Tell Magazine

Entrevistas » Mundo Empresarial

EDICIÓN | Septiembre 2014

Diseños sustentables

Constanza y Pía Álvarez y Pía Calderón, Joya Plástica
Diseños sustentables

Transforman desechos en joyas. Y de paso, reciclan y generan algo de conciencia en una sociedad que produce quinientas mil millones de bolsas plásticas al año. Una iniciativa familiar que pone en el tapete la sustentabilidad como forma de vida y que, además, se enmarca dentro del movimiento mundial llamado upcycling, que busca dar nueva vida a objetos en desuso. En este caso, a las bolsas desechables. Para sacarles el sombrero.

por Macarena Ríos R. / fotografía Teresa Lamas G.

Fue el sentido artístico y la constante búsqueda de nuevos materiales los que llevaron a Pía Calderón a encontrarse con las famosas bolsas plásticas. Las mismas que desechamos todos los días sin ningún cargo de conciencia, las que demoran ciento cincuenta años en biodegradarse y que se fabrican por millones en todo el mundo.

O tal vez fue la imagen de su abuela, tejiendo bolsas a crochet allá por los años ochenta. O su paso por Holanda, donde el reciclaje no es una moda, sino que está marcado a fuego en sus habitantes. O un mix de todo lo anterior. El caso es que, de a poco, esta diseñadora gráfica y artista visual comenzó a experimentar con este material, primero en cuadros, más tarde en accesorios. Y lo que comenzó como una simple propuesta, con el paso del tiempo se transformó en algo más. Y nació Joya Plástica.

EL VALOR DEL UPCYCLING

En la casa de los Álvarez-Calderón reciclan todo. Desde los tetrapak y envases de bebida, hasta las mallas de las paltas y las latas. Todo sirve, dicen. Pero aquí la estrella, la prima donna, son las bolsas de plástico.

Pía dice que su trabajo es más bien intuitivo, que a las empresas les falta visión ecológica y que más que un producto, ellas ofrecen un mensaje. Al decir “ellas” se refiere a sus hijas Pía y Constanza Álvarez —periodista una, ingeniera comercial la otra—, que se incorporaron con un entusiasmo increíble a la iniciativa eco sustentable de su mamá. La trilogía perfecta para potenciar este emprendimiento que ya tiene un año de vida, que aporta al consumo responsable y que ya está en algunas vitrinas de Santiago y Puerto Varas. De una posible tienda, ni hablar. “Lo de nosotros son las ferias y marcar presencia desde ahí”, aseguran. De hecho, por estos días están participando en Feria Verde en la Estación Mapocho, Santiago, y las invitaron a integrar la Semana de la Sustentabilidad que está organizando la Fundación ALMA.

En su taller, acondicionado en una de las piezas de la casa que mira al mar, juntan todo tipo de bolsas. Del supermercado, de la feria, del retail, de los pañales, incluso las del pan de molde. Las usan y clasifican según su color. Aquí no hay procesos anexos, tampoco intervenciones, ni pintura de por medio. Aquí los colores de los aros son los originales de cada una de las bolsas. Lo que pasa es que es el calor de la termofusión el culpable de que las tonalidades sean tan vivas. “El calor potencia los colores. Se obtienen gamas muy lindas, es impresionante la cantidad de tonos que puedes lograr”.

Con santa paciencia cortan los despuntes, los mangos y las bases de cada bolsa (que más tarde se usarán para otros trabajos) y hacen con ellas una madeja perfecta. Verdaderos ovillos de plástico que tejen a crochet para luego trabajarlos a través de la termofusión. “Cambié la pintura por los ovillos de colores”, comenta Pía, la mamá, la que trabajó durante cuatro años con este material antes de que lograra transformarlo en una joya. La divierte el tema, la entretiene y dice que todavía está en etapa de experimentación. “En cada proceso de trabajo exploro formas y ángulos diferentes. ¡Estoy descubriendo el mundo con todo esto!”.

MAGIA PLASTIFICADA

Fue una amiga artista la que le dijo que por qué no hacía aros de plástico. En esa época, el 2012, Pía vivía en el sur por el trabajo de su marido y tenía un grupo con el que hacía arte-objeto. “Allá es imposible escapar a las tramas y los tejidos, porque evocan la naturaleza del sur”.

Al volver a Viña, postuló a un capital semilla de SERCOTEC, el puntapié para su crecimiento y consolidación como pequeña empresa familiar y que fue clave para generar una imagen de marca. “Hay muchos fondos que ayudan cuando detrás hay proyectos sustentables, que aportan al medio ambiente y que sirven para descontaminar”.

¿Cómo es el proceso?, preguntamos curiosas. Ya sabemos que sacan una hebra completa de una bolsa. También sabemos que luego la ovillan y que, con palillos o con un crochet, van haciendo cadenetas con dos o tres hebras de diversas madejas para convertirlo en un “tejido” de plástico.

¿El secreto de la termofusión?
Con la ayuda de una plancha o aire caliente, fundimos esta especie de trama plástica. El calor ayuda a derretir, a expandir y se transforma en una tela impermeable. Lo que hago es aplicar varias capas de calor hasta que se rigidiza. Ya manejo los tiempos de fusión. Luego viene el proceso de corte y confección de cada aro.
 

¿Trabajan con orfebres?
Sí, tenemos un par de personas en Valparaíso que nos colaboran. Es un trabajo artesanal y a mano. Los apliques y los ganchos son de plata peruana; aproveché de comprar en el verano todos los herrajes y me acabo de meter a un curso de orfebrería para potenciar mis creaciones.

¿La más emblemática?
Oma, cuyo nombre es en honor a mi abuela, que ya en los años ochenta tejía las bolsas de plástico a crochet en forma de canastitos y que luego repartía en hospitales para que los adultos mayores pusieran ahí sus remedios.

¿Cuántas colecciones tienen?
Tenemos varias para todos los gustos: además de Oma, creamos Ema, Iris, Mía, Trini, Luna y Sol. Cada una con formas, colores y estilos diferentes.

¿Lo más difícil?
Estandarizar los procesos productivos. Buscar la forma de que la cadena sea lo más eficiente posible.

FACTOR DE CAMBIO

Karen Doggenweiller, Claudia Conserva, María José Bello, Lucía López usan sus creaciones. Son livianas y únicas, porque las tramas que se forman nunca son iguales entre sí. Auténticas piezas de joyería, cuyos precios varían dependiendo de su diseño y plata involucrada.

¿La propuesta?
Crear productos auténticos a través de material residual. Dar nueva vida al desecho para fabricar un objeto-joya. Ese es nuestro concepto, aportar a la sustentabilidad y al reciclaje con mucha creatividad y conciencia social. Somos una empresa familiar con ADN verde.

¿El valor agregado?
Trabajamos con plata peruana todas las terminaciones de nuestros aros.

¿Cuántas bolsas usan para hacer un par de aros?
Entre tres y cuatro.

¿Qué se viene?
Además de aros, estamos trabajando en nuevas propuestas como collares, anillos, pulseras y prendedores. Tenemos mucho por crear. Nuestra idea es expandirnos, de hecho, hacemos entregas a todo Chile a través de nuestro Facebook: Joya Plástica y de nuestra página www.joyaplastica.com

Alegres y comprometidas con este emprendimiento y con todo lo que ya han logrado, durante la sesión de fotos me cuentan que van al supermercado con bolsas de género y que es increíble la cantidad de bolsas plásticas que les llegan todas las semanas. “Todos quieren cooperar en esta cruzada”.

Pero el tema va más allá. El tema radica en darle una mirada más amplia y creativa a la basura. Justamente el mensaje que buscan dar estas tres guapas viñamarinas.

 

“Creamos productos auténticos a través de material residual. Damos nueva vida al desecho para fabricar un objeto-joya. Ese es nuestro concepto, aportar a la sustentabilidad y al reciclaje con mucha creatividad y conciencia social”.

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación3+1+7   =