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Entrevistas

EDICIÓN | Agosto 2014

Energía cósmica

Rafael Tirado, Laberinto Wines
Energía cósmica

Reconocido por su experiencia y sus excelentes vinos en Chile y el mundo, hoy lo que fue una locura es más bien un proyecto consolidado que no deja de llamar la atención: las parras de la viña de Rafael Tirado están dispuestas en forma de laberinto. Única en Chile, rompió con todos los paradigmas de la viticultura. En estas páginas, la historia de un loco genio.

por Constanza Valenzuela M. y María José Pescador D. / fotografía Francisco Cárcamo P

Seguramente lo tildaron de loco. Quizás dijeron que su extraña idea le traería solo malas cosechas y vinos pobres… Quién sabe todo lo que habrán dicho de este ingeniero agrónomo y enólogo de la PUC, de tremendos ojos cristalinos, pelo semi largo y desordenado, y con una personalidad que él mismo reconoce como “fuerte y perseverante”.
 
Y es que no podía ser de otra manera. ¿A quién se le hubiese ocurrido hacer un laberinto con las parras de su viña? Menos por allá por los años noventa cuando el tema del vino en Chile era solo una cosa de pocos. Pero Rafael (48) fue un visionario, y asegura que le gusta romper las reglas, innovar. Un apasionado que no se deja llevar por “el qué dirán”, y que siempre ha tenido sus metas claras. A lo mejor, su actitud de querer diferenciarse del resto, proviene del hecho que tiene un hermano gemelo idéntico, Enrique; ambos son los menores de nueve hermanos y, según cuenta, ni su padre puede diferenciarlos. Por otro lado, los mueven las mismas cosas, aunque nunca han trabajado juntos. Enrique también estudió lo mismo, en la misma universidad y hoy trabaja en la viña Concha y Toro.
 
VIAJES DE EXPERIENCIA
 
La vida de este enólogo siempre estuvo ligada al Colbún, ya que aquí veraneaba la familia. Tenían casa en pleno campo de esta zona cuando aún ni siquiera existía el lago. Años después fue aquí donde conoció a su señora,Heidi, quien también tenía casa en el lugar. Así, al titularse en 1993, se casó y le propuso a su suegro, George Andresen, plantar parras en un terreno de media hectárea, con el fin de hacer vino para consumo familiar.
 
Paralelamente, Rafael trabajó en la Viña Terranoble, en donde tenía un asesor francés, Henry Marionnet, lo que le permitió ver el trabajo de vendimias en España y en el país galo. Luego de cuatro años aquí, emigró a Veramonte, donde estuvo por diez años trabajando codo a codo con el dueño, Agustín Huneeus, quien tiene viñas alrededor del mundo, principalmente en Napa, California, Estados Unidos
 
¿Qué pasaba por mientras en la viña familiar?
Siempre pensé que este era mi sueño y que algún día me dedicaría a él, pero no antes de cumplir diez años, ya que el proyecto tenía que madurar. Antes de diez años no se puede lograr un vino de alta calidad. Pero media hectárea era muy poco, así que rápidamente plantamos dieciocho, lo que ya era un buen volumen para poder hacer algo más interesante. Aquí hoy se hace Sauvignon Blanc, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y Merlot.
 
En general, las viñas de la zona están en Melozal, porque hay un clima más seco, pero esta es la única viña en el lago, con un clima muy diferente…
Sí, es la única viña, pero antes había otras ahí que desaparecieron o se ahogaron con la llegada del lago….
 
¿Por qué eligieron ese sector para plantar?
Cuando llegué a ese lugar, venía saliendo de la universidad, vi mucha luminosidad, clima seco, fresco, de noches muy frías, suelos pobres y en pendiente. Eso era lo que te decían siempre que era lo mejor para hacer vino. Entonces, cuando reconocí que existía todo eso ahí, me pareció el lugar perfecto. Estaban todas las condiciones dadas.
 
¿Fue una apuesta muy arriesgada?
La idea de desarrollar esto en Colbún fue la de hacer algo extremo. En Europa se planta en situaciones mucho más extremas de suelo y de pendiente, algo que en Chile aún no se hacía cuando nosotros empezamos la viña. Acá estamos súper favorecidos por el suelo y el clima que tenemos, pero a pesar de eso, antes se privilegiaban las superficies planas. Hoy es distinto, las cosas han cambiado, pero nosotros quebramos las reglas hace veinte años, años en los que plantar en condiciones extremas y aisladas, no era normal.
 
EL TEMPLO
 
“El trazo circular de los viñedos simboliza totalidad, unidad y complejidad de aromas y sabores que se expresan en el vino”. Esa es la frase con que el sitio www.laberintowines. cl recibe al lector. ¿Por qué hacer una viña como todas las demás? ¿Por qué seguir los trazos rectos, la uniformidad? Es lo que se preguntaba Tirado, el año 2002, cuando empezó a pensar en hacer de este proyecto el sueño del propio vino ya más como un tema comercial. En un principio, el proyecto se llamó “Ribera del Lago”, pero hace cuatro años el nombre cambió a “Laberinto”, que significa: “Templo a la Entrada del Lago”.
 
