Sensack pitchau cota... Sensack pitchau sima cota... Sensack pitchau liqau cota... Ekol ekaitur yackonama kunsa. Vito akausama lickanantay alabalti pata hoiri kunsa
Este es el saludo que dejó Lore Vilca, artista que en su ancestral kunza nos dijo: saludo kunza, saludo hombre, saludo mujer. Con alegría hablo lo nuestro. Viva la vida atacameña. Bienvenidos a nuestra madre tierra.
por Holans Calderón V. / fotografía Wilfredo Titichoca T.
El arte de la declamación poética tiene en Calama a una artista apasionada, su nombre es Lore Vilca y es una poetisa que mantiene viva la tradición oral de sus antepasados atacameños, realizando obras en idioma kunza e invitando a quienes tienen raíces originarias a que no dejen atrás su pasado indígena.
Lore nació en Calama, pero toda su familia procede de San Pedro de Atacama, lugar donde vivía su abuelo, que fuera una de sus mayores influencias personales y artísticas, figura que partió de este mundo, en 2005, y que cambió para siempre la visión de esta poeta. Ella, a modo de homenaje, quiso recuperar el kunza que existía en su sangre, convirtiendo esa primera investigación en una búsqueda de años y que con el tiempo le ha permitido recuperar el espíritu de su idioma ancestral.
“Yo nací con un don. Cuando era muy niña iba a clases, aunque por edad no me correspondía y me iba tan bien que a pesar de ser una oyente, me pasaban de grado cada año. Tenía cuatro años y estaba en primero básico, por lo que siempre fui cultivando un interés por las letras y las artes. Los integrantes de mi familia tienen una gran afinidad por la música, y aunque lo que a mí en verdad me apasionaba era la declamación, mi madre insistía que estudiara música. Mi abuela, Eva Vilca, fue quien compuso el himno atacameño y creo que este don de Dios me ha permitido abrir muchas puertas que, en la actualidad, agradezco mucho”, expresó la poeta que prepara su segunda publicación.
¿Cómo nace esta pasión por la poesía?
Nací con este interés por la escritura. Gané mi primer concurso a los siete años. Aunque no tuve un maestro que me enseñara técnica, partí en mis primeras letras con el entusiasmo de seguir a mi corazón y escribir sobre todo lo que me rodeaba y afectaba a mi vida. A los trece años recité un poema que compuse a los ocho, se llamaba Pupur Lana, que se lo dediqué a mi muñeca. En ese tiempo era mucho menor que mis compañeros, por eso me molestaron mucho al encontrar muy infantil mi poema, pero no desfallecí en mi interés por seguir escribiendo.
¿Siempre sentiste que las letras eran tu vocación?
Aunque siempre escribí, tuve una faceta muy especial. Durante un tiempo tuve un alter ego, se trataba de Paz Serena, que era la poetisa de los muertos, puesto que dedicaba mis versos a personas que fallecían y que sus familias me solicitaban que les ofreciera algunas palabras, tanto en los velorios como en los funerales. Era una actividad que me gustaba mucho, pero con el correr del tiempo decidí dejarlo. En muchas ocasiones veía que la emoción de la gente se contenía y nació en mí la necesidad del aplauso, que en esas circunstancias tan complejas nunca iba a llegar.
¿De verdad se extraña el reconocimiento del público?
Extrañar el aplauso. Quizás para muchos esto puede parecer superficial o algo innecesario, pero para un artista es quizás lo más fundamental, por sobre el dinero o la fama. Esa necesidad de recibir la aprobación de mi público era imposible siendo la poetisa de los muertos, por lo que dejé esa etapa de mi vida atrás y fui evolucionando hasta convertirme en lo que soy ahora.
¿Qué inspira tu obra?
