Desde muy joven, Aurora siempre tuvo muy claro que su futuro estaba ligado a la activa participación social y a un desarrollo profesional exitoso. Y aunque el camino no ha sido fácil, siempre ha logrado seguir avanzando. Hoy encabeza el Ministerio de Minería, desde donde espera aportar al desarrollo de este fundamental sector productivo.
por Claudia Zazzali C. / fotografía Maximiliano Troncoso C.
Quizás podría haber empezado esta entrevista aludiendo a la presencia femenina en la política nacional. O dando cifras sobre la escasa participación de mujeres en puestos ejecutivos. Tal vez hubiera sido interesante también hacer referencia de lo difícil que es saltar desde regiones a tomar un alto cargo en Santiago. Pero Aurora Williams es mucho más que su cargo como Ministra de Minería. Es mamá, esposa, hermana, hija, abuela, antofagastina y una profesional a toda prueba.
Su primer título lo obtuvo al egresar del Liceo Industrial Eulogio Gordo, donde la mayor parte de las carreras técnicas están enfocadas al trabajo en terreno, con una alta matrícula de hombres versus mujeres.
¿Cómo fue estudiar en un ambiente tan masculino?
En el liceo, la proporción era algo así como cuarenta hombres y dos mujeres por curso. Cuando egresamos, yo creo que no éramos más de quince las mujeres. Siento mucho orgullo de mencionar que obtuve la Mejor Especialidad y Mejor Promoción. Aunque pareciera que el ambiente era muy competitivo, mi experiencia fue muy buena. Hasta hoy tengo amigos que datan de esa época, ya cada uno con familias, hijos, nietos.
¿Es verdad que al estudiar con tantos hombres, las mujeres nos volvemos demasiado competitivas?
La verdad es que fui buena alumna, siempre me saqué buenas notas y no había un afán de competencia en eso. A mí me gusta estudiar y siempre supe que iba a ser profesional, porque era parte de mis aspiraciones. Cómo se fue dando, es algo que tiene que ver con oportunidades que, además, uno va aprovechando.
¿Nunca pensó quedarse con el título técnico y dedicarse a trabajar?
Ese es un tema que tiene que ver con la primera escuela, que es tu familia. Yo fui educada para ser profesional. Ese fue casi un imperativo de nuestra madre. Ella no fue profesional, entonces sus aspiraciones las volcó en sus hijas. Y mi padre también compartía esa visión. Por ejemplo, a mi hermana y a mí no nos enseñaron a cocinar, ni a tejer, ni a bordar porque cada tiempo libre que teníamos, mi madre nos impulsaba a estudiar. Somos cinco hermanos, tres hombres y dos mujeres, y es un orgullo para nuestra familia porque finalmente lo conseguimos. Mi hermana es profesora de matemáticas y física, ejerce acá en Antofagasta, en el Liceo A-22, y yo estudié ingeniería comercial, que fue mi carrera primaria.
¿Cómo fue la vida una vez egresada?
Hay temas que van condicionando las decisiones que uno toma en la vida. Fui madre muy joven, a los dieciséis años, por lo tanto, cuando entré a la universidad, mi hija ya tenía dos años. En ese momento decidí estudiar ingeniería comercial, asesorada por uno de mis hermanos. Fue una época de mucha entrega donde mi madre, mi padre y mi hermana fueron fundamentales en la crianza de mi hija Carolina. Mientras estudiaba, trabajaba en las noches en temas administrativos. Luego entré de lleno a la industria, siempre participando, activamente, en temas de carácter social porque para mí es inevitable. Eres parte de una ciudad, parte de una región, parte de la sociedad. Toda la problemática social es parte también de tu problemática.
¿Cómo fue ser joven, estudiando, trabajando y con una hija tan chiquitita?
Si las circunstancias ya eran complejas, la época histórica en la que crecí tampoco era la más apropiada. Cuando se es joven en dictadura, nuestro espíritu se rebela y empiezas a ser consciente de todas aquellas situaciones que son de absoluta injusticia y que no corresponden para un país.
¿En su casa se hablaba del tema?
La verdad es que no, tal como pasaba en muchas casas. La premisa en mi casa era “usted va a la universidad a estudiar, no se meta en nada, tenga cuidado”. Pero tomar esa actitud indiferente era difícil, sobre todo porque nos criaron conscientes de pertenecer a un entorno que, en esos momentos, no lo estaba pasando nada bien.
¿Fue en la universidad donde empezó a interesarse en los temas políticos?
Creo que la educación es la herramienta que rompe todo los ciclos de pobreza, los ciclos conflictivos. Y no hablo solo de una educación formal, sino de la capacidad de interiorizarse en temas que afectan a tu prójimo, a tu igual.
Si en su juventud el tema era defender las libertades individuales, ¿qué la motiva hoy en día a seguir participando en política?, ¿cuáles son los dolores de nuestra sociedad?
Hoy en día vivimos en una sociedad muy individualista, donde hay pocos dispuestos a comprometerse en una lucha por los que vienen, por los que no están, por lo que vamos a dejar a nuestros hijos, a nuestros nietos. Al menos hoy vivimos en un país en democracia, perfectible sin lugar a dudas, pero donde todos podemos manifestarnos y donde tenemos que aprender a respetar y tolerar los valores y demandas de todos.
MINERÍA Y FAMILIA
Desde que asumió su cargo como ministra, la tecnología se ha convertido en su mejor aliada. Desde donde esté, mantiene comunicación directa con su familia y, sobre todo, con su Antofagasta natal. “Mi hija ya es adulta, eso me da la posibilidad de desarrollar este trabajo de la mejor forma posible. Desde el inicio, quienes conforman mi círculo han colaborado para que todo resulte de manera exitosa”, nos cuenta.
¿Cómo fue asumir el cargo y de pronto estar frente a uno de los ministerios más importantes para la economía del país?
Creo que antes de todo, uno tiene que tener la convicción de que hará las cosas bien. Estoy convencida de que en mi rol de ministra, junto al equipo de la presidenta, somos capaces de cambiar Chile. Para mí eso es hacer buena política, entendiendo la política como filosofía de vida.
¿Y qué pasa cuando todos juzgan el trabajo que se hace?
Como confío profundamente en nuestro trabajo y tengo la certeza de hacer las cosas motivada por mis ganas de tener un país mejor para todos, entonces todo lo que puedan decir, lo escucho, lo analizo y lo acepto. Yo sé que todo proceso puede ser mejorado, que por muy complicado que parezca, si tenemos las metas y objetivos claros, podemos construir el mejor camino para llegar a ellas.
¿Es verdad que las mujeres tenemos mejor capacidad de negociación?
Es algo que está comprobado. Las mujeres desarrollamos mejor la empatía y la capacidad de funcionar en varios escenarios simultáneamente. Nuestro liderazgo está relacionado con la capacidad de dar prioridades y adaptarnos a un mundo donde, generalmente, cada paso que damos es cuestionado. Yo creo que, al fin y al cabo, cada persona, en su justa medida, va adquiriendo destrezas relacionadas con la experiencia, con la forma de mirar el mundo que nos rodea.
¿Cómo se proyecta en el mediano plazo?
Hoy en día soy ministra y es el trabajo en que estoy concentrada. Hace treinta y cinco años atrás era una mamá soltera muy joven, por quien pocos apostaban. Desde ahí en adelante todo ha sido muy vertiginoso y quizás, en algunos años más, sea el momento de bajar las revoluciones. Trato de concentrarme en el presente, porque una virtud que admiro es la capacidad de vivir cada momento, segundo a segundo. El trabajo de ministra es exigente, pero tiene grandes gratificaciones. Me siento orgullosa de estar realmente en el lugar donde puedo aportar soluciones que, muchas veces, conocí en el terreno. Todo mi esfuerzo y compromiso están orientados a hacer bien las cosas para todos quienes estamos involucrados en este sector productivo tan importante. Mientras la presidenta me necesite, yo estaré dispuesta a acompañarla, tal como lo hice antes junto a mi equipo, mi familia.
“Las mujeres desarrollamos mejor la empatía y la capacidad de funcionar en varios escenarios simultáneamente. Nuestro liderazgo está relacionado con la capacidad de dar prioridades y adaptarnos a un mundo donde, generalmente, cada paso que damos es cuestionado”.