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EDICIÓN | Septiembre 2014
PUNTO, LÍNEA, PLANO: A doce años del Barco Ebrio

“¡Vi al sol poniente, sucio de místicos horrores, Iluminando vastos coágulos violetas, Y lejos, cual actrices de antiquísimos dramas, Olas rodando al paso su temblor de postigos!” Extracto del poema Le bateau ivre de A. Rimbaud

Y así fue como comencé a ilustrar la poesía de Arthur Rimbaud. Desde entonces hasta hoy, que soy un académico y pintor, soy un obsesivo por el color, la composición, la Gestalt, el minimalismo desde la Bauhaus, hasta Joseph Beuys.

Tal como Joseph Albers en su libro La Interacción del color, homenajearé a mis alumnos, fuente de reconocimiento y estímulo. Busco lo lúdico (como Pollock, tal vez) y la alegría de Smythe me apoya desde el más allá. También Morrissey, Van Gogh, Rimbaud, mi familia y, por supuesto, Eduardo Correa (Poeta de las epístolas, de aquellos años noventa).

Siempre he creído que llorar de nuestra soledad y precariedad, no sirve de nada. Somos una provincia, el balneario de la capital, y eso no me sirve. Propongo fundar un vínculo directo con la metrópolis, con profesionalismo, disciplina y rigor.

El Barco Ebrio se llama mi propuesta y es un homenaje a la obra del poeta Rimbaud. Esta acción ejecutada hace doce años en Valparaíso, el próximo año verá nacer su segunda etapa desde el puerto de Antofagasta. Siempre se pensó de aquella manera, aun cuando yo no sabía que regresaría a este inmenso mar de desierto.

Las obras, once en total, fueron pensadas para el lugar, que las iba a acoger. Me he demorado en exponer de nuevo, pero si no están dadas las condiciones de trabajo, como en esta oportunidad, prefiero seguir a la espera. Es hora de cumplir con las estrellas boreales y que el brillante sol, ilumine la oscuridad de la plástica local.

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