Pasa las matrices por la prensa y espera paciente que la obra aparezca ante sus ojos. Precursora del grabado verde, una técnica que recicla el tetrapak, hoy indaga en los milagritos: pequeños amuletos mexicanos para hacer mandas, que hoy se vuelven para ella su propio favor concedido.
por María Jesús Sáinz N. / fotografía Andrea Barceló A.
Carolina llega a su taller cargando papeles y se abre paso entre retazos de cartón, trozos de cajas de leche, pedazos de papel mural Vitacura, es una más de las que alberga talleres de artistas en esa cuadra: el último bastión de un barrio donde se ha destruido lo existente para levantar edificios. Carolina, en cambio, ha decidido darle valor al verbo rescatar y lo hace trabajando con materiales reciclados.
Si bien su inclinación artística la arrastra desde pequeña, fue estudiando arte en la Universidad Católica donde se enamoró de los grabados. “Yo soy bien metódica y me gusta eso de los fantasmitas que van apareciendo, de las capas que vas superponiendo. Tuve buenos profesores, como Pedro Millar, Eduardo Vilches y Jaime Cruz, todos de la escuela antigua del grabado y eso era bonito, casi romántico.”
Le fascina la idea de trabajar en una matriz que solo al imprimirla mostrará su verdadera imagen. Aunque con sus años de experiencia ya puede hacerse una idea del resultado final, todavía se lleva sorpresas. Con entusiasmo nos muestra una: “mira, este todavía no lo he impreso y me muero de ganas de saber cómo va a quedar”.
EL COLOR VERDE
Por años, Carolina se dedicó al grabado en metal, que implica utilizar materiales químicos, pero justo cuando se estaba cansando de la toxicidad del proceso conoció el trabajo de Lili Mirauda, quien plasmó en un libro las técnicas para trabajar con tetrapak. Se trata del grabado verde, una especie de colografía ecológica donde las matrices se hacen con cajas de leche decapadas, intervenidas e impresas de manera no contaminante.
Entonces es verde no solo porque recicla… Claro, es que es bien tóxico hacer grabados, porque uno trabaja con químicos, con ácido nítrico, ácido muriático, y todo eso se respira. Con el grabado verde usas solo cola fría, se va decapando el mismo tetrapak, reutilizas material de desecho, no se involucran procesos químicos y el resultado que se logra es súper parecido al metal.
¿Y las obras tienen el mismo valor que las grabadas en metal?
Sí, e incluso tienen la ventaja de que como son mucho más frágiles las matrices, haces menos copias, entonces también le das más valor a tu obra.
UN FAVOR CONCEDIDO
Ya casi no recuerda qué año fue, cree que el noventa y nueve, cuando viajaba por México con unas amigas y vio por primera vez los milagritos, unos amuletos que se ofrecen en los lugares de culto para pedir por algo, en otras ocasiones para agradecer un favor concedido.
Carolina intenta explicar con palabras la fascinación que le provocan y, como si se tratara de un tesoro, los saca de una pequeña bolsa plástica y los extiende sobre una mesa para volverlos a contemplar. “Los venden a la salida de las iglesias. Son pequeñas figuras de metal con formas para pedir por distintas cosas. Por ejemplo, una casa, una llave o un corazón”.
Movida por la poderosa dinámica de ofrecer, esperar y recibir, comenzó haciendo altares, uno para cada miembro de su familia. “La idea es crear una especie de nicho donde uno junte todas las cosas importantes de una persona y se pueda pedir que algo ocurra”.
ALTARES COMUNES
“Vengo todos los días, me enclaustro y trabajo”. Queda claro que es metódica, abundan en su taller grabados en proceso y otros muchos ya terminados. También se pueden ver, por estos días, los trabajos de sus alumnos, que muestra orgullosa, “a mis talleres vienen personas de todas la edades”.
¿Cómo ha sido la experiencia de enseñar?
Me encanta poder enseñar y transmitir lo que uno hace, es súper reconfortante sentir cuando los alumnos empiezan a encontrarle el gustito al cuento, porque hay gente que engancha con el grabado y otra que no le tiene paciencia.
¿Por qué?
Porque el resultado no es tan inmediato como en la pintura que llegas y haces lo que quieras al tiro. Acá tienes que hacer una matriz, preocuparte de que te quede buena para que después tengas un resultado que perdure, porque si haces una matriz mal pegada en el caso del grabado verde, no funciona.
Le fascina ver cómo sus alumnos se pasan datos y cómo, incluso, le han propuesto nuevos trucos para imprimir, pero por lejos lo que más le gusta es el trabajo de los niños. “Son súper creativos y te mueres lo fácil que es trabajar con ellos, además, en el grabado verde los materiales son amigables y puedes prensar hasta con una cuchara de palo. No se necesitan tantos medios”
Hoy por hoy, Carolina García Huidobro tiene en mente una nueva idea, propia de una artista inquieta. Ha iniciado un camino de colaboración con Matilde Huidobro, quien interviene con pintura sus grabados en un juego como los que hacían los surrealistas y que llamaban “Cadáver exquisito”. Veremos con qué nos sorprenden.
“Con el grabado verde usas solo cola fría, se va decapando el mismo tetrapak, reutilizas material de desecho, no se involucran procesos químicos y el resultado que se logra es súper parecido al metal”.