El silbido de los pájaros y el graznido de patos y garzas, nos hacen una invitación a acercarnos y a conocer la mágica belleza de cuatro humedales que irrumpen silenciosos en este paraje de la costa nortina. El Estero de Tongoy, Salinas Grande y Salinas Chico, más el Pachingo, son los protagonistas de este ecológico y singular recorrido.
por Pamela Tapia S. / fotografía Patricio Salfate T.
Pese a que el tiempo no nos acompañó en nuestro viaje, partimos rumbo a Tongoy en busca de los “espejos de agua”, como se conoce a los humedales. Tardamos alrededor de cuarenta y cinco minutos en llegar desde La Serena hasta la plaza de este balneario, ubicada al fondo de la avenida principal. Ahí nos encontramos con nuestro guía: Marcelo Torrejón, un joven oriundo de Tongoy y proveniente de una familia amante de su terruño, quien diariamente lucha para transformarla en comuna.
Antes de iniciar el trayecto nos cuenta un poco de historia. Indica que los humedales —pese a que la mayoría de las personas los asocia a lagunas con pájaros— son los ecosistemas más ricos y nutritivos de todo el planeta, en donde existe un tipo particular de suelo, y una singular flora y fauna, adaptadas a la vida acuática, que es muy distinta a la que estamos acostumbrados a ver habitualmente en otros ambientes.
Para que quede aún más claro, un humedal es un ambiente de transición entre el medio acuático y el terrestre, transformándose en un sitio interesante por la riqueza biológica que allí se desarrolla. Generalmente se los identifica como áreas que se inundan temporalmente, donde la napa freática aflora en la superficie o en suelos de baja permeabilidad cubiertos por agua poco profunda.
Todos los humedales comparten una propiedad primordial: el agua juega un rol fundamental en el ecosistema, en la determinación de la estructura y en las funciones ecológicas de esta.
Las condiciones ambientales que se generan en estos parajes son muy disímiles a las de los ecosistemas terrestres; la principal es que están adaptados para sobrevivir a cambios que pueden llegar a ser muy extremos, por ejemplo, ciclos hidrológicos de gran amplitud con períodos de sequía y otros de gran inundación.
RIQUEZA EN TONGOY
Basta tan solo recorrer un poco para darse cuenta que esta red de humedales da origen a una gran biodiversidad, conservando muchas especies en peligro de extinción. Garzas, patos, taguas, y aves migratorias, algunas provenientes de muy lejos, que maravillan al visitante. Igualmente, una espléndida flora nativa y en peligro de extinción, como el guaicurú y el carrizo.
El primer humedal es el “Estero de Tongoy”. Es uno de los más conocidos por estar cerca del centro urbano y de la playa chica del balneario, muy visitado en la temporada estival. Desde la plaza se puede llegar caminando, o bien, en auto en un pequeño viaje que dura unos tres minutos. Baja desde la quebrada de Camarones y es el único humedal del área que desemboca permanentemente al mar. Se caracteriza por su gran cantidad de aves migratorias.
Mientras lo conocemos, vislumbramos ralladores, gaviotas Franklin, patos gerbones y gargantillas. Marcelo nos indica que las garzas son habitantes permanentes de los humedales, mientras que por estos días, la estrella es el águila pescador, una especie difícil de encontrar en Chile.
En cuanto a su vegetación, se presentan arbustos bajos y muy densos. Las especies que más abundan son las propias de suelos húmedos y salobres. En la zona ribereña al estero, se encuentra la hierba sosa y la grama salada, pero más cercanas al agua, se desarrolla una gran variedad de plantas llamadas macrófitas acuáticas, tales como la totora, el carrizo, el vatro y el junco.
Resulta maravilloso, tan solo pensar, en lo espléndido que debe ser el paisaje cuando en el entorno de los humedales acontece el fenómeno del desierto florido. Sí, lee bien, flores y más flores, de los más variados colores, que emergen debido a diversos factores ecológicos, que cada cierto tiempo y bajo ciertas condiciones, se conjugan para que esta fotografía se haga realidad en estas húmedas zonas.
SALINAS: SENDEROS Y TOUR
Continuamos nuestro circuito en busca de los otros dos humedales que comparten el mismo nombre: Salinas Chico y Salinas Grande. El primero, igualmente constituye un sitio prioritario para la conservación de la biodiversidad, baja de la quebrada El Litre, encontrándose en el sector de la Playa Grande a una distancia de dos kilómetros y medio de Tongoy.
De los cuatro humedales, este es el único que cuenta con un sendero y láminas explicativas de su flora y fauna, entre otros aspectos. Si bien es el más pequeño en dimensión, es el más visitado por los turistas, y es en este punto donde el guía aprovecha las instalaciones para interactuar con los participantes del tour y realizar educación ambiental.
Resulta atractivo escuchar la imitación —casi perfecta— que hace Marcelo de los sonidos que emiten las distintas aves del entorno. Es una invitación a conectarse con el lugar y con su hábitat.
El recorrido continúa en Salinas Grandes, que baja de la quebrada del Almendral y se ubica a 7,3 kilómetros de Tongoy. En este lugar nos detenemos para admirar su belleza y para aprender de la fauna que se desarrolla en torno a los humedales, una de las más ricas y variadas de todos los ecosistemas del planeta.
Y aunque usted ni se lo imagine, en estos lugares podemos encontrar cinco grandes grupos de animales vertebrados. Los primeros son los peces, los que, lamentablemente y de manera constante, son amenazados en cuanto a su supervivencia, debido a la constante presión y alteración que sufren los ambientes donde habitan, como consecuencia de la introducción de especies extranjeras a nuestro país, tales como las truchas y carpas, que compiten con nuestros peces nativos por hábitat y alimentación. Y si a esto sumamos la acción del hombre, mucho peor. Se puede encontrar lenguado, cabinza y liza.
Un segundo grupo son los anfibios, como el sapito de cuatro ojos que puede vivir, dada sus características, dentro y fuera del agua. Los terceros: los reptiles, como la iguana chilena, las culebras de cola corta y larga, y las amigables lagartijas, todas especies que de igual modo presentan problemas de conservación. En cuarto lugar: las aves que, como ya señalamos, algunas viven de manera permanente en estos lugares, mientras que otras viajan desde lugares muy lejanos.
Por último: los mamíferos. Aunque su hábitat no se relaciona en forma exclusiva con ambientes húmedos, es posible encontrar en el entorno de los humedales algunas especies emblemáticas como el zorro (culpeo y chilla), el quique, el chingue (o zorrillo) y roedores nativos como el ratón oliváceo, el degu o el cururo, especie en peligro de extinción.
PROTECCIÓN AMBIENTAL
Llegamos al final del trayecto; al humedal de Pachingo, distante a diez kilómetros desde la localidad de Tongoy, y a dos kilómetros del sector de Puerto Aldea. El lugar constituye un hábitat singular y diverso, que alberga la mayor colonia de nidificación del cormorán yeco. El humedal sirve como hábitat a diversos tipos de patos.
Desde acá nos detenemos a reflexionar en torno a la importancia de los humedales, de la riqueza de su flora y fauna y de la poca protección que existe hacia este patrimonio ambiental, el que, lamentablemente, se ve afectado por la acción del hombre, la urbanización y la actividad acuícola.
Pese a las diversas acciones que han realizado algunos ministerios como el de Medio Ambiente y Bienes Nacionales, que han promovido propuestas orientadas a la conservación de la biodiversidad, estas siguen siendo insuficientes.
Destacan la implementación y puesta en marcha, en el humedal de Salinas Chico, del sendero interpretativo, ya antes mencionado, a cargo de la Agrupación Cultural David León Tapia, que ha permitido también que los visitantes puedan disfrutar de avistamiento de aves de acuerdo con la Guía de Manejo elaborada por el Ministerio de Bienes Nacionales. Asimismo, ha utilizado este espacio para efectuar la celebración del Día Mundial de los Humedales y desarrollar instancias de difusión y educación ambiental.
Tres horas puede tardar el circuito por los cuatro humedales, el que se puede realizar en bicicleta o en auto. Para hacer el trayecto se recomienda llevar un buen cortaviento, crema protectora, mapa rutero, reloj, binoculares, bolsas para la basura, y en lo posible, vestimenta que le permita mimetizarse con el paisaje. Por último, y lo más importante, las ganas de detenerse con tranquilidad para aprender, observar y reconocer las distintas especies. Sin duda, este recorrido lo cautivará.
Nuestro dato:
www.rutapatrimonioalbahiatongoy.cl
Verónica Torrejón, coordinadora de tours hacia los humedales.
Celular: 93421029
Dónde almorzar: Restaurant La Bahía y La Marina Campestre.
Tres horas puede tardar el circuito por los cuatro humedales, el que se puede realizar en bicicleta o en auto. Para hacer el trayecto se recomienda llevar un buen cortaviento, crema protectora, mapa rutero, reloj, binoculares, bolsas para la basura, y en lo posible, vestimenta que le permita mimetizarse con el paisaje.