El boom salitrero derivó en progreso: el comercio se desarrolló con vigor; tiendas de ropas, bodegas para abastecer a las oficinas salitreras, emporios de alcoholes. Taltal era el tercer puerto exportador del norte. Se construyeron muelles y la población se elevó a veinte mil habitantes.
El 16 de julio de 1865, el presidente de la república, Manuel Montt, firmó el decreto que ordenaba establecer una aduana en la caleta de Taltal, accediendo a la petición que le formulara un minero llamado José Antonio Moreno Palazuelo, más conocido con el apodo de “El Manco Moreno” de heroica invalidez: perdió su brazo en la guerra civil de 1859, luchando en los batallones de Pedro León Gallo.
Años antes, José A. Moreno se estableció en Caleta del Cobre, en la costa sur de Antofagasta. La caleta se transformó en el punto inicial de otros descubrimientos y construcción de fundiciones para trabajar el metal y venderlo a Inglaterra.
Los procedimientos burocráticos le impedían tramitar las exportaciones en Taltal, gestión que debía realizar en Chañaral. El Manco presentó al presidente Manuel Montt la solución del problema: “el gobierno funda la aduana de Taltal y yo me encargo de construir las habitaciones para sus funcionarios”. Todo calzó perfectamente. En julio de 1865, Montt firmó el decreto de la fundación de la aduana. La fecha señaló el nacimiento de Taltal.
ABONADA CON SALITRE
El crecimiento de Taltal avanzó a paso de tortuga. El salitre aceleró su desarrollo. Al interior, en plena pampa, se descubrieron yacimientos de caliche, de modo que industriales extranjeros construyeron oficinas para explotarlo. La mayor dificultad estaba en el transporte. Carretas calicheras bajaban por las quebradas para alcanzar el puerto. Fue el obstáculo más serio que debió salvar la oficina Santa Luisa, una de las más importantes del ciclo salitrero y que con el correr del tiempo se transformó en comuna.
Nadie dudaba que la solución era construir una línea férrea. Los gobiernos trataron de establecer un ferrocarril. Las dificultades avanzaron más rápido que la línea. Solo en la década de 1880, la esperanza se transformó en realidad. En 1881 se formó en Londres la compañía The Taltal Railway Co., con capitales y técnicos indispensables para una empresa de esa envergadura. A mitad de 1882, el tren avanzó al interior.
¡A BAILAR CON LA FEA!
Cerca de cien años Chile vivió la borrachera del salitre. La sal blanca engordó al mundo. Pero está dicho que la rueda de la fortuna giró hacia el lado obscuro. El invento químico de los alemanes derrotó al producto natural. El país se vino al suelo. El cierre de las oficinas dejó un ejército de cesantes. Las oficinas del cantón de Taltal, apagaron sus fuegos. También la poderosa Santa Luisa; sus obreros cantaban “las campanas ya no suenan para llamar a los obreros, ¡Oh Santa Luisa, madre de mi vida!”. Un veinte por ciento de la población huyó a otras tierras, como quien huye de la peste. El último censo marcó trece mil habitantes.