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Columnas » Pilar Sordo

EDICIÓN | Agosto 2014

Día del niño

Día del niño

Ojalá en estas fechas entendamos que lo esencial no pasa por lo comercial y que el amor no puede ni debe transitar por la cuenta corriente, sino por hacerles ver a los niños que estos días son para homenajearlos.

Tal vez la expresión que mejor caracteriza a esta generación de padres sea “queremos que nuestros hijos sean felices", frase engañosa, por cuanto nos lleva a confundir felicidad con alegría. Si los niños no están contentos las veinticuatro horas del día, si no sonríen todo el tiempo, nos angustiamos y nos preocupamos mucho.

Es tan absurdo todo esto, porque preferimos que sonrían aun cuando sabemos que los estamos intoxicando con comida chatarra, pues nos falta voluntad para que hagan el esfuerzo de comer saludable; y por lo tanto, evitamos pasar un mal rato intentando que mastiquen su comida. A cambio les damos cualquier porquería para que nos evalúen bien, no se enojen con nosotros y nos encuentren “buena onda”. Tenemos una generación de niños obesos y nos importa un carajo, nos da lo mismo que tengan presión alta a los doce años, colesterol de un hombre de setenta años, porque como no se enojan con nosotros está todo bien.

Es tanto el miedo a la mala evaluación que, seguramente, habrá muchos papás y mamás que en este Día del Niño se endeudarán para hacerles sentir que desde la compra les estamos demostrando cuánto los queremos. Entre “el enredo” de querer que sonrían todo el día, y que la felicidad y el amor se expresan comprando cosas, estamos cada vez más perdidos y, lo que es peor, les trasmitimos a nuestros hijos que lo que más amamos pasa por “el tener” y no por el ser. Hay tantas maneras de hacerle sentir a un niño que es su día y que lo amamos profundamente.

Les podríamos escribir una carta para expresarles lo que ha sido la vida junto a ellos; les podemos cocinar algo rico en casa e invitar a la familia; llevarlos de paseo a un lugar natural donde corran y hagan ejercicio; decirles muchas veces que lo amamos; armar un collage con las fotografías desde que nacieron, etc. En todas esas opciones se gasta muy poco dinero y se hace algo desde el corazón y no desde la billetera.

Lamentablemente, creo que a muchas familias les va a terminar ganando la angustia de sentir que si no compran algo no están celebrando como corresponde, y así les seguimos transmitiendo a los niños que los afectos pasan por el dinero. Se tenga mucho o poco, la presión parece ser la misma y los padres que no tienen medios económicos se sentirán injustamente culpables por no poder llegar a un estándar. Ojalá en estas fechas entendamos que lo esencial no pasa por lo comercial y que el amor no puede ni debe transitar por la cuenta corriente, sino por hacerles ver a los niños que estos días son para homenajearlos. Son sentimientos más profundos que los regalos y que esas mismas conductas son válidas para todos los días y no solo para que el comercio se mantenga activo durante el año. Amar a los hijos, contenerlos y, sobre todo, darse tiempo para escucharlos desde el alma… ese parece ser el mejor regalo.

 

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