La conquista del Nuevo Mundo por las huestes privadas españolas y portuguesas —ambas impulsadas por la fuerza de la expansión de Europa— puede ser explicada desde múltiples perspectivas, tanto económicas, como políticas, sociales y religiosas. Sin embargo, el encuentro con hombres y sociedades desconocidas fue algo inédito e incomprensible para la fe y la cosmovisión de la Iglesia y el Estado, y difícil de asimilar al concepto de “los hijos de Dios”.
La idea de esclavizar, selló el destino de los pueblos originarios de América y Chile y, como efecto de la guerra de conquista, las epidemias desconocidas para el mundo indígena, la asimilación a un sistema de trabajo forzoso para producir riqueza inmediata, significó el desarraigo y traslado obligado de poblaciones completas hacia los yacimientos auríferos, provocando una catástrofe demográfica, pues de noventa y cinco millones de indígenas en América, logran sobrevivir catorce millones, a mediados del siglo XVI.
La región de La Serena no escapa a este proceso, y entre la conquista del Inka, luego la incursión relámpago de Almagro, más los castigos y pacificación durante el período de Pedro de Valdivia, de los treinta mil habitantes de la región del norte semiárido, al año 1558, no sobreviven más de cuatro mil almas, de los cuales alrededor de mil quinientas eran gandules o mocetones de trabajo, agregándose también la energía laboral de mujeres niños/as, para extraer el oro de Andacollo, Chigualoco, Millapel y las Arenillas.
La dramática disminución de la población indígena de la región y del país será denunciada ante la Corona, por los sacerdotes, frailes y autoridades eclesiásticas por el riesgo de quedarse sin almas para difundir la fe, primer compromiso señalado por el Papa a los Reyes de España. El Virrey del Perú manda se proceda a crear una Ordenanza que resguarde, preserve y permita la sobrevivencia de los pueblos originarios, mediante la regulación del trabajo y la creación de un sistema de Previsión Social y de Salud, llamado Cajas de Comunidad.
El fondo de cotización indígena es la sexta parte del oro sacado de la mina y su administración está a cargo del cura, el encomendero y un oidor, quienes velarán para que las prestaciones estipuladas sean entregadas en especies cada quince días a las familias: ropa, animales de crianza, alimentos, asistencia en sus enfermedades y el alimento espiritual. El capital acumulado para no depreciarse o disminuir se concede en préstamo al cinco por ciento anual, al español que lo solicite hipotecando un bien raíz. Los acreedores españoles del siglo XVI y sus descendientes, aún no pagaban los réditos y el capital, al crearse la República de Chile.
En su visita a la ciudad de La Serena y luego de conocer la explotación brutal de los indígenas, el licenciado Hernando de Santillán, General y Justicia Mayor y Oidor de la Real Audiencia del Perú, ante los Alcaldes, Regidores y el Escribano de Cabildo, crea, el 14 de agosto del año 1559, el primer Hospital de Naturales en La Serena a fin de asistir, curar y conservar a los indígenas de la ciudad y sus términos. El financiamiento de la obra, edificios, sueldos y salarios del personal, más la alimentación, ropas y los medicamentos serán con cargo a la sexta parte del oro extraído por el indígena de las minas. Para la construcción de la obra, se entregó un solar del Cabildo, quedando bajo la protección de la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción, cuyo día es el 15 de agosto.
El hospital con cargo al Fondo de Previsión Social y de Salud o Caja de Comunidad, será todo el oro extraído por todas las cuadrillas de indios y yanaconas desde las minas de La Serena durante el día catorce de cada año por siempre jamás; y el Cabildo de La Serena será el único responsable de su administración y ninguna otra persona interferirá en su administración, salvo Su Majestad.