya”.