Es así como descubro esta ciudad, es así como descubro mi identidad, es así como me reencuentro con esta Concepción Urbana a la cual recurrentemente acudo para impregnarme de ese aire helado que a veces es necesario para salir de la burbuja propia y conectarse con los demás.
Cae la tarde lentamente, los acordes volátiles de una guitarra eléctrica y su melodía distante son los ecos con los que inicio este viaje al interior de la ciudad. Cae la tarde y las calles cobran vida nuevamente, con el frío, con el ir y venir entre prisas y miradas distