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Reportaje » Recorriendo

EDICIÓN | Julio 2011

Los alpes chilenos

Hostería La Suizandina, IX región

Mucho se asocia el sur de Chile con los colonos alemanes llegados en el siglo XIX. Pero hay una colonización mucho más reciente, del año ‘98, que bien vale la pena conocer: el rinconcito suizo de cincuenta hectáreas que creó Thomas Buschor cerca de Malalcahuello y que desde este año administra un matrimonio chileno suizo. Acá podrás mirar por la ventana e imaginar que estás en el medio de Los Alpes, mientras un exquisito kuchen de piñones te recuerda que estás más cerca de tu hogar de lo que pensabas.

por Monserrat Quezada L. / fotografía Sonja San Martín D.

Cuando fuimos al sur con la promesa de una "aventura con perros de trineo", no imaginamos hasta qué punto realmente lo sería. Partimos por la Panamericana Sur rumbo a nuestro destino y al llegar a Victoria, tomamos la salida de Curacautín/Lonquimay, transitando sin novedad por un camino en buen estado. Según habíamos leído en las precisas indicaciones de la página de La Suizandina (www.suizandina.com/es/), por esta ruta se puede apreciar un hermoso paisaje enmarcado por los volcanes Llaima, Lonquimay, Tolhuaca y Sierra Nevada, pero con el cielo nublado no pudimos verlo en todo su esplendor, lo que nos hizo pensar en que también es un buen destino para primavera y verano. Aprovechamos de cargar el auto con bencina en Curacautín, siguiendo obedientemente las instrucciones, para después seguir el camino pavimentado hacia el este en dirección a Lonquimay. Media hora después estábamos en la hostería La Suizandina.

Allá nos reciben Ivana Sranz y Sergio Pérez, quienes desde febrero de este año llevan el negocio. "Tom Buschor, fundador de la Suizandina, pasó a formar parte del directorio de la empresa como socio no ejecutivo, manteniendo una labor de asesor corporativo quedando con una participación minoritaria de la propiedad hotelera y una mayoritaria de los terrenos circundantes (parque de 50 has.)".

Ivana es suiza de nacimiento y vivió hasta hace siete años en ese país, es kinesióloga de la Universidad de Chile y fisioterapeuta de la Universidad de Zurich. Amante del deporte equino, imparte clases de equitación, practica rienda internacional, amansa con la técnica de la doma racional y organiza expediciones y cabalgatas. "Vive por y para los caballos", cuenta Sergio. "En mi caso soy MBA e Ingeniero Comercial, trabajé quince años en la industria del retail y en paralelo, soy socio fundador del hostal para backpackers EcoHostel en Santiago desde hace siete años. Viví y trabajé un par de años en Italia, practico montañismo y soy un fanático esquiador, incluso soy ex patrulla de ski del Colorado-Farellones, actividad que realicé por más de diez años".

HISTORIA SUIZO-CHILENA

Llegada la noche, nos reunimos en el comedor y saboreamos el pasado de este lugar con unos raviolis rellenos con salmón y un excelente vino.

Según nos cuenta Sergio, el año 1998, Thomas Buschor y su esposa compraron este terreno de cincuenta hectáreas. "Ellos estaban haciendo un viaje desde Canadá hasta Tierra del Fuego en bicicleta, que son como 28.500 kilómetros. Siempre tuvieron la idea de encontrar el lugar ideal, y como les gustaba lo natural y la montaña, les agradó mucho Chile, y se enamoraron de este terreno verde y tranquilo". En ese momento había una casa antigua, la que ahora es la casa principal, y que en el sector del comedor recuerda a su antepasada con fotografías de esos años. "Ellos mismos empezaron a remodelar la vivienda, limpiar el terreno y reforzar unos galpones que habían atrás".

¿Y siempre fue su idea instalar una hostería?
No lo tenían bien claro, pero en el camino se dio la oportunidad de hacer algo que incluyera alojamiento, porque acá no había mucho, aparte de las termas de Manzanar y unas pocas cabañas. Entonces, otros extranjeros que pasaban por acá se enteraban de que había un europeo y se contactaban. Se hicieron redes con otros turistas a quienes les interesaba conocer este paisaje y así se empezó con el camping. En nuestro caso, siempre fue un objetivo de vida. Monté el Ecohostel para aprender del negocio, el año 2000 estuve en Aysén para evaluar la zona y el 2009 comencé explorando la Araucanía Andina. Por su parte, Ivana siempre quiso tener su propio establo y organizar sus expediciones.

Iván cuenta que el recibimiento de la gente ha sido bueno desde el principio y, de hecho, ha ido en aumento, por lo que han debido ampliarse. En el año 2004 se construyó otra cabaña que tiene capacidad para dieciocho personas, y el espíritu innovador de Thomas lo llevó a levantar una cabaña hecha de fardos de paja con techo verde que, en un principio, fue concebida como su casa, y donde en estos momentos viven Sergio, Ivana y su pequeña hija Clara, de casi dos años. "Hay una nueva casa que se llama Vista Hermosa que también está construida con Techo Verde pero es de hormigón alveolar. Esta es para huéspedes".

LA RICA SUIZA

Uno de los aspectos que más llama la atención al hospedarse acá es el culinario. "Como Tom Buschor es repostero, le dio mucho énfasis a la gastronomía y quiso ir acercando ambas culturas a través de los sabores. Los huéspedes lo agradecen mucho", comenta Sergio, "además, ahora vendrá a trabajar con nosotros un chef suizo".

Así fue como al día siguiente -después de la cena de raviolis con salmón-, pudimos disfrutar de un desayuno continental con casi todo hecho en casa: mermelada de membrillo y mora, jugos naturales de arándano y mora, muffins, müesli, yogur e, incluso, el pan, además de frutas, té, café, leche, todo de la mejor calidad.

Además, en la noche degustamos una raclette, queso suizo fundido con acompañamiento de papas, pepinillos y berenjenas escabechadas, también preparadas en casa. A esto se le agregaba un condimento suizo especial para raclettes, que bautizamos como "la especie mágica secreta".

"También ofrecemos fondue de queso; rösti, que es una tortilla de papa rallada; y otro que se llama knöpfli, parecido a los ñoquis. Esas son las comidas típicas suizas que combinamos después con alimentos chilenos, como el churrasco", cuenta el dueño.

Lo cierto es que cualquier bocadillo que probáramos durante nuestra estadía, era una fiesta para el paladar, como el chocolate caliente, los muffins, unos tubitos con miel de distintos sabores, tarta de manzanas y el mencionado y ultra recomendable kuchen de piñones, mezcla perfecta de ambas culturas. "Este año estamos en contacto con comunidades pehuenches para comprar piñón directamente de ellos, desde sus veranadas".

AVENTURAS ANDINAS

Hay "mucho invierno por hacer" en la Suizandina. Está el centro de esquí Corralco, del que se dice que, por su exposición -hacia el suroeste- recibe poco sol, lo que la convierte en una de las mejores nieves del sur de Chile. Además, se mantiene nevado hasta mitad o fines de septiembre y el camino está siempre despejado.

Por otro lado, hay tres termas cerca: las de Malalcahuello, que quedan a cuatro kilómetros, las de Manzanar (al aire libre), a diez kilómetros, y las de Tolhuaca, que quedan cerca del Parque Nacional del mismo nombre a una hora y media. Pero hay dos actividades que son las que vinimos a experimentar exclusivamente: caminata con raquetas y mushing.

Después de una excelente noche en una cama que no necesitaba más que un plumón estilo europeo para llegar a la temperatura perfecta (mientras afuera el termómetro se acercaba al grado 0), nos despertamos para la primera aventura.

El primer día nos encaminamos a Corralco. Nos bajamos del jeep y nos pusimos las "raquetas" en los pies. Éstas son una especie de platos plásticos que se amarran con tiras y que permiten caminar sobre la nieve sin enterrarse tanto. De hecho, probamos cómo sería caminar sin ellas y la nieve nos llegó más arriba de las rodillas.

Flotamos "a paso de pato" por un bosque de araucarias. El sol reflejado en la nieve y el aire lleno de oxígeno liberado por estos añosos especímenes de nuestro pehuén, nos colmó los pulmones, el alma y el pensamiento con lo natural, con nuestras raíces.

Después de este gran momento, vino el relajo: tirarnos en airboard por las lomas nevadas. Es una especie de bodyboard inflado que permite alcanzar gran velocidad viajando a ras de suelo. Las infaltables caídas y las carreras llenaron el aire de carcajadas.

El segundo día fue el turno de la aventura en serio. La tormenta que escuchábamos y veíamos por la ventana no anunciaba nada bueno. Konrad Jakob, el guía de la agencia IX Región (http://www.novena-region.com/), dueño, entrenador y criador de los perros siberianos, nos comunicó que deberíamos ascender a 1.600 metros para encontrar el lugar donde la lluvia se convierte en nieve y así tener condiciones óptimas para andar en trineo.

Nos subimos a su jeep, que arrastraba el carro donde se trasladaban los diecisiete siberianos. Luego de un difícil ascenso, que incluyó cadenas y muchas bajadas a despejar el camino con pala, decidimos dejar el auto y subir con el motor que realmente queríamos: los perros.

Luego de recibir algunas órdenes básicas sobre cómo frenar y manejar a los canes, los bajamos y situamos en sus posiciones. Cada uno en una específica, por cierto, donde rendían más. Igual que jugadores de fútbol.

Debajo de esa tupida nieve, ellos eran los reyes. Estaban inquietos por salir corriendo de inmediato, por lo que no quisimos hacerlos esperar más y partimos. La sensación es indescriptible. Debe ser parecido a lo que siente el viejo pascuero viajando por el polo norte.

Como aún estábamos en subida, debíamos ayudar a los perros con el pie, pero no demasiado, porque su fuerza y ganas de trabajar eran impresionantes. La bajada fue mucho más fácil y hecha para disfrutar del paisaje. Un fluido desliz por un paisaje invernal perfecto.

 

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