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EDICIÓN | Septiembre 2014

Hilando el cobre

Valeria Martínez Nahuel, orfebre
Hilando el cobre

Usada desde la antigüedad y muy presente en Latinoamérica, la filigrana se había resistido a nuestro país, pero hace unos años esta orfebre decidió vestirla de cobre y hacerla más chilena que nunca. La espera valió la pena.

por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A.

“Me decían que nunca habían visto filigrana en cobre y yo no lo podía creer”. Así describe Valeria Martínez, orfebre y licenciada en arte de la Universidad Católica, la sorpresa que se llevó al descubrir que su trabajo era, además de valorado por su belleza, una gran innovación. El camino que esta artista recorrió para llegar a crear las piezas que hoy la hacen reconocida fue largo, paciente e inesperado, como son las vueltas de la vida.

Su primer encuentro fue con la filigrana, aquellos pequeños hilos, normalmente de oro o plata, que son enrollados para crear piezas tan finas como hermosas. Si bien su origen se remonta a la antigüedad y su arte se difundió por el mundo entero, para Chile fue esquiva. Otros países del continente, como Paraguay, Perú, Ecuador o México, recibieron durante la Conquista, maestros de filigrana cuyos descendientes la trabajan hasta el día de hoy.

Por eso, cuando Valeria conoció el trabajo de un maestro guaraní en una exposición en Santiago, decidió partir a Paraguay junto a dos amigas para aprender la técnica. “En ese momento yo hacía joyas bastante grandes y pesadas y aunque la filigrana no estaba en mi línea, pensé que podía servirme para hacer tocados de novia”, recuerda. A cuarenta kilómetros de Asunción, en la ciudad de Luque, se internaron en un pequeño taller. “Fue una experiencia muy bonita. Fuimos a mirar cómo trabajaba el maestro, a darnos cuenta de que era capaz de hacer una joya con las herramientas mínimas, una técnica que heredó de sus tíos, sus abuelos, de toda una familia de artesanos en un pueblo dedicado enteramente a eso”.

INNOVACIÓN ROJIZA

Volvió a Chile entusiasmada y, tras un largo trabajo, logró dominar la filigrana en plata, sin saber que pronto se enfrentaría a un nuevo encuentro inesperado, esta vez con el cobre.

Fue una invitación de la Minera Los Pelambres y el Museo de Arte Contemporáneo, MAC, para un concurso de piezas hechas únicamente en este metal, lo que le dio la idea de trabajarlo con la técnica de la filigrana.

¿Te diste cuenta de que estabas haciendo algo innovador?
No. En ese momento no dimensionaba que nadie lo había hecho antes. Presenté un prendedor redondo, quedó seleccionado pero no sacó premio, y al año siguiente, en el mismo concurso, expuse una pieza más grande, porque ya tenía dominada la técnica, y ganó el primer lugar. Así que cada vez empecé a trabajar más en esto y dejé todas las otras técnicas de lado.

¿Y cuándo tomaste conciencia de tu hallazgo?
Empecé a investigar y, a partir de un FONDART que me gané, me invitaron a hacer una clase magistral de filigrana contemporánea en cobre en un encuentro hispanoamericano, había gente de Perú que llevaba años en esto y estaba en mi sala; ahí me di cuenta que había sido la primera.

TEJIDOS CON IDENTIDAD

Galardonada por la Unesco con el sello de excelencia de artesanía del Cono Sur e inscrita como única exponente en cobre en el registro del Museo Della Filigrana de Campo Ligure, en Italia, Valeria ve cómo sus joyas hoy recorren el mundo, ganan premios y escriben una página en la historia de la orfebrería contemporánea chilena.

A pesar de esto se considera una “artesana urbana”, porque si bien sus obras se presentan en exposiciones, su base sigue siendo tradicional y sus piezas se pueden portar. “Hay también una joyería que no es portable. La mía sí. Me gusta que sea un arte que se pueda usar, porque es lo que lo diferencia de una escultura”.

También le gusta conectarse con materiales nacionales, porque eso le da identidad a lo que crea. “Hice una pieza en cobre y lapislázuli para un concurso en Estados Unidos y funcionó perfecto”.

Por esto mismo es que volcó su mirada a la localidad de Rari, en la región del Maule, y su artesanía en crin, única en el mundo y muy utilizada en joyería. Comenzó a trabajar con la agrupación de tejedoras Maestra Madre y el resultado de mezclar estos tejidos con la filigrana ha sido muy provechoso. “Entrego a tiendas en el aeropuerto, vendo en el extranjero y en Chile también la gente está comprando joyería. Ya me reconocen y me impresiona que no les importa si es plata o cobre, lo valoran igual”.

En su taller en Vitacura, una casa luminosa y ordenada, donde combina su trabajo de más de veinte años con clases de orfebrería, Valeria vibra con lo que hace. “El trabajo manual me encanta, muchos hacen las joyas en serie, pero yo prefiero las piezas únicas”.

Eso sí, reconoce que necesita un aprendiz, porque la demanda es cada vez más grande y como todo artesano, lo suyo es un arte que debiera traspasarse de generación en generación. De esta forma, la filigrana en cobre habrá venido a Chile a quedarse por mucho tiempo.

 

 

“Hay también una joyería que no es portable. La mía sí. Me gusta que sea un arte que se pueda usar, porque es lo que lo diferencia de una escultura”.

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