¿Por qué querer cambiar las reglas?
Quería hacer un proyecto más extremo, con una personalidad distinta y cuando comencé a plantar pensé que en Chile se estaba haciendo todo muy lineal y yo quería romper con eso. De esta manera, plantamos en distintos lomajes con la idea de obtener diferentes orientaciones, entonces empecé a experimentar y se me ocurrió plantar en curvas, porque así va cambiando la exposición del sol y el viento hacia la uva, consiguiendo que la fruta del principio de la hilera resultara diferente a la que está al final. Así lo hice, y después las curvas se transformaron en círculos. De esta forma se aprovecha toda la diversidad.
 
¿Por qué laberintos?
De repente pensé: ¿Por qué no planto unos laberintos? Y empecé a jugar con este tema. Cuando investigué el significado de todo esto, me di cuenta de que había una historia tremenda detrás; todo un tema psicológico: cuando uno entra en un laberinto pasan muchas cosas, la mente se va despejando, empieza un periodo de transición que se extiende hasta llegar al centro, en donde está lo más quieto, en donde se concentra toda la energía. El lugar se vuelve perfecto para meditar y para la contemplación.
 
¿No te dijeron que era una locura…?
¡Siempre! Es verdad que la idea fue una locura, pero una locura que en la práctica se ve hermosa. Lo más importante es que fue un trabajo a pulso y Heidi fue un apoyo muy importante. Ella participó muy comprometida junto al resto del equipo, que en un principio no entendía nada. Pensaban que me había vuelto loco. ¿Plantar en redondo?, me decían. Así con cuerdas marcaban las hileras para saber cómo iban a ser distribuidas las curvas y en qué puntos exactos se debía plantar. 
 
Hicimos dos laberintos uno con Sauvignon Blanc y otro con Semillón.
 
Los laberintos son una réplica de los que hay en la Catedral de Chartres de Francia, construidos en 1220. ¿Por qué la elección?
La figura de este laberinto me gusta mucho, su simetría y los círculos hechos a la perfección era lo que buscaba al plantar el viñedo, porque de esta manera podía conseguir que todas las plantas estuviesen expuestas en los distintos tiempos del sol. Aunque en otros tipos de laberintos también hubiese podido lograrlo, pero este me parecía más ordenado dentro de lo “desordenado” que es hacer una plantación de esta índole. Chartres es un laberinto sin posibilidad de equivocaciones: no tiene caminos sin salidas, no causa temores, es un laberinto para disfrutar caminándolo.
 
¿Tiene las mismas proporciones?
Es la misma figura, tiene las mismas vueltas y recorridos.
 
¿Crees en el tema de la energía cósmica y los mandalas?
Sí, claro. Creo que estamos rodeados de muchos tipos de energía que no conocemos y no sabemos manejar, por lo que estudiarlas y trabajar con estas puede ser algo muy interesante.
 
¿Cómo son las vendimias?
Los trabajadores se vuelven un poco locos cuando tienen que aplicar azufre, cuando hay que podar, deshojar, todo… Pero igual se ríen de los famosos laberintos.
 
Cabe destacar que el laberinto de la Catedral de Chartres es el más famoso del mundo, y fue hecho con el fin de que tuviera un fuerte poder religioso. A pesar de tener un laberinto de arbustos en el patio trasero, este no es el que llama la atención. El que ha sido tema de estudios e investigaciones es el que está dibujado en el pavimento de la nave central del templo. En este se hacían peregrinaciones de rodillas hasta llegar al centro, y se cree que tiene un profundo sentido de simbologías filosóficas; de hecho, fue creado, entre otras cosas, de manera perfecta para reconocer  los ciclos lunares.
 
LA RUTA ALTO MAULE
 
Las primeras ventas que Laberinto Wines realizó fueron en 2010, con un tinto que fue cosechado en 2006 y un blanco de 2007. Con este último, Rafael rompió el paradigma de que los vinos blancos no evolucionaban bien en botella, ya que, en general, las viñas no los guardaban en este envase por más de un año.
 
Pero él “sentía y creía que podían durar más y así mejorar”.
 
Eso lo llevó a mostrar un vino blanco de tres años de guarda que fue reconocido por los críticos nacionales e internacionales como uno de los mejores de Chile. Así lo declaró Patricio Tapia en la edición 2012 de Descorchados, Guía de Vinos de Chile, que le otorgó el título de Mejor Blanco Nacional. Además de ser nombrado como el mejor blanco de Chile el 2010 por el reconocido inglés Tim Atkin, Master of Wines, juez y periodista.
 
¿Cuál es la meta?
En la actualidad generamos veinticinco mil botellas, pero quiero llegar a cincuenta mil al año. Idea que me gustaría concretar dentro de los próximos dos o tres años. Hoy estoy haciendo más esfuerzos comerciales...
 
¿Proyecciones?
Consolidar un poco más el lugar, y en eso estoy trabajando con más gente, ya que queremos desarrollar la “Ruta del Alto del Maule”, pero para eso tenemos que crearla, necesitamos caminos, hoteles, gastronomía, en fin… Ahora toda la energía está puesta en que el turismo sea un bien importante para la zona.
 
 
 
“Quería hacer un proyecto más extremo, con una personalidad distinta y cuando comencé a plantar pensé que en Chile se estaba haciendo todo muy lineal y yo quería romper con eso”.

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