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EDICIÓN | Agosto 2014

Capítulo 9, Tratamiento de fachadas

MÉXICO

José Pedro Vicente Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago. www.josepedrovicente.cl

Para muchos, las fachadas de los edificios se transforman en un velo que cubre su propia estructura de hormigón. Es decir, un esqueleto que se resuelve prácticamente del mismo modo en todas las edificaciones, y que luego, como proyecto, adquiere su propia identidad a partir de los vidrios que lo envuelven. Estamos hablando, entonces, de un antifaz que se escoge dentro de las alternativas que ofrece el proveedor de “muros cortina” y que, como su nombre lo indica, pretende esconder lo que sucede detrás de sus ventanales.

Prueba de esta simpleza —dentro de las complejidades que significa hacer un edificio— podemos constatar una misma fachada para cada una de sus cuatro caras, siendo que, y al menos en Chile, el poniente se caracteriza por un sol intenso y perseverante a diferencia de la orientación sur que se mantiene sombría, húmeda y helada. Dos escenarios diametralmente opuestos para una misma solución, en un mismo edificio. Como broche de oro, en muchos edificios tampoco se puede abrir las ventanas, por lo tanto, la ventilación no es una alternativa.

¿Para qué invertir horas hombre en inventar o proponer un tratamiento que se haga cargo del problema, si el gasto se le puede endosar al futuro propietario? Todo está en manos del aire acondicionado y la calefacción. Da lo mismo que los microbios y bacterias queden encapsuladas entre las cuatro paredes donde se encuentra el capital humano. Sigamos transformando nuestros edificios “inteligentes” en caldos de cultivo que empeoran nuestra calidad de vida y que fomentan un mayor consumo energético. Lo que importa es que se hagan edificios y que se vendan rápido.

En síntesis, se están ejecutando muchas edificaciones mal concebidas para luego tener que hacerse cargo del problema, es decir, dejamos pasar el calor al interior del proyecto para luego gastar recursos en enfriarlo, o a la inversa. El edificio ubicado en la calle Homero del barrio Polanco, Ciudad de México, demuestra justo lo contrario. Por un lado deja claro que se entienden las consecuencias al interior del edificio según la exposición de cada fachada, y por otro, evidencia que no es poco rentable darle el tiempo necesario al diseño e implementación de la fachada. Algunas necesitan la mayor cantidad de transparencia e iluminación posible, y otras, mejoran las condiciones interiores tamizándola con una doble piel. Por su parte, la cubierta es entendida como una quinta cara expuesta a las condiciones medioambientales donde, además, se pueden devolver algunos metros cuadrados de área verde que hayan sido mitigados producto de la implantación del edificio.

Esto no es otra cosa que el reflejo de las palabras de don Pedro Serrano, quien señala que “no existe la arquitectura sustentable, solo existe la buena arquitectura”, es decir, un tratamiento de eficiencia energética no es sinónimo de utopías “verdes”, sino una respuesta responsable a las variables del lugar. Como arquitecto, no puedes entregar una edificación en la cual, para que se desempeñe medianamente bien, el funcionamiento diario del aire acondicionado sea una obligación. De esto nace, junto con la solución al problema, una oportunidad para entregar la identidad al proyecto. La respuesta responsable a las variables del lugar logra individualizar a cada edificio.

PD: No más Copy/Paste.

 

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