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EDICIÓN | Septiembre 2014

Al rescate del almacén

Salvador Achondo y José Manuel Moller, Algramo
Al rescate del almacén

Trabajan en un espacio común todos juntos, una decena de jóvenes quienes dan vida a Algramo. Un solo objetivo: fortalecer y renovar los almacenes de barrio.

por Elisa Collins V. / fotografía Andrea Barceló A.

Mientras estudiaban comercial en la Universidad Católica se fueron a vivir a una población en La Granja, se dividieron los quehaceres de la casa y pasaron un año y medio allí, como cualquier vecino del sector sur de Santiago: “a mí me tocó comprar y cocinar las cosas, el que cocinaba no lavaba”, cuenta José Manuel Moller, ex colaborador de Un Techo para Chile y socio fundador de Algramo, empresa que ideó durante ese período en el que vivió junto a tres compañeros de universidad.

“Cuando uno es voluntario hace un aporte tremendo, pero siempre hay una distancia enorme entre el voluntario y el que es ayudado que incomoda un poco, siempre está el superhéroe de la historia. Yo quería involucrarme en temas sociales, pero no salvando al mundo, sino siendo un vecino más”. A cargo de alimentar a su nueva familia es que José Manuel se percató de una realidad cotidiana que afecta a la gran mayoría de los chilenos: “yo compraba el cuarto de litro de aceite a seiscientos pesos y el litro cuesta mil seiscientos pesos, entonces ahí hay un castigo de un cincuenta por ciento solo por estar comprando en pequeños formatos en el almacén de la esquina. Esto pasa con el detergente, el café, el arroz, las legumbres; este problema lo vive el setenta por ciento de la población chilena, pues la mayoría de la gente compra en formato pequeño o mediano”. Ese setenta por ciento se distribuye entre los grupos socioeconómicos C3, D y E.

LA DEFENSA DE LOS ALMACENES

José Manuel se obsesionó con esta realidad y, aún como estudiante, empezó a idear lo que sería su futura empresa, pues tenía claro que su veta laboral iba ligada al área social. “Creo que se pueden congeniar los intereses sociales con la parte empresarial. Nos han enseñado que hay dos conceptos por separado: las fundaciones y las empresas, unos son los buenos y los otros, le pasan la plata para hacer cosas buenas; lo que hacemos nosotros es juntar los dos mundos. Una empresa que tenga utilidades, pero también un impacto social y medioambiental”.

Con ese claro objetivo en mente es que visualizó la misión de su nuevo emprendimiento: potenciar la competitividad de los almacenes de barrio frente a las grandes cadenas de supermercados. “La idea era cómo bajar los precios de los productos porque no se puede hacer magia, algo hay que cambiar en la cadena lógica; y pensé, necesito agarrar el producto a granel y venderlo a granel y me imaginé esas máquinas de chicle, donde uno pone una moneda, llenas de detergente para vender al gramo”. Así fue como apareció la idea inicial.

Algramo nació como empresa, propiamente tal, en abril de 2013, luego de participar en dos concursos, uno en el cual obtuvieron créditos para idear el primer prototipo de máquina y de donde también surgió el segundo socio de Algramo, Salvador Achondo, quien hace el aporte metal-mecánico y tecnológico para el desarrollo de las mismas. La primera prueba fue una máquina de madera muy artesanal, que les ayudó a desarrollar una amiga diseñadora, y luego se fueron ajustando al modelo idóneo.

¿Fue una idea original o habías visto algo parecido en alguna parte?
No, a mí se me ocurrió la idea y dije, bueno, esto tiene que existir en alguna parte, pero no encontré ninguna solución como la que necesitábamos. Hoy, en Berlín, lo que está de moda es un supermercado en el que compras a granel, pero pesas en un lado y pagas en otro lado, lo que nosotros necesitábamos era una estación única que cumpliera estas tres funciones. Entonces ahí dije hay que empezar a inventar esta máquina

TECNOLOGÍA Y MEDIOAMBIENTE

Hoy están operando con tres máquinas en diferentes almacenes en la Comuna de Recoleta y en otros setenta almacenes de esa comuna, Huechuraba y Conchalí están con sistema retornable, la etapa previa a dejar las máquinas en consignación. Las máquinas surtidoras Algramo operan solo con envases de quinientos gramos de pvc retornables, lo que es un aporte al medioambiente porque no generan basura y abarata el precio final del producto por concepto de ahorro de envase: “la idea es ir surtiendo de máquinas a los almacenes que tengan mejores ventas con el sistema retornable en una primera etapa. Por un tema logístico, tenemos que ir creciendo por zona. En este momento estamos en estas tres comunas, pero la meta es abarcar toda la Región Metropolitana y después regiones”.

¿Cuál es el negocio y cuál el aporte social?
Nosotros somos una empresa, pero una tipo B. Tenemos una relación justa e igualitaria con el almacenero. Compramos y vendemos a grandes volúmenes a un precio más bajo del que puede comprar y vender el almacenero. Ganamos un margen por venta de producto y el almacenero también gana un margen por venta de producto y la familia ahorra en torno al mismo margen.

¿Cuál es la diferencia de precios de Algramo y el envasado tradicional?
Los quinientos gramos de lentejas Algramo (en envase retornable) cuestan quinientos pesos, mientras que quinientos gramos de lentejas envasadas por una marca tradicional de retail, puede costar hasta mil pesos en el almacén. Solo en este producto hay un ahorro de hasta un cincuenta por ciento; es el ítem que presenta más ahorro junto con el detergente.

¿Dificultades?
JM: Todas. Como aún nuestros volúmenes de compra no son grandes, no tenemos buenos precios. Tampoco  tenemos publicidad masiva, entonces muchos almaceneros desconfían de nuestra marca. También dificultades de capital.

Salvador: La tecnología que no existe. Al estar inventando una máquina, todo es bastante artesanal, mandas a fabricar tres piezas y ninguna es igual a la otra; por otro lado, desarrollar una máquina es bastante caro.

FORTALECIENDO REDES

Hoy las máquinas que están funcionando ofrecen legumbres, arroz y detergente y, próximamente, sacarán una surtidora de líquidos de higiene y aseo, pero las proyecciones de estos jóvenes emprendedores no se agotan en Algramo, pues energías sobran: Una red de almaceneros organizados para fomentar la unidad entre los mismos y mejorar los precios de compra es otro de los proyectos que están desarrollando y Alcom es la tercera apuesta que está próxima a su estreno.

¿Qué es Alcom?
Lo que hacemos es comprar conexiones de internet (siempre el concepto es el mismo, comprar a granel y vender al detalle), de ciento veinte megas, y las dividimos entre las familias. Las compramos más baratas que la compañía, la gente paga la cuenta en el almacén, el almacenero obtiene un margen por la venta de servicio y ya no solo de productos. La idea es que al conectarse a través de Alcom se te abra una ventana de tu barrio, donde estén los mensajes de tus vecinos, recados, ofertas, generar un canal de vinculación local.

¿Por qué darle tantas herramientas al almacén de barrio?
Lo que pasa es que el almacén tiene un tremendo potencial porque es un punto de encuentro entre los vecinos. El almacenero es una persona de mucha confianza entre la gente, que tiene que ver con sus propias historias.

A la semana siguiente de nuestra entrevista se comenzaban a instalar las primeras conexiones de Alcom. Por otra parte, un ciudadano alemán supo de Algramo a través de un reportaje emitido por BBC Mundo y contactó a sus dueños para importar la novedosa tecnología desarrollada. Todo parece indicar que el camino va bien pavimentado.

 

“Hoy las máquinas que están funcionando ofrecen legumbres, arroz y detergente y, próximamente, sacarán una surtidora de líquidos de higiene y aseo”.

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