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EDICIÓN | Agosto 2014

Me declaro

Por Carolina Arias Salgado www.bazarlapasion.cl info@bazarlapasion.cl Ilustración: María de los Ángeles Pradenas M.
Me declaro

Una palmera que balancea sus largas ramas con el viento es el paisaje a través de la ventana. Una palmera que a pesar de la estación se mantiene siempre verde. Aún no me atrevo a abrir la puerta del balcón para mirar el mar, algo tan habitual en mi rutina.

No, no lo necesito, creo que lo escucho. Una palmera que se balancea y el sonido de las bocinas de los barcos que entran y salen del puerto ha sido mi único contacto con el exterior desde que llegaste. No hemos salido de nuestra pieza, escasamente recorrimos la casa y te mostramos sus espacios el día que entraste, hemos evitado las visitas, a pesar de los muchos que quieren darte la bienvenida. Es que siento que no estamos listas.

El día que llegaste estábamos preparando las energías de nuestro hogar para recibirte en unos días más con los brazos bien abiertos. Al parecer, nuestro ritual te gustó tanto que quisiste estar con nosotros de la manera más intensa y rápida posible. Las horas siguientes fueron tan extrañas y bruscas que las recuerdo difusas. Todo eso hasta que nos miramos fijamente. Te confieso que tenía mucho miedo, sabía que de alguna manera nos conocíamos pero he escuchado tantas veces que la primera impresión es la más importante que no quería defraudarte. Tampoco sabía qué iba a sentir yo por ti, y eso me aterraba. Afortunadamente somos animales instintivos, de piel, de olor. Porque animalescamente te amé tan profundo que me arrepentí mil veces de haber dudado.

Pasan los días y con cada gesto provocado por un impulso reflejo, me siento más conmovida. De pronto me doy cuenta que puedo pasar horas observándote, que no hay tiempo más preciado que este. Que días antes de conocerte corría velozmente para terminar cada uno de mis cuentos. Vuelvo atrás y compruebo que todo vale la pena. Vale mil veces la pena los hematomas en mi cuerpo por las agujas que buscaban mis venas escondidas, vale mil veces la pena los meses de desvelo antes de tu llegada, vale mil veces la pena el dolor agudo, vale mil veces la pena las horas de vigilia cuidando tu sueño. Todo, absolutamente todo, vale la pena con tal de que me permitas permanecer a tu lado. Augusta, vida mía, humildemente te declaro mi amor y te agradezco que seas mi mejor historia.

 

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