Desde pequeña supo que lo suyo era la decoración, y aunque estudió sicología, hoy en día incorpora todos sus conocimientos para satisfacer a las personas que confían en ella para hacer sus hogares más acogedores.
por Soledad Posada M. / fotografía Sonja San Martín D.
Palmi Armstrong es mucho más que una decoradora, es una solucionadora de problemas, que nunca faltan a la hora de redecorar, transformar o construir en una vivienda. Ella entiende de materiales y tendencias, pero sobre todo, ahorra al cliente el tiempo y el dinero que significa tratar con maestros e instaladores. Conoce a todos los proveedores que realmente cumplen y hacen un buen trabajo, y ese conocimiento muchas veces es impagable, sobre todo en un país donde abundan los maestros “chasquilla” y personas incumplidoras.
Palmi abrió este año su tienda de decoración en un strip de Andalué, un proyecto que hace tiempo quería desarrollar. Ahí vende productos nacionales e importados, muebles que manda a fabricar o que compra, además de pinturas de artistas, como Luis Alberto Hidalgo, Raúl Saldivia o Alejandra Rivera. Sin embargo, desde 2006 viene desarrollando diversos proyectos de decoración y renovación de cualquier habitación de la casa, y de empresas, sin dejar de lado los jardines y construcciones de mayor envergadura, para lo cual cuenta con los servicios de su hermano arquitecto, Emilio, y de cuatro a cinco personas que la apoyan en sus propuestas de interiorismo.
ARMONÍA
No se encasilla con ningún estilo, es más, tiende a mezclar. Su objetivo es siempre conseguir un lugar estéticamente armónico, de modo que los ocupantes obtengan una sensación de bienestar al usar el espacio. Para ella, toda renovación genera un cambio de energía, que debe ser siempre positivo para los habitantes. Debe existir armonía entre la funcionalidad y la estética.
¿Cómo te ayuda la sicología en tu tarea como decoradora?
Me ayuda porque consigo una mayor empatía con los clientes y también en tener una mayor comprensión de sus necesidades, considerando que influye mucho, en la sensación de bienestar, cómo perciben sus ambientes, y desde ahí poder ver la importancia que tiene para los clientes el proceso de remodelación o decoración de sus espacios, ya sea de trabajo, sus casas, proyectos inmobiliarios, etc. Pero, principalmente, la empatía y poder analizar cómo es su dinámica en el lugar que requieren mejorar, para hacerlos más cómodos y funcionales.
¿Cuáles son tus proyectos emblemáticos?
Creo que, más que emblemáticos, son proyectos que por distintas circunstancias les tengo más cariño. Entre ellos, la decoración y el paisajismo de Pares y Álvarez, porque fue un proyecto grande y un desafío; era más joven y no sabía mucho, y Javier Álvarez con su señora, Gloria Abusleme, se la jugaron por mí. Después, les decoré su última casa antes de irse a Santiago. También, un departamento piloto en que obtuvimos un segundo lugar hace años por un concurso de decoración de Diario El Sur. Ahora último, me gustó mucho cómo quedó la Clínica Estética Concepción, muy moderna. Además, fue un agrado trabajar con sus propietarios. Con respecto al paisajismo, en el edifico Buenavista II tuve que diseñar sobre una losa, es decir, no debía tener pasto. El resultado fue muy innovador y les gustó mucho a los usuarios, lo que es muy gratificante.
¿Cuáles son tus fuentes de inspiración al transformar un lugar?
La arquitectura, el paisaje del lugar, las terminaciones y también los clientes. Me encanta conocerlos, conversar con ellos y ver qué expectativas tienen, porque para mí son la principal fuente de inspiración. También, me gusta mucho leer libros y revistas de diseño y decoración; estoy suscrita a varias y disfruto mirar por horas en internet las distintas tendencias y, sobre todo, viajar para conocer distintas culturas, lo que amplía mi perspectiva de la estética.
¿Cómo influyeron tus padres en tu actual labor como decoradora?
Han influido muchísimo, en especial mi madre. Ella era tremendamente creativa, una artista total y en todo momento. Siempre me alentó a que siguiera mi instinto, mi gusto y me celebraba todo. Era un gran apoyo. Además, tenía muchos conocimientos técnicos, era muy “matea”, sacó un premio en la Universidad de Chile. Yo confiaba mucho en sus consejos. La tienda nace de un proyecto pendiente que teníamos, de ahí el cariño que le he puesto a este lugar.
¿Cómo logras compatibilizas las ambientaciones que a ti te gustan con loque quieren los clientes? Hay que ser respetuosa con lo que quieren los clientes. Cuando algo no me parece muy adecuado, trato de explicarles con argumentos por qué deberíamos cambiarlo. Pero, en general, no he tenido mayores problemas, porque siempre parto preguntando qué estilo de decoración les gusta y trato de orientarlos lo mejor posible desde ese estilo. Esto, para mí, es muy importante, porque los clientes tienen que ser fieles a su estilo, sentirse cómodos en su ambiente y que éste sea algo representativo de cómo se proyectan a los demás. Y cuando no es así, se nota y no ve se bien.
¿Por qué conseguir una decoración armoniosa trae bienestar?
Tiene que ver con el cómo percibo mi calidad de vida, cómo puedo mirar a mi alrededor y siento que me ha ido bien, que estoy conforme con lo que tengo, con mi trabajo y desde dónde me puedo posicionar dentro de la sociedad, es decir, hay un tema de trasfondo que tiene que ver con la identidad, y cuando me identifico con lo que tengo en mis expectativas, puedo sentirme en equilibrio entre lo que quiero y lo que tengo. Eso a grandes rasgos.
¿Qué te gusta más: la decoración o el paisajismo?
Me gustan los dos. El paisajismo es un poco más ingrato, porque a veces tenemos demoras por factores climáticos, no están las especies vegetales que necesitamos o no estamos en la época de floración, etc. Además, a largo plazo, es fundamental la mantención, ya que todo paisajismo, por muy pequeño que sea, requiere de cuidados mínimos. A veces a los clientes les desagrada que el jardín no se vea “armado” de inmediato, y eso es porque se requiere de un año, aproximadamente, para que el jardín alcance su mayor madurez y se vea como lo teníamos proyectado. Es un trabajo que requiere de más paciencia, pero muy hermoso cuando se mantiene en el largo plazo. En general, siento que se complementan y los dos me han dado grandes satisfacciones.
“Los clientes tienen que ser fieles a su estilo, sentirse cómodos en su ambiente y que éste sea algo representativo de cómo se proyectan a los demás”.