NO ABRAS LA PUERTA. LUNES A JUEVES 22:00 HORAS EN TVN.
Se han hecho unos cuantos chistes sobre la paranoia que rodea los títulos de las teleseries nocturnas de Televisión Nacional. Pasamos de Vuelve temprano a No abras la puerta. Los mensajes son explícitos: hay que cuidarse y desconfiar, un reflejo de lo ocurrido en la sociedad chilena en las últimas décadas, que enreja casas, pasajes, instala guardias y se parapeta a la espera de amenazas y riesgos de toda índole, aunque en el contexto latino seguimos siendo un país más bien tranquilo. En No abras la puerta, se repite la lógica del enemigo íntimo, el meollo de la anterior producción nocturna. El peligro está incubado en la propia biografía, en este caso, la de Isabel Vidal (Paz Valdivieso), quien en el pasado sufrió la violencia de su pareja Juan Pablo Olavarría (Gonzalo Valenzuela), ahora dedicada a la terapia de mujeres que sufren abusos de sus compañeros sentimentales.
Un tema serio y grave recibe tratamiento de factoría, sin ninguna variante respecto de otras realizaciones dramáticas para el horario estelar. En No abras la puerta las mujeres tienen pasta de heroína y una sensibilidad extraordinaria, en tanto los hombres son en general brutos, sádicos y patudos, con la excepción de Tomás (Matías Oviedo), el galán que pretende el amor de Isabel, y Claudio (Marcial Tagle), el colega pánfilo enamorado en secreto, ambos con una bondad de cuento.
No corresponde sobrevalorar los alcances de una serie nocturna. Difícilmente aumentarán los índices de violencia contra las mujeres por No abras la puerta, como también cuesta imaginar lecciones positivas que un carácter violento pueda sacar de esta trama. Lo inquietante son los clichés y la visión radicalizada de un mundo de buenos y malos.