M iles son las películas y recuerdos que nos trae el actor y comediante Robin Williams, quien tuvo una exitosa carrera desde 1977 y no paró hasta hace poco, dejando algunos estrenos inconclusos. Recordado en tantos protagónicos como Good Morning Vietnam, Dead Poets Society, Jack, Patch Adams o su papel secundario en Good Will Hunting, que lo hizo ganador de un Oscar, es sin duda una gran pérdida para Hollywood. Son muchos los actores que lo han señalado como su fuente de inspiración o admiración.
Lo particular de El Hombre Bicentenario (1999) es que inicia encarnando a un robot —que logra vivir doscientos años y transformarse paulatinamente en humano— donde, según las propias palabras de Williams, el trabajo de maquillaje fue tan fundamental como en Mrs. Doubtfire. Una caracterización que no sería nada sin una interpretación que logra que lo veamos totalmente robotizado.
La historia está basada en un cuento de Isaac Asimov, conocido por sus obras de ciencia ficción, y comienza en un futurista año 2005, donde todos los hogares cuentan con un robot doméstico que les facilita la vida. Es así como Andrew llega a la casa de la familia Martin, pero pronto el padre (Sam Neill) se dará cuenta de que tras esa cobertura de metal se encuentra un alma casi humana. Por eso comenzará a enseñarle lo que los manuales no pueden hacer y a probar hasta dónde llegan sus habilidades.
A pesar de los prejuicios y el rechazo de algunos, será la hija pequeña, Damita, quien se acercará a Andrew y comenzarán una linda amistad. Así pasarán los años y mientras todos envejecen el robot seguirá intacto, por lo que decidirá pedir su libertad y emprender un larguísimo viaje donde logrará un aspecto y un sistema tan perfecto que, incluso, tendrá órganos humanos.
Al volver a casa se encontrará con Portia (Embeth Davidtz), la nieta de Damita, con la cual la cercanía también será inmediata… de a poco nacerá un amor imposible y, a la vez, una enseñanza hacia el valor de la vida humana.