El valor que le damos al objeto mismo, “me gusta o no me gusta”, se basa en aspectos extrínsecos que quedan fuera de lo que el artista o diseñador quiso plasmar en su obra, que es lo intrínseco de la misma.
Cuántas veces nos enfrentamos a este cuestionamiento, antes como estudiante y actualmente como docente. Caemos en generar este cuestionar ante nuestros alumnos o lo escuchamos de boca de nuestros clientes, “esto no me gusta”. Para el caso, tomo el ejemplo de un excelente diseñador, Philippe Stark, y de un producto por él diseñado, el exprimidor Juicy Salif, para la empresa Alessi, el cual es todo o es nada, porque a pesar de su lindo diseño, moderno, vanguardista y vistoso, no cumple su función. Sirve para la vitrina, pero no para lo que se supone que fue creado.
Otro caso es el modelo Stool 60, un taburete que se concibió en madera de haya natural curvada, uno de los materiales preferidos de Aalto, aunque después se incorporó el color a su diseño. Hoy existe con el asiento en madera y también en blanco, rojo y negro. Otra curiosidad es el aumento del número de sus patas; Stool 60 sólo cuenta con tres patas, pero después se creó un modelo que tiene cuatro patas.
A pesar de que tenga un diseño extremadamente básico, este taburete ha sido una de las grandes influencias en diseños de inmobiliario. Y esto se debe a que el proceso de creación pasó por muchos estudios previos; no es un acierto afortunado, más bien es de un control absoluto. Alvar Aalto está altamente influenciado por el funcionalismo.
Sencillez y funcionalidad. Dos conceptos básicos para definir todo un estilo de diseño que arrasa en el mundo, del “padre” del diseño moderno Alvar Aalto, quien permanece setenta y cinco años con la innovación del taburete E60.