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EDICIÓN | Agosto 2014

De los Alpes a Los Andes

Mirjiam Gut, emprendedora
De los Alpes a Los Andes

Se vino a la aventura hace siete años. Primero estuvo de vacaciones en Perú y luego el destino la trajo al campo chileno, en donde vive hace siete años. Nunca más volvió a su país, pues aquí encontró sus sueños y sus esperanzas, y armó un centro turístico en su propio patio.

por Constanza Valenzuela M. / fotografía Francisco Cárcamo P.

Llegó desde Suiza a nuestra tierra sin saber las sorpresas que le depararía el futuro. Hace siete años vivía feliz en su país. Nació en Männedorf, cerca de Zúrich, pero se trasladó a Basilea donde tuvo por catorce años un puesto de flores en el mercado de la ciudad. Ahí también tomó clases de español y forjó una importante amistad con su profesora, Lily, oriunda de Perú. Es a través de esta amistad que la vida de Mirjam (51) dio un giro extraordinario.

También fue “telefonista” y azafata. De madre dueña de casa, padre ejecutivo, y con un hermano mayor con el que no tiene mayor relación, esta mujer quería conocer el mundo, y tuvo suerte, pues su profesora de castellano la invitó a su tierra peruana. Para esto, Myrjam estuvo un tiempo ahorrando, y se tomó unas vacaciones que se irían alargando. De esta manera llegaron a Lima para luego venir a Chile, directamente a la región del Maule, en donde Lily tenía una amiga muy querida a la que quería visitar. Fue en esta aventura que Mirjiam conoció al que fue su apoyo, pareja y hoy amigo y socio en nuestro país: un alemán, Klaus, que también estaba de visita en la misma casa donde llegaron las suizas. Se vieron, se conocieron y estalló el amor.

Juntos decidieron radicarse en la zona, específicamente en Rari, un pequeño pueblo del Maule, reconocido en todo Chile por su artesanía en crin, pelo de cola de caballo. A Mirjam le encantó el lugar, en pleno campo, y decidió que aquí quería echar raíces, pero para eso necesitaba trabajar en algo. Gracias a sus conocimientos para hacer exquisito chocolate, y al de su pareja en ese entonces para hacer cecinas es que decidió crear lo que hoy es Cieli.

¿Cómo partió todo?
Partió con esta casa (la suya) y con la idea de producir chocolate y jamón. Cuando cociné mis primeros chocolates hice cajas, bolsas y creé un logo. Entonces fui a venderlos a los centros turísticos de Piedra Toba y a las Tejedoras de Quinamávida, quienes me compran y hacen pedidos hasta el día de hoy. Primero, todo se centraba en comida: el jamón y el chocolate, pero eso no nos daba para sobrevivir. Así que se nos ocurrió expandir el negocio y busqué terrenos. Con la ayuda de Klaus, encontré el lugar perfecto y construimos dos cabañas ecológicas. Después ganamos un proyecto SERCOTEC para hacer el sauna, y como yo sé hacer todo tipo de masajes, levanté mi propio templo: un pequeño spa de relajación. También contamos con una piscina.

MUCHOS CIELOS

Es lo que quiere decir “Cieli” (www.cieli.cl) para esta mujer, hoy soltera y sin hijos, que con sus propias manos y con la ayuda de Klaus y de los lugareños pudo crear dos cabañas pequeñas, acogedoras, y lo más importante: construidas con materiales ecológicos.

¿Con qué materiales hicieron las dos
cabañas?

Con muros de fardo, recubiertos con revoque, una, y la otra con madera y como material aislante se usaron bandejas de huevo. La primera está equipada para tres personas. Tiene una pieza con una cama de dos plazas y con un living comedor cocina que tiene un futton. La segunda es de madera y como material de aislación se usaron bandejas de huevos. Está equipada para cuatro o cinco personas, posee dos habitaciones, una matrimonial y otra con dos camas, además de un living comedor cocina que tiene un sillón cama.

¿Cómo es el tan famoso sauna?
El sauna es un santuario de madera que funciona con paneles fotovoltaicos, y que permite disfrutar del paisaje, pues posee una ventana con vista a la cordillera.

¿Con qué se encuentra la gente que viene aquí?
Con un grato descanso, acompañado de la naturaleza, el aire puro, la relajación y un paisaje privilegiado donde la protagonista es la Cordillera de los Andes.

¿Qué tipo de gente viene?
De todo tipo, pero más chilenos. De Talca, Linares, Santiago y Concepción. Vienen en la tarde del sábado, descansan, hacen un asado y se van.

¿El objetivo que tienes pensado para tu
empresa?

Que el proyecto funcione para que Rari, que tiene esta artesanía con más de doscientos años de antigüedad, logre ser conocida a nivel mundial, potenciando a todos quienes viven en el sector.

¿Cómo te ha ido con Cieli hasta el momento?
Bastante bien. El lugar está alejado, la zona es poco turística todavía, pero a nosotros nos ha ido muy bien. Nuestro foco es tener a alguien todos los fines de semana en las cabañas.

CHILENIZÁNDOSE

Mirjam es una atractiva mujer, alta, rubia, de ojos vibrantes, profundos y risueños, y que no representa la edad que tiene, parece al menos diez años más joven. Viste sencilla con jeans, bototos y un suéter de lana, que le permite mantenerse calentita en esta fría y húmeda zona pre-cordillenara. Habla rápido y modulado, con un buen nivel de español. Es muy apasionada, creativa e hiperquinética.

Al entrar en su casa, se nota que se ha ido acostumbrando a nosotros y adoptando como suya nuestra cultura. Esta también está hecha de fardos estucados con revoque. El living, comedor y cocina están juntos en un gran espacio abierto, y en la decoración priman tejidos con lana de oveja, artesanía en crin y asientos hechos de bandejas de huevos. Es un lugar sencillo, pero muy acogedor, característico del campo. Además tiene caballos, perros y gatos que la siguen a todos lados…

¿Te ha costado adaptarte?
Creo que me he adaptado bastante bien, pese a que nuestra cultura es bien distinta a la de ustedes… Al principio lo tomé como algo entretenido, diferente. Hoy, hay algunas cosas que me molestan: nosotros somos súper puntuales en Suiza, es algo muy importante, eso no se transa. Pero acá los chilenos no tienen esa costumbre, siempre llegan tarde a todo.

¿Te arrepientes de haber dejado tu país?
No me arrepiento de haber dejado la vida en Suiza. A veces he pensado en volver, pero siempre llego a la conclusión de que la gente en Chile es más feliz. Aquí se vive más relajado, con harto espacio, más libertad, y tranquilidad. Adoro despertar rodeada de naturaleza y tener ese maravilloso paisaje en el patio. Dejar todo atrás fue un gran paso. Desarmé mi casa para cambiar toda mi vida y llevar a cabo este proyecto. Llegué con una maleta y con mi camilla de masajes. Dejé todas mis cosas en el subterráneo de la casa de una amiga. Pero ya cada vez quedan menos cosas porque cuando voy me deshago de algunas… Si volviera a vivir allá, tendría que dormir bajo un puente porque todas mis metas y mi vida están puestas en Cieli.

¿Cuál es la meta?
Lograr que todos los fines de semana las cabañas estén ocupadas. Que mi emprendimiento que tanto ha costado, crezca. Lo único que quiero es que Rari despegue y sea un centro turístico importante dentro del país. Aquí la artesanía que hacen tiene una antigüedad de más de doscientos años, es importante potenciarla, potenciar este lugar en general, para que otros lugares del sector crezcan, como Cieli, en donde están puestas todas mis energías y esperanzas.

 

“Lo único que quiero es que Rari despegue y sea un centro turístico importante dentro del país. Aquí la artesanía que hacen tiene una antigüedad de más de doscientos años, es importante potenciarla, potenciar este lugar en general, para que otros lugares del sector crezcan, como Cieli, en donde están puestas todas mis energías y esperanzas”.

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