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EDICIÓN | Noviembre 2011

Made in Iquique

Petar Mihojevic, Orfebre
Made in Iquique

Durante trece años, Petar no ha dejado de crear; se instruyó durante un año en México dejándose influenciar por la tradición mixteca. Sin embargo, ya consolidado, presenta su propia línea de joyería, en la que destacan piedras de la zona, cuero de pescado y resina fluorescente. El iquiqueño se propuso dejar a un lado el anonimato y en trabajo mancomunado con su hija, se preparan para abrir una tiendita en el corazón de la ciudad.

Por: Soraya Valdivieso V. / fotografía: Andrea Barceló A.

Santiago de Chile. Barrio Lastarria, año 1980. Un joven estudiante de Administración de Empresas pierde el aliento mientras recorre las calles con más historia de nuestro país, pero no precisamente la historia fue la inspiración de este joven, sino que fueron las rejas estilo barroco, esas refinadas terminaciones y sus diseños, las que cautivaron a Petar hasta no dejarlo dormir. Sin otro propósito en mente, se dispuso a manufacturar rejas; finalmente, y después de varios intentos fallidos, nació su primera obra: una sortija.

El siguiente paso fue dedicarse a la joyería, pero antes debía demostrar que era bueno en el rubro y que la orfebrería sería su presente y su futuro. Dejó a un lado la carrera profesional y se propuso convencer a su padre, quien siempre fue esquivo a la idea. Finalmente, la pasión pudo más y el segundo de tres hermanos partió rumbo a  Europa y México a instruirse.

Al calor de un horno de fundición apagado, encontramos a Petar trabajando junto a su nueva compañera Mariana (18), su hija mayor. Su taller es pequeño, pero posee muchos colores, piedras, vidrios y resinas flúor, los que adornan el lugar y se hacen parte de él. El trabajo de Petar ha logrado un sello único en la ciudad y si bien el camino no ha sido fácil, este oficio lo ha sustentado durante valiosos años.

¿Cómo fue instruirse en la orfebrería?
Yo sabía que para formarme debía ser aventurero. En Santiago, me dediqué a hacer un curso sobre orfebrería básica, principalmente trabajamos con bronce y cobre. Posteriormente, realicé un curso en una joyería tradicional, donde me mantuve un año comprendiendo el uso del material y adquiriendo técnicas determinadas. Como mi gran anhelo era seguir indagando en el diseño y composición, decidí acercarme a la ruta azteca y me fui un año a vivir a Taxco, México.

¿Qué aprendiste en México?
Estudié en la Autónoma de México. Pagaba cien dólares al mes y tenía derecho al taller y un profesor guía, quien atendía mis ideas y, progresivamente, me indicaba la confección de la joya. Yo siempre hice los diseños y eso fue muy instructivo. Además, la influencia mixteca trabaja en comunión con el entorno, así que, quieras o no, te cautivas con la artesanía. Generalmente, el trabajo era bien precario, no contábamos con muchos utensilios, por lo que no debíamos complicarnos con herramientas.

¿La experiencia fue como te la imaginaste?
Taxco es la capital de la orfebrería en México, es un lugar encantador. Pero lo que más aprecié de la ciudad fue su neutralidad, hablar con un millonario o un indígena era cosa de cada día, y ambos tenían algo que contar. Otra cosa que llamó mucho mi atención eran las ferias de fin de semana, donde se reunían cientos de orfebres a mostrar sus trabajos. Era la mejor manera de retroalimentar e intercambiar las ideas.

Después de vivir esa experiencia, ¿qué pensaste sobre Iquique culturalmente hablando?
Nuestra cultura sigue demasiado arraigada al tiempo del salitre, y evidentemente aquella no fue una época muy apacible. Siento que necesitamos más fuerza de los legendarios changos, los hombres de los conchales, de nuestra querida costa y de las influencias de hoy. El regionalismo nos aísla un poco, pero no por eso no debemos ser innovadores.

¿Tiene algo que ver con la línea de joyería en base a cuero de pescado?
Claramente, debemos aprovechar las fuentes endémicas y nuestra costa es rica en flora y fauna. Por ejemplo, he elaborado diversas joyas con cuero de pejeperro y palometa.

¿Cómo es el proceso creativo?
Siempre observo mucho alrededor, obtengo una idea y cuando los materiales comienzan a calzar unos con otros, nacen las joyas como en camada; a eso se le llama línea, porque de la idea central se generan diversas obras.
Entre sus obras destaca la línea hecha en piedra, la de cuero de pescado, con resina y la de cristal Murano; esta última es trabajada junto a su hija Mariana, quien desde hace un año se dedica a diseñar el cristal Murano; creando diversas y coloridas piezas. Mariana aprendió jugando con mostacillas, pero claramente notamos una influencia de su padre estilo "Rockabilly". Relatan que les costó un poco trabajar juntos por lo diferente que practican, y porque siempre terminaban hablando cosas de la casa. Dicen que ahora llegaron a un pacto y trabajan en paz, evitan los temas domésticos y se dispusieron a abrir una pequeña tienda.

¿Cómo describirías esta nueva etapa?
Es un gran paso abrir una tienda, siempre he trabajado underground por iniciativa propia. Por otra parte, siempre tuve la inquietud de abrir una tienda, aunque mi carácter es un tanto reservado para el marketing y esas cosas; además, debía sentirme seguro de la calidad de mis joyas, no quería mostrar algo a medias. Hoy me siento capacitado para lograr lo que quiero o realizar cualquier joya a pedido. Y Mariana, que también se dedica a crear y diseñar, me entusiasmó aún más.

"...debemos aprovechar las fuentes endémicas y nuestra costa es rica en flora y fauna. Por ejemplo, he elaborado diversas joyas con cuero de pejeperro y palometa".

 

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