El Valle del Cachapoal se sitúa en la cuenca de Rancagua, y aunque muchos no lo conocen, tiene un paisaje cuya belleza impresiona. Aquí conocimos las localidades de Doñihue con sus chamantos y el tradicional chacolí, San Vicente de Tagua Tagua con su plaza, sus iglesias, el pueblo de Zúñiga declarado zona típica y pintoresca. Además, visitamos Pichidegua con sus centenarios molinos de agua, y una de las viñas más reconocidas de nuestro país y del mundo.
Por María José Pescador D. Fotografías: Danny Bolívar U. y Pablo Mardones S.
Empezamos nuestro recorrido por las tradiciones y la historia. Tomando la carretera 5 Sur, nos desviamos hacia Doñihue, comuna de la sexta región que está a poco más de media hora en auto desde Rancagua. Allí visitamos las famosas chamanteras, sí, las mismas que le hicieron el chamanto al Papa Juan Pablo II. El barrio en donde viven las artesanas se llama Camarico, una de las localidades más antiguas de la comuna, donde se concentra la actividad artesanal del pueblo; es importante señalar que la chamantería es una tradición patrimonial que se transmite de generación en generación.
Con una sonrisa que devela el gran orgullo de mantener las tradiciones de su pueblo y de su familia, nos recibe en su casa Filomena Cantillana, presidenta de la Agrupación de Chamanteras que une a cuarenta de estas artesanas. La labor de doña Filomena nos deja, a mí y a Danny (fotógrafo), con la boca abierta. Coloridos fuertes, mezclados en sintonía, elegancia, calidad, un trabajo manual de diseño tremendamente complejo, laborioso y que requiere de muchísimo tiempo, dedicación y paciencia. Dibujos de flores, hojas, frutas y otros adornan artísticamente esta pieza elemental de la vestimenta de todo huaso. Hechas a telar en lana o hilo, están urdidas en cuatro capas, presentando dos caras. En una de estas domina un color más fuerte y oscuro; por contraste, su listadura y labores son de matices claros, orden que se invierte en el reverso. Todo este trabajo es rodeado por una huincha con los motivos centrales. Al ver cómo se realiza esta actividad nos damos cuenta de que el valor de cada una de estas prendas va mucho más allá del dinero.
Seguimos camino, junto a nuestra anfitriona, la encargada del Sernatur de la Municipalidad de Doñihue, Romina Soto, quien nos llevó a ver una bodega en donde se hace el famoso y tradicional Chacolí, un alcohol proveniente del aguardiente y jugo de uvas. La bodega era absolutamente distinta a las tradicionales, con cientos de chuicas y cubas, y afuera un horno de barro que se enciende para hacer el agua ardiente. Todo muy artesanal, aquí la tecnología nunca existió ni va a existir, la tradición en estos pueblos manda, y esperamos que siga siendo así.
Para hacer este brebaje y otros, la metodología exacta que los abuelos y sus hijos utilizan es: primero, la uva se refrigera en una zaranda (especie de rejilla), también se ocupa el orujo (resto de uva u hollejo) colocada sobre una cuba, que fabrican de madera de ulmo y roble, después que está unos días fermentando, va al alambique una especie de horno recubierto de barro, que lleva una tapa que tiene un serpentín de tubos, por donde destilaría el aguardiente. Una vez que el líquido está dentro de la paila, se cierra completamente. Para trasladar el licor resultante, se utiliza, la mayoría de las veces, la cutra (cámara de neumático adaptada como envase).
A base de este aguardiente, las artesanas han elaborado distintos tragos con frutas de la zona, como anís, nuez, níspero, apio, guinda, etc. Además del típico chacolí que se prepara en marzo y se deja madurar por cuatro meses, aproximadamente.
VINOS Y ARTESANÍA
Nuestro trayecto continúa para llegar a San Vicente de Tagua Tagua, y específicamente a la comuna de Pichidegua, una maravillosa avenida repleta de gigantescos álamos, un trayecto que otorga paz y tranquilidad, esa tranquilidad que sólo concede el campo. Aquí, nos dirigimos hacia los famosos molinos de agua, o “Arzudas de Larmahue”, antiquísimas ruedas de madera que funcionan como molinos y se encuentran instaladas a lo largo del canal Larmahue, las que elevan las aguas hasta el nivel de los terrenos de cultivo.
