Cuando uno habla de mosaicos lo primero que, generalmente, se le viene a la mente son esos trocitos rotos de baldosas de colores que se van juntando con pegamento para crear distintas figuras. Pero Marcia, en su taller en Rancagua, hace mucho más que eso.
por María José Pescador D. / fotografía Danny Bolívar U.
La imagen que tiene esta rancagüina de cuando era chica, es la de su madre haciendo todo tipo de manualidades, pero por sobre todo recuerda esas vasijas que con tremenda paciencia y dedicación moldeaba con arcilla. “Creo que de ahí viene mi veta artística”.
Pero esa “veta artística”, Marcia (49) la conoció recién hace nueve años atrás, porque antes de eso, y al salir del colegio, estudió programación de computadores, como una carrera a la que sus padres y ella le veían un futuro promisorio. En ese entonces, conoció a su marido y se casó. Hoy tiene dos hijos ya grandes: Alejandro (26) está terminando arquitectura en Santiago y Javier (18) pronto saldrá del colegio.
En más de veinte años de matrimonio, Marcia tuvo trabajos esporádicos que nada tenían que ver con las manualidades. Hasta que conoció a su vecina, Bernardita Viada, “porque pasé por fuera de su casa y tenía un cartel que decía que hacía clases de mosaico. Me llamó la atención y toqué el timbre”.
EL TALLER
Hacer mosaicos para Marcia no es solo una terapia. Tiene su mundo interior que nace dentro de un taller que armó hace cuatro años con la ayuda de su hijo Alejandro, que como buen arquitecto la ayudó en algunas cosas y le construyó la mesa de trabajo que ella pintó con la técnica del decapado en un azul claro.
Todo está muy ordenado: cajas con productos que va recolectando y que pueden servir para una nueva obra, las cerámicas en colores pasteles y otros más fuertes, la máquina que corta las cerámicas en perfecta forma recta, y los utensilios manuales que se usan para obtener otros tipos de corte, como un martillo que deja el material roto en distintos pedacitos y tamaños. Otro que hace cortes redondeados, también está el que sirve para hacer pequeños y específicos acabados.
En la mesa hay pedazos de lija, para pasarle a las puntas de las cerámicas, “porque la idea es que nadie se corte al tocarlas”. Además, distintos tipos de pegamentos y un bol para preparar el fragüe, el que se hace con una mezcla de polvo y agua y que se usa para tapar las hendiduras que quedan entre los mosaicos para darle un terminado perfecto al trabajo.
En otra mesa, plantas; más allá, un librero con libros de diseño y mosaicos, y más cajas con distintos materiales. En otra algunos trabajos terminados: una bandeja con manillas hechas con cuerda, posavasos, una tabla bien colorida, otro plato en donde fusionó el mosaico con palitos de madera de esos que se usan para las maquetas y encima de estos dispuso unas hojas con forma de bambú, que pegó con la técnica del decoupage.
COLORES RECICLADOS
Antes de entrar al taller de Marcia, llama la atención un mural que está en la cocina El juez del vino, y otro que hay en el nuevo quincho que construyeron una vez que compraron el sitio de al lado y agrandaron el jardín, y en donde sale una vaca gigante con un carnicero con un cuchillo escondido y que se llama El mejor corte.
¿Después de aprender lo básico cómo seguiste?
Sola, empecé a investigar por internet y libros. Soy autodidacta, me encanta eso porque me permite crear de forma más libre.
¿Qué es lo más difícil de hacer?
Los murales. Son muy trabajosos.
¿Qué es para ti el mosaico?
Es lo que me ha ayudado a tener mi propio cuento y a relajarme, pasar los malos ratos, estar feliz. Hay que tener paciencia, imaginación. Esto es como armar un puzle, pero con más técnica, cada pieza hay que trabajarla sea grande o muy pequeña. Hay que saber mezclar los colores, las texturas, los materiales.
¿A qué te refieres con mezclar materiales?
A que no uso solo cerámica. Si no que la mezclo con todo lo que encuentro: canicas, corchos, vidrio, madera, conchitas de mar, en fin, todos los restos de cosas que se puedan usar con la técnica del mosaico para darle un aire fresco y nuevo, lo guardo.
¿Cómo definirías tu forma de hacer mosaicos?
Caricaturesca. Me gusta cuando hago personajes que sobresalgan, que sean divertidos, distintos. Para el mural que está en la cocina, por ejemplo, el personaje tiene la nariz muy alargada, las manos y la quijada.
¿El material más extraño que has usado para tus creaciones?
Tengo unas bolas decorativas que tienen base de plumavit y arriba les puse mosaicos cuadrados que recorté de bandejas negras, esas donde viene la carne envasada. Y no parece que fuesen de ese material…
¿Haces clases?
Sí, claro. Quien quiera puede venir a aprender este maravilloso oficio y mezclarlo con otras técnicas, ahí está la clave y la gracia: innovar. marciaartetalle@hotmail.com
¿En qué estás ahora?
Estoy aprendiendo la técnica del telar, pero se viene también un taller de vitrofusión, me encanta trabajar con vidrio, y justo ahí en la que era la parrilla de este ex quincho, quiero poner mi horno de trabajo…
“Mezclo la cerámica con todo lo que encuentro: canicas, corchos, vidrio, madera, conchitas de mar, en fin, todos los restos de cosas que se puedan usar con la técnica del mosaico para darle un aire fresco y nuevo, lo guardo”.