Todo está sustentado en mi herencia atacameña. Nací con orgullo por mi pueblo, por la cosmovisión que tenemos los indígenas y por la capacidad que tenemos de hablar a través de los elementos. Trato de expresar este universo a través de mi declamación. Es como si uno de mis ancestros se metiera en mí y me instruyera. Yo soy profesora de profesión, pero ahora vivo de la poesía, quiero que el legado que dejaron hace miles de años atrás los primeros habitantes de esta tierra prevalezca por mucho tiempo más. Uno de mis sueños, es que cuando abran la cápsula que guardó el Presidente Piñera en el 2010 por el Bicentenario, los versos que escribí y que allí se guardaron, lleguen al corazón de las siguientes generaciones.
¿Cómo es la vida de una poeta?
No es fácil, siento que la poesía ha perdido su sitial de honor en la cultura chilena, por eso es que fue difícil dar el paso hacia profesionalizarme. Sin embargo, recibí una importante oportunidad en San Pedro de Atacama, mientras hacía la declamación de uno de mis libros llamado Tejiendo versos, que es el tercero de un grupo de obras que he escrito. Esta obra fue escuchada por un turista de Valparaíso al que le gustó tanto la presentación que decidió publicarlo en su editorial.
VIDA POÉTICA
En la actualidad, Lore Vilca ha vendido más de tres mil copias de su primera publicación, y está preparando lo que será la segunda de ellas, que está dirigida a niños. Para ello, está realizando una serie de gestiones con el objetivo de conseguir recursos y lograr una edición de lujo, llamativa y atractiva para los más pequeños. Junto con ello, lanzó un CD poético titulado Cara Cara Mama, en el cual interpreta y canta himnos infantiles que también han tenido una gran aceptación.
¿Cómo te sientes en esta comunidad?
Me he sentido muy bien, he recibido el cariño de la gente, percibido la emoción de mi público cuando me oye recitando en kunza. Hace pocos días abrí la Fiesta de la Virgen de Guadalupe de Ayquina, recitando el Padre Nuestro en kunza. Una vez se me acercó una anciana indígena y me abrazó, me dijo que era bella como una Miss Chile, que cuando me escuchaba sentía que hablaba como los ancianos de antaño. Eso fue para mí el máximo honor que he vivido.
Nos has comentado que la identidad para ti es importante, ¿qué quieres decir con ello?
No solo soy una descendiente indígena, soy una mujer indígena urbana, a la que le gusta la tecnología, que aprovecha los medios que me ofrece la modernidad, que se siente bien en la época que vivimos. Por ello quiero hacer una llamado a los miles de congéneres que comparten mi condición de heredera de esta cultura: podemos disfrutar de todas las ventajas que existen, sin embargo, no dejemos atrás nuestras raíces. Hemos evolucionado, algunos somos profesionales, artistas o técnicos, pero no por ello debemos abandonar el legado milenario que quedó plasmado en pictogramas, leyendas, canciones que se deben seguir traspasando. Tenemos el deber de no solo quedarnos como descendientes de una etnia única, sino de seguir enriqueciéndola para que no se pierda y, más aún, traspasarla a los hijos con un valor agregado.
¿Fue muy difícil aprender a declamar en kunza?
Creo que mi lengua originaria más bien está dormida y es labor de todos despertarla. Soy una incansable investigadora y durante años me he dedicado a rescatarla y adaptarla a los tiempos que hoy corren. Mi objetivo es contagiar a muchos en esta cruzada por conectar el arte escénico y la poesía kunza, pasión que comparto con mi marido y mis dos hijas, quienes me apoyan y acompañan en cada momento.
¿Sientes que eres feliz?
Muy feliz. Mi labor diaria tiene un sentido trascendente y logro transmitir sentimientos usando el lenguaje de mis antepasados. Aún me emociono cuando recuerdo mis primeros versos en kunza que fueron titulados Taitita Laicu irku lacarcota, que quiere decir Papito por qué los choclos. En ellos hago referencia a lo que fueron mis vivencias junto a mi abuelo y que cambió mi forma de ver la vida. Fue en ese momento en que decidí entregar algo a mi comunidad, a mis raíces y la historia que está tras ellas.
“Mi objetivo es contagiar a muchos en esta cruzada por conectar el arte escénico y la poesía kunza, pasión que comparto con mi marido y mis dos hijas, quienes me apoyan y acompañan en cada momento”.