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EDICIÓN | Agosto 2014

Comercio en versión circular

por Montserrat Salvat, coordinadora Escuela Pedagogía de Educación Media en Historia y Geografía, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad San Sebastián
Comercio en versión circular

Los Dos Caracoles son un ejemplo del formato que, en su momento, fue considerado símbolo de novedad y audacia arquitectónica. Los jóvenes de fines de los setenta se adueñaron de la taquilla capitalina en unas pocas cuadras de la avenida Providencia. Los mismos que casi despreciaron en el abandono cuando llegó esa gran tienda sinónimo de brillo, modernidad e internacionalización que es el mall. A paso lento, algunos siguen vivos congregando clientes y otros subsisten para alimentar la nostalgia.

Otro Santiago, otra forma de comprar, una ciudad un poquito más peatonal. Entre 1974 y 1981, los caracoles comerciales proliferaron en Providencia, Ñuñoa, Vitacura, Las Condes, el Centro, y se inauguraron en las principales ciudades. Los centros comerciales los Dos Caracoles, Irarrázaval, Los Pájaros y hasta el Eve, siguieron el estilo.

Luego de eso, en plena crisis económica de los ochenta, quedaron atrás, remplazados por un reluciente mall (o shopping center, como se publicitaba en la época): marmolado, con aire acondicionado y lleno de estacionamientos, reconocibles por su formato en todas las ciudades del mundo. Visitados a diario por cualquiera de nosotros cuando se necesita desde un par de zapatos, un regalo, un libro, artículos de tecnología, un heladito para cargar fuerzas y hasta un kilo de sal que hay en los supermercados anclados a ellos.

Demos algo de crédito al caracol, en todo caso, porque en su variante comercial es una invención chilena, y entre sus antecedentes hay un aire del museo Guggenheim de Nueva York. Los arquitectos Melvin Villarroel y Eugenio Guzmán diseñaron un edificio que en su interior lleva una rampa que asciende en forma circular, tal como una escalera de caracol. Así, a un costado, la última moda, en la otra dirección, el centro vacío de la edificación, que permite “vitrinear” otros ejemplares: mirar y ser visto desde distintos niveles de altura. En el plano más bajo, tradicionalmente se ubica un restaurante o café, de esos que aún no sucumben al vaso portable con logo.

El primero en construirse fue el de Los Leones, ubicado en esa misma calle, sobre el paso nivel que conecta hacia el río Mapocho y justo enfrentado al imponente Costanera Center. Nuestro Dos Caracoles, de la esquina de Nueva de Lyon con Providencia, fue inaugurado en 1978, y estuvo a cargo de Jorge Swinburn, Ignacio Covarrubias y Sergio Larraín, responsables también del caracol Los Pájaros (en la esquina con Bucarest, actualmente conocido por sus buenas tiendas de anticuarios) y del Portal Lyon. Con ciento sesenta tiendas, Los Dos Caracoles era sinónimo de innovación con un sistema de espiral, unidos por pasarelas.

Para mediados de los años setenta y comienzos de los ochenta, en pocas cuadras, el epicentro juvenil que era la avenida Providencia: el Drugstore, el Coppelia, la tienda Palta (donde se iban los “paltones”, así de fina y así quedó como sinónimo de platudo el que allí se vestía), y los Dos Caracoles, por nombrar algunos. Este último, además de su singularidad en el recorrido de sube y baja, tuvo la gracia que concentró la moda en un mismo recinto. Si quería ver el último modelito: un Fiat 147 o una chiquilla usando minifalda, había que partir a esa arteria. Ese ambiente quedó retratado por los dichos de María, una joven fascinada por la elegancia y onda del lugar, la protagonista de Palomita Blanca de Enrique Lafourcade.

Evidentemente, el formato pasó de moda. Y aunque no se llenan como antes, esos centros comerciales tienen su público. El de siempre, que acude a los salones de belleza, depilación y manicura, reparación de ropa y zurcidos, café exprés, relojería y fotocopias; y el consumidor más exigente y mañoso, que no comulga tanto con el mainstream: diseñadores emergentes, boutiques con piezas únicas, estética gótica, piercings, figuritas animé, lencería sensual y convencional, joyería, alimentación sana, cosmética natural, decoración y espiritualidad, ya sea cristiana, zen o esotérica. Otro mundo, uno paralelo.

 

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