Hace doce años, y a raíz de una lesión en la rodilla, la bajaron del caballo y, sin sospecharlo, le hicieron el gran favor de su vida. Descubrió la disciplina del enganche y, desde ese día, no ha parado de ganar cuanto torneo le ponen por delante. Una cochera desenfadada que lleva con orgullo un caballo chileno y que coloca a la mujer en el escalafón más alto del mundo ecuestre.
por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló A.
Teresita Guzmán nació, literalmente, entre las patas de los caballos. Su padre, José Miguel Guzmán, dueño del criadero Lo Campino, en Quilicura, incentivó el deporte ecuestre en sus cinco hijos, y ella, pese a ser la única mujer, no fue la excepción. Los Guzmán Espínola practicaron movimiento de riendas, prueba ecuestre y equitación desde muy temprana edad, todo con el propósito de hacer asiento, un término hípico que alude a aprender a montar correctamente.
“Teresita se crió en un ambiente campestre y siempre se hizo un espacio entre sus hermanos. Era una tremenda deportista, no sólo en el tema de los caballos, sino también en atletismo. Cada tarde, después del colegio partía a entrenar a la UC”, cuenta su padre.
Conforme pasaron los años y se familiarizó con la gran pasión familiar, la crianza de caballos chilenos, se fue metiendo en competencias y fundó, junto a Romané Soto y Alicia González, la rienda femenina en el rodeo. “Fuimos pioneras en el Champion de Rancagua y tuvimos que trabajar súper duro para que los huasos integraran a la mujer en esta disciplina”.
Recuerda que cada fin de semana junto a un grupo de amigas, partían a la casa del campo “debíamos cruzar Américo Vespucio que, en ese entonces, estaba lleno de semáforos, ¡era como viajar fuera de Santiago!”. Hoy realiza ese trayecto a diario; cada mañana antes de partir, pasa por las pesebreras y luego se traslada a Mall Sport, en Lo Barnechea, donde administra otro de los negocios familiares: la tienda Equestre.
“Toda mi vida ha estado ligada a los caballos. Siempre fui mala para estudiar y cuando salí del colegio tomé la decisión de postular a maestra de equitación en Francia. Todo ese año me preparé en Paine para rendir las pruebas de selección, que son muy difíciles, y fue ahí cuando me lesioné la rodilla y me bajaron del caballo”.
SU ESTRENO EN LOS COCHES
Con la lesión declarada y viendo truncado su deseo de partir a perfeccionarse fuera de Chile, descubrió lo que sería su gran pasión y que la ha hecho acreedora de once títulos nacionales: el enganche.
En el caso de Teresita, se trata de la modalidad de un caballo conducido por un cochero, labor que ella ejerce, lo que se conoce como tiro solo.
Dentro de la disciplina hay dos ramas, la de tradición que utiliza coches originales antiguos y realiza pruebas simples y la deportiva a la que se dedica Teresita. Aquí los coches son réplicas más livianas que cuentan con la tecnología necesaria para soportar pruebas exigentes y a alta velocidad.
¿Cómo descubriste este deporte?
Llegó al criadero —Lo Campino— una embarcación de coches, de la mano del alemán Hermann Maul, quien nos mostró la disciplina, que hasta ese entonces nos era completamente desconocida. Él nos mostró videos, nos instruyó y organizó el primer concurso en el Club Internacional de La Dehesa, ahí partimos. Hoy ya estamos en categoría internacional, con reglamento internacional y yendo a competir fuera.
Pero no sólo se trató de aprender un deporte nuevo, sino de adaptar el caballo chileno a esta modalidad ecuestre internacional. “Nuestra idea fue mostrar que la raza chilena no sólo sirve para el rodeo. Son ejemplares buenos para entrenamiento, para salto, para el coche, quisimos sacarles el máximo potencial y rescatar a aquellos que desechan del rodeo”.
¿Qué aptitudes debe tener un caballo para el enganche?
Necesitas un caballo muy completo, pues tiene que cumplir las tres pruebas que se le exigen: la de adiestramiento, que es pura elongación, full aire, mucha mansedumbre; al día siguiente, ese caballo debe ser muy enérgico, rápido y ágil, con mucha resistencia para sortear el maratón, y finalmente, el último día volver a bajar su temperamento, volver a ser tranquilo. Diría que de cada diez caballos, sólo uno sirve para el enganche. El caballo chileno ha demostrado ser súper aperrado y tiene una recuperación fantástica.
Durante los doce años que lleva compitiendo en esta disciplina, Teresita sólo ha trabajado con tres ejemplares. “Vas entrenando con tu caballo y mediante distintas pruebas ves cuánto más te puede dar. Tu ayuda para el caballo son la voz, las riendas y la fusta, así que es crucial la conexión que establece contigo. Personalmente, me gusta mucho montarlos porque tienes la ventaja de poder moverlos con el cuerpo, le ayudas a elongar, lo puedes empujar más, reunir, hay miles de ejercicios que pueden practicarse una y mil veces”.
Teresita insiste que además de la adrenalin del deporte en sí, todo el entorno del enganche es muy fascinante “esta disciplina es muy acogedora, no hay rivalidades, no hay un ambiente competitivo. Compartes con el petisero, con el entrenador, con los otros cocheros, y organizamos tremendos asados durante las competencias, donde lo pasamos fantástico, con pura buena onda”.
Durante el mes de la patria, el enganche agarra rienda y se realiza, entre otras actividades, una exhibición en el Parque Intercomunal de la Reina con motivo de la semana de la chilenidad. A partir de octubre vienen fechas de competición en Curicó, Pirque, Lolol, Osorno y Valdivia, para concluir, del cinco al ocho de febrero de 2015, con el Campeonato Nacional de Enganche en Villarrica.
“Este es un deporte que se ha ido transmitiendo de padres a hijos. Hoy tenemos grandes competidores, como mi padre y mi hermano, además de Edmundo Hermosilla y Jorge Gutiérrez. Hay un grupo de señoras de cocheros, dentro de las cuales está mi mamá, que están participando en las categorías oficiales y la idea es que se incorpore cada día más gente. Sólo es necesario disponer de un coche, de los aperos y tener muchas ganas. Aquí son todos bienvenidos”.
“Esta disciplina es muy acogedora, no hay rivalidades, no hay un ambiente competitivo. Compartes con el petisero, con el entrenador, con los otros cocheros, y organizamos tremendos asados durante las competencias, donde lo pasamos fantástico, con pura buena onda”.