Estas grandes y antiguas ruedas, de rústico pero de eficaz funcionamiento, se mueven con la corriente de agua del canal desde el mes de septiembre hasta mediados de otoño. Desde el año 1998, diecisiete de estas ruedas o azudas son consideradas Monumento Histórico Nacional. Datan del siglo XVIII, y se construyeron con el fin de regar las tierras que carecían de riego, por lo que a través de este sistema, se logró subir el agua a la altura necesaria. Las ruedas están unidas por sus ejes a dos fuertes pilares, y movidas por la corriente dan vuelta elevando y luego arrojando el vital elemento mediante recipientes colocados en todos los perímetros, la mayoría de las cuales tiene un diámetro de cinco a seis metros y algunas hasta los ocho. Estas ruedas son únicas en Chile, según la información que nos proporcionó el Sernatur de la región del Libertador O´Higgins.
Con estas maravillas de la ingeniería que inventaron nuestros antepasados, volvemos a San Vicente de Tagua Tagua, en donde lo primero que nos llama la atención es su plaza, con inmensos árboles y esculturas de animales, como la del elefante, que se convierte en un atractivo juego para los niños. Al frente se levanta, imponente, la parroquia San Juan Evangelista. De aquí continuamos camino por el valle hacia el pueblo de Zúñiga. Al llegar me pareció un pueblito de cuentos de hadas, su plaza pequeña, tremendamente acogedora, con su parroquia, y sus calles y casas de adobe ya remodeladas después del terremoto. Se ven preciosas por su colorido, limpieza y cuidado que han tenido sus habitantes con sus propiedades y el pueblo en general.
Esta pequeña urbe fue condecorada como zona típica y pintoresca. Debe su nombre al párroco de Peumo Antonio Zúñiga, quien participó activamente en el poblado, habitado por trabajadores de fundos aledaños, llamado hasta 1812 Toquigua. El año 1765 se da origen al pueblo que crece a ambos lados de un camino, uno o dos callejones transversales por necesidad y una pequeña plaza frente a la iglesia.
Aquí conocimos el Complejo Agroturístico Santa Clara (www.santaclara.cl); su dueña, Amanda Droguett, nos recibe y nos cuenta que el lugar se divide en dos áreas: una que es la Casona Hostería —en donde hay cómodas habitaciones tipo departamentos aislados que cuentan con una habitación con cama matrimonial y otra a un lado con dos o tres camas de una plaza, además de baño—, que queda a unas pocas cuadras de la otra que es el club de campo, en donde se hacen los almuerzos, se disfruta del paisaje, de los paseos en coche, de las excursiones por el río Cachapoal a caballo, o bien de simplemente recostarse en una de las hamacas que cuelgan por doquier entre los árboles, y disfrutar de la naturaleza en su máxima expresión, ya que el terreno cuenta con ocho hectáreas.
La misma Amanda nos invita a conocer a dos artesanas, amigas de ella, y que viven a metros de la hostería, Rita Agüero, quien prepara una exquisitas mermeladas de la manera más artesanal posible, a su vez que hace chocolates realmente finos, cuchuflíes, bombones y otros comestibles como fruta confitada con o sin baño de chocolate, nueces peladas, en fin, todo delicioso. Luego Amanda nos invita a conocer a otra de sus amigas que vive a un par de casas de la hostería. A esa hora ya estaba oscuro, y me llamó mucho la atención que tanto Amanda como los demás habitantes durmieran con las ventanas abiertas y con las puertas sin pestillo. Tampoco vi tránsito de autos, sólo pequeños quioscos con carteles que podrían ser una reliquia, y mucha, pero mucha tranquilidad y seguridad.
Así llegamos a la casa de Cata Collins, artesana del fieltro, preciosos cojines, mantas, y todo tipo de vestuario con aplicaciones en fieltro. Cata nos cuenta que tiñe en forma natural la lana de vellón, para luego la amasa con agua y crear de todo, incluso fundas para maceteros. Los colores fuertes se ve que son su prioridad.
De aquí partimos rumbo a nuestro último destino, la viña Altair, sí porque en nuestro Valle del Cachapoal, también se producen vinos premiun, los mejores del mundo. Este vino, ícono de la viña San Pedro, merece aplausos por su gran textura, aroma y ese gusto especial que deja en el paladar. Con viñas, artesanía típica y pueblos mágicos, nos vamos de vuelta a Rancagua, pensando siempre en volver a conocer más de nuestro valle.
NUESTRO DATO
Jorge Espinoza Bustos
Encargado Desarrollo Sernatur Región del Libertador Gral. Bernardo O´Higgins
Servicio Nacional de Turismo
Tel: +56 72 230413
Germán Riesco 277, Of. 154
Rancagua, Chile
http://www.sernatur.cl
Romina Soto Medina, Encargada Turismo Doñihue
Fono Of.: (72) 462257
Fax: (72) 462921
romina.soto.medina@gmail.com
Amanda Droguett Santa Clara Excursiones Zúñiga
Santa Clara Excursiones
santaclara@santaclara.cl