Nuestra ciudad ha sido, es y será. El cómo ha sido es lo que conocemos como historia, el cómo es constituye la realidad en movimiento en la cual estamos y tratamos de comprender, pero el cómo será es para mí lo más relevante, interesante y provocador, porque tiene que ver con todos los tiempos a la vez.
¿De qué tiempo es este lugar? ¿Es el tiempo en sí, un hecho real? ¿Acaso existe en alguna parte o se reduce solo a un sistema de medida convencional que hemos inventado con objeto de dimensionar, entender y organizar el transcurso de las cosas que suceden y nos suceden? ¿Es realmente importante?, probablemente a esta última pregunta su mente le diga casi instantáneamente que sí lo es. Sobre todo si siente que todos los días vive (equivocadamente) en función de él. Y digo equivocadamente, porque la estructura horaria que muchas veces nos apremia no es el tiempo al cual me refiero, sino que solo una de sus consecuencias prácticas.
Albert Einstein estableció que el tiempo es relativo y depende de puntos de observación, referencias y velocidades. El tiempo propio de evolución de un determinado suceso puede llegar a “deformarse” dependiendo de cómo, dónde y bajo qué circunstancias se lo observe, lo que dará como resultado una percepción diferente para un mismo fenómeno. En otras palabras, el tiempo presente puede llegar a ser diferente para dos observadores distintos. Entonces, la realidad construida (esa imagen intelectual) a partir del “tiempo” puede, en algunos casos, ser sutilmente diferente o, en otros, radicalmente diferente, tiene que ver con la física y la percepción. El tiempo no puede ser comprendido si no hay espacio. El tiempo de un lugar, por tanto, es propio a su relación con el espacio que involucra.
Nuestra concepción de la realidad cotidiana está construida sobre una unidad que tiene como patrón de medida el tiempo promedio que dura nuestra vida y cada uno de sus ciclos pero, ¿qué pasa si ese patrón o escala cambia y pensamos, por ejemplo, en la escala de tiempo con que nacen, crecen, evolucionan y se desarrollan las ciudades? ¿Es aplicable a esta dimensión la escala de una vida humana? Si sabemos que la historia de las primeras ciudades se remonta hasta hace aproximadamente unos siete mil años, claramente la respuesta es que no lo es. ¿Cómo comprenderlas entonces?...
Se me ocurrió preguntarme ¿de qué tiempo es este lugar? Y la verdad es que no lo sé, tal vez de todos y de ninguno en particular. La ciudad, nuestra ciudad, ha sido, es y será. El cómo ha sido es lo que conocemos como historia, el cómo es constituye la realidad en movimiento en la cual estamos y tratamos de comprender, pero el cómo será es para mí lo más relevante, interesante y provocador, porque tiene que ver con todos los tiempos a la vez. El futuro por definir, el presente en lo que hacemos y el pasado en el legado, patrimonio, reservorio y fuente de origen.
¿De qué tiempo es este lugar? Para mí, todo lo que ha sido, lo ha sido solo para pertenecerle al futuro, a lo que vendrá, a lo nuevo. A ese tiempo que no podemos medir. Con certeza, el futuro es todo lo que tenemos porque está por venir, el pasado quedó atrás y el presente es una ilusión que se diluye muy pronto.
A partir de este escenario, una pregunta interesante es ¿Cómo se planifican las ciudades?, ¿teniendo presente qué condicionantes, qué escenarios o escalas de tiempo?
El problema surge cuando cometemos el error de reducir el tiempo a un sistema o unidad de medida, porque este toma el control y nos impide ver más allá. Un ejemplo de ello: hoy las ciudades y su planificación se administran en períodos de cuatro años, que corresponden a un régimen presidencial, entonces avanzamos y retrocedemos al ritmo de este péndulo que va y viene.