Reconocido como actor por su rol en series y programas juveniles, su nueva etapa lo encuentra lejos de la televisión, pero sí en otra faceta artística: la pintura. Una actividad a la que hoy dedica todo su tiempo y que lo llevó a exponer recientemente en su natal Concepción.
por Érico Soto M. fotografía Sonja San Martín D.
Philippe Trillat tiene treinta y un años, de los cuales pasó la última mitad en Santiago. Sinembargo, se reconoce como un penquista lejos de su casa, luego de crecer y estudiar en la Alianza Francesa de Concepción. Su madre, Andrea Mondrus, fue propietaria, en los ochenta, de una academia de modelos. Visita a sus parientes regularmente, desde que se decidió por estudiar teatro en la Universidad del Desarrollo. Y no oculta su deseo de volver.
El actor y también artista visual regresó durante julio para presentarse, oficialmente, en su otra faceta: la de pintor. Una actividad a la que hoy dedica todo su tiempo, y que lo llevó a exponer en el centro de Extensión de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.
ADIÓS TV
Atrás quedaron los años de telenovelas para el segmento adolescente, así como su participación en programas del corte de Mekano y Calle 7. Por el momento, no tiene planes para regresar, mientras maneja con seriedad sus nuevos proyectos artísticos, entre ellos su taller de pintura en Santiago, Atelier Trillat.
Participó en diversas teleseries de Mega: Zoom, Amores urbanos, Don Floro, XFea2, Es Cool y Mitú 2. Sufrió un grave accidente automovilístico, en 2005, que lo tuvo al borde de la muerte, pero se recuperó y siguió adelante. En 2010, regresó a la televisión, pero esta vez a TVN, en el programa de entretención Calle 7.
¿Cómo fue tu comienzo en televisión?
Me fui a Santiago el año 2001. Me gustaba la actuación, pero lo de la televisión se fue dando solo. Encontré puertas abiertas, gente que se fijó en mí, y así partí actuando en una serie. Fue una buena etapa, pero ya pasó.
¿Actor o pintor?
Son dos facetas, aunque no se pueden complementar. Pero si no fuera actor, no podría pintar con la soltura que lo hago. Cada obra es un cuadro, y cada cuadro es un escenario. En ellos hay protagonistas y comparsas. Música y movimiento. Yo no entiendo las artes por separado. Si bien es cierto que no tengo el manejo de todas, trato de comulgar con ellas siempre.
¿Qué recuerdos tienes de tu niñez penquista?
Fue una buena infancia. Mis padres siempre me han apoyado en mis proyectos, aunque nunca han influido directamente en las cosas que he hecho. Me han dejado hacer lo que he querido. Me han dado la libertad para ser lo que actualmente soy.
¿Cómo siguen ellos tu obra?
Mi madre es pintora y me incentivó. Y en cada paso de creatividad están ahí. Por ejemplo, siempre llamo a mi papá para saber lo que opina, puede ser muy tarde y no me doy cuenta de que lo pude haber despertado, pero él se da el tiempo para comentar.
EL PINTOR
Su más reciente trabajo fue la exposición 8.8 Años Luz. El espacio en suspensión, con la que por primera vez se presentó en Concepción, en la Sala de Exposiciones del Centro de Extensión UCSC.
La muestra se compone de veintiún cuadros, pintados en técnica mixta y acrílico, y surge a partir de una colección anterior denominada La fecundación de lo abstracto, premiada en Italia y expuesta en 2012. Se trata de un recorrido que transporta a mundos oníricos, donde la luz traza figuras y construye geometrías que señalan la trascendencia de los sentimientos.
¿Cómo la desarrollaste?
Esta obra es fruto de mucho trabajo, de una gran experimentación, un trabajo que, en lo particular, he visto pocas veces. Está inspirado en el cosmos, en el universo, en la espacialidad, sin dejar de lado lo plástico en la utilización de los colores, de matices, de este mundo imaginario que puede estar perfectamente en una casa o en una oficina. No estoy llevando el cielo a una pintura, sino haciendo arte de lo que imagino es el cosmos. La exposición es producto de ese fluir creativo que tiene que ver con dar el corazón en lo que uno hace, en entregarse por completo.
¿El 8.8 tiene que ver con tu experiencia del terremoto?
Cuando decidí estrenar mi exposición en Concepción, pensé en cómo acercar al público a mi trabajo. Y ahí apareció el número 8.8, rememorando el hecho puntual de la magnificencia de un terremoto, pero desde la mirada de la fuerza de la naturaleza, ya que en ese momento se suspende el tiempo y quedamos a su merced sin saber bien qué ocurre. Pero el ocho también es el número del infinito, del retorno y lo cósmico. Años Luz, entonces, refuerza esta idea, pues nos lleva fuera de este mundo, y la pintura es luz.
¿Qué complicaciones existen para desarrollar el arte?
Tener un lenguaje personal y particular. No me suscribo a técnicas clásicas de pintura, una naturaleza muerta o técnicas antiguas. Por ejemplo, en regiones está la limitante de contar con poca pintura contemporánea, experimentación y lenguajes abstractos. Por eso está el riesgo de quedar como el loco rayado que está haciendo tonteras.
¿Cuál fue tu caso?
Tuve que irme a Italia, aprender allá y mostrar mi obra. Las técnicas clásicas que se usan, todos las saben, y también podría ocuparlas yo, porque son técnicas. Es como tener la receta, y a todos les puede quedar bien. Pero otra cosa es que se reconozca.
Parte de estas obras fueron premiadas en Europa…
En 2012, recibí una invitación para exponer en Ferrara, y me premiaron por dos obras: Fecundación y Suspensión del color. Sigo en contacto con ellos y expongo permanentemente en Boloña. Además, presento a artistas de mi misma línea creativa.
CONCEPCIÓN
¿Es muy difícil hacer arte desde regiones?
Es muy difícil desarrollarse, porque muchos artistas tienen su lugar ganado y no lo quieren soltar. Hay que cambiar la mirada y darles espacio a nuevos artistas. En provincia, muchos se aferran de eso.
¿Tienes nuevos desafíos?
Cada día es un desafío. Cada cuadro es un desafío. Hago talleres, clases, y en esa experimentación con mis alumnos, todas estas técnicas confluyen en distintos estilos. Quienes aprenden con alguien, lo hacen porque lo eligen. Soy un referente para ellos, en mi temática abstracta.
¿Cómo fue exponer en Concepción, tu ciudad de origen?
La Universidad Católica de la Santísima Concepción me abrió las puertas, a través de Gloria Varela, y me comprometí con ella, para exponer en este nuevo espacio, que es el Centro de Extensión. La recepción ha sido buena, con amigos y familia.
¿Tienes pensado regresar?
He pensado volver. En gran medida, porque dan ganas de alejars de Santiago. Por la gente, por el egoísmo, la poca comunicación, la congestión, bocinazos, etcétera. Nada de eso hace bien. Con tanto tiempo ya me estoy acostumbrando, pero no quiero más, no quiero ser como ellos.
¿Cómo ves la actual escena actoral en el país?
No estoy al día con el tema de la televisión. Hay muy buenos actores en todo Chile. Y artistas en general. Sean músicos, actores, pintores. Pero creo que las generaciones deben renovarse. Deben saber reconocer cuando hay un artista que vale la pena mirar.
“Si no fuera actor, no podría pintar con la soltura que lo hago. Cada obra es un cuadro, y cada cuadro es un escenario. En ellos hay protagonistas y comparsas. Música y movimiento. Yo no entiendo las artes por separado”.