Los cabildos, como expresión del poder local, en que participaban los vecinos más caracterizados, son una tradición importada de España, desde los años iniciales de la Conquista.
En la vida de una ciudad, el municipio tiene una importancia fundamental. Administra el espacio público, presta servicios básicos y ostenta una gran presencia en los espacios locales. En el Chile actual, todavía los municipios administran la salud y la educación primaria y secundaria. Bibliotecas, iluminación de calles, tránsito, aseo y hasta los cementerios suelen ser parte de su labor. Algo parecido ha venido ocurriendo desde los tiempos coloniales. Los cabildos, en efecto, como expresión del poder local, en que participaban los vecinos más caracterizados, son una tradición importada de España, desde los años iniciales de la Conquista.
En el Concepción del valle de la Mocha, al cual la ciudad se traslada después del gran maremoto de 1751, el municipio se instala frente a la Plaza hoy llamada de la Independencia. En su costado norte se situaba el edificio de la Intendencia, que se termina en 1860. Se ubicaba en la esquina de las actuales calles Aníbal Pinto —llamada antes Lautaro— y O’Higgins. Al centro de la misma manzana se hallaba el imponente edificio de los Tribunales de Justicia, terminado por la misma época, que nos recuerda que Concepción tuvo Corte de Apelaciones desde 1849, lo que refleja la importancia de la ciudad.
El tercer tercio de la cuadra, colindando con la calle Comercio, que lleva el nombre de Barros Arana desde 1907, año de fallecimiento del historiador, era ocupado por la Municipalidad de Concepción. El antiguo edificio, de una sola planta, sucumbe en un incendio, en 1908. Se acordó, entonces, reemplazarlo por un Palacio Municipal, al estilo Hotel de Ville o Beaux-Arts.
En 1917, se inaugura el bello edificio del municipio penquista, que contemplaba una placa comercial en su base, que ocuparon librerías y farmacias, entre otros negocios. Resultó dañado en el terremoto de 1960 y se acordó, años después, su demolición, lo que provocó una gran polémica en la ciudad, atendido su valor estético y simbólico. Todavía se añora aquella joya arquitectónica y se lamenta su demolición, para ser reemplazado por un inmueble sin gracia, que poco aporta a nuestro principal espacio público.
Finalmente, se acordó trasladar el municipio a un sitio del arzobispado en calle O’Higgins, para lo cual se levantó su actual edificio, concluido en 1969. Hoy el edificio municipal se ha hecho pequeño, por lo que sus direcciones se hayan repartidas en varios puntos del centro. Desde hace muy poco, varias habitan el Edificio del Arzobispado, a escasos metros del municipio, lo que ha dignificado su función y mejorado el servicio al público.