Constituye todo un misterio que un escritor de la categoría de Tancredo Pinochet (1879-1959), en un país de pocos novelistas, sea casi un desconocido. Hoy, desde políticos a comentaristas deportivos publican sus novelas de dudosa factura. En cambio, un destacado intelectual, y cronista de su tiempo, que formó parte de la conocida generación del centenario, junto a Francisco Antonio Encina y otros autores ilustres, es ignorado por la industria editorial y las imprentas universitarias. Además de sus crónicas de viaje, destacan sus novelas Vuelta abajo, Anticipación, Viaje de un plebeyo por Europa, Autobiografía de un tonto y La transfiguración de Hitler. Esta última obra debe ser una de las más vanguardistas jamás escrita. Publicada en 1944, y escrita en 1943, antes de que terminara la Segunda Guerra Mundial, anticipa el fin trágico de Hitler y del Reich alemán. Comprende de inmediato el lugar perenne que la Segunda Guerra Mundial ocupará en la memoria de los hombres.
En su historia, a fines de 1943, luego de las derrotas en Stalingrado y de Rommel en África, Hitler elabora un plan para huir. Entiende que atendido el nivel de sus atrocidades, ningún país le dará asilo. Por ello, junto a su amada Eva, se disfraza y adquiere una identidad falsa. Simula un suicidio y entrega el poder a un general, que a su vez se lo entrega a los aliados victoriosos. El pueblo alemán comprende la magnitud del sueño demente al que ha sido arrastrado, e inicia una cacería de los mandos nazis sobrevivientes. Uno a uno los jerarcas son linchados o enjuiciados. Ello obliga a Hitler a ser extremadamente cuidadoso. Para no despertar sospechas, simula ser un judío sobreviviente del Holocausto, Moises Goldstein, quien vuelve a vivir a Berlín, junto a su esposa. En la nueva Alemania, los judíos sobrevivientes son tratados con sumo respeto ante las evidencias de la barbarie que se había cometido en su contra. La agonía de Hitler en la obra es peor que su rápida muerte real y la obra completa es una burla a la idea de superioridad racial humana. El autor, fundador del partido nacionalista, dedica su obra a los millones que fueron víctimas del horror nazi, años antes de los juicios de Núremberg.