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EDICIÓN | Agosto 2014

Renacer

Maribel Tabilo, artesanía en madera reciclada
Renacer

Lo que sería desechado como escombro fue lo que, literalmente, le devolvió la vida a esta profesora de arte. Sumida en una difícil etapa personal, encontró en la madera reciclada no solo un elemento noble para representar nuestras raíces; en ella descubrió la posibilidad de rearmarse y, más aún, de volver a nacer.

por Verónica Ramos B. fotografía Patricio Salfate T.

Pómulos prominentes, labios gruesos y ojos entreabiertos surgen con trazos delineados que van dando forma a una imagen recurrente, entre las innumerables creaciones de Maribel Tabilo. Es la mujer indígena, el ícono desus representaciones y en ellas, refleja su apasionado mundo interior, que la han hecho acreedora de una técnica poco usual.

Hace más de cuatro años que Maribel encontró, en esta manifestación artística, una oportunidad para dar vida a la madera y, con ello, la necesidad de reencantar su espíritu creativo… ese talento innato que, por un largo tiempo, se había estancado, producto de una depresión.

“En la casa de mi madre estaban sacando la madera del piso, para cambiarla por cerámica. Las tenían todas arrumbadas para luego botarlas. Me di cuenta de que era madera noble y que a pesar de que habían soportado más de cincuenta años, estaban en buenas condiciones. Las tomé y comencé a experimentar con ellas. En ese momento pensé en darles vida y lo comparé con lo que me estaba sucediendo a mí”, comenta Maribel.

¿Sentiste que debías renacer, al igual que esa madera?
Así fue. Estaba pasando por un período muy difícil… llevaba casi dos años de inactividad y me había desvinculado completamente del arte. Encontrarme con la madera significó rearmarme y darle un sentido a mi vida, a la creatividad y a expresar todo lo que en mí se había quedado dormido. En definitiva, volví a nacer.

MUJER INDÍGENA

Al terminar su educación media en Antofagasta, se trasladó a La Serena, por una decisión familiar. Sus padres eran dueños de una fábrica de yeso, de manera que mientras estudiaba pedagogía en arte en la Universidad de La Serena, se dedicó también a la policromía.

Al egresar, se dio cuenta de que sus intereses iban más por hacer arte que por enseñar.

Trabajó un tiempo haciendo murales de cerámica y, más tarde, mosaicos. Hasta que, finalmente, la madera llegó a sus manos y nunca más la abandonó.

La mujer es recurrente dentro de tu temática ¿por qué?
La mujer indígena, con sol, flores, frutas, rodeada de naturaleza y abundancia, es la temática que más me representa y es así porque me nace. Todo lo que hago en mis cuadros es lo que soy y es creación propia… me cuesta mucho hacer algo por encargo.

¿Planificas tu trabajo antes de tallar?
La verdad es que no. Lo que hago es juntar la madera y armar las bases para mis cuadros. Cuando llega el momento de crear, miro la madera y me imagino diferentes elementos… el sol, la luna, un cultrún, flores, una mujer… luego la tallo y después viene el proceso de pintar.

¿Qué tipo de pinturas utilizas?
Todas las pinturas son al agua, utilizo acrílicos, témperas o pigmentos y tierras de colores. Lo especial es que, al terminar este proceso, lo sello con un vitrificado y eso hace que perduren en el tiempo.

¿Te resulta fácil conseguir la madera?
Hay gente que me da los datos; por ejemplo, cuando están desarmando una casa, voy y la reciclo. La mayoría de las veces me la regalan.

¿Tienes pensado ampliar el formato de tus obras?
En estos momentos, mi trabajo está abocado a la elaboración de cuadros y marcos de espejos, esto es lo que forma parte de mi taller “Artesanías Katari”. Más adelante, me gustaría incorporar la pintura y tallado en cubiertas de mesas, en puertas u otro tipo de mueble.

¿Y tu lugar de inspiración?
Mi gran proyecto hoy, y que me tiene muy contenta, es la adquisición de un terreno en el sector de Las Rojas. Allí estará mi nuevo taller y será mi espacio de poder. Siento que todo lo que quiero entregar fluirá con mayor ímpetu porque es un lugar hermoso.

PARTE DE TODO

A través de sus maderas talladas —en distintas formas y dimensiones— no solo ha podido representar a los pueblos indígenas de nuestro país, además, ha tenido la posibilidad de ser una de las seleccionadas de esta región, para exponer su arte en ferias de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI). “En tres ocasiones me han invitado a participar de estas ferias, una oportunidad que me enorgullece, porque he podido conocer a mucha gente interesante que, al igual que yo, muestra a través de sus obras, el amor a nuestros orígenes y la pasión por la naturaleza”.

¿Qué te motiva a representar nuestras raíces?
Yo me siento una mujer indígena. Mis padrinos son bolivianos y cuando viví en el norte, siento que aprendí y absorbí mucho de la cultura aymara y quechua. Cuando llegué a La Serena me interesé, también, por conocer sobre los diaguitas. Hace un tiempo, recibí la certificación mapuche, gracias al origen de mi apellido, que en mapudungun significa “gran serpiente”. La verdad es que me siento parte de todo… creo en la cosmovisión, amo la tierra, el sol, el viento…

¿Sientes que la gente se identifica con tu arte?
Creo que, cada vez más, las personas valoran la nobleza de nuestros materiales, como la madera, piedra o tierra. El rescate de lo rústico está tomando mayor fuerza y eso habla de una conexión más profunda del ser humano con la naturaleza.

 

“La mujer indígena, con sol, flores, frutas, rodeada de naturaleza y abundancia, es la temática que más me representa y es así porque me nace”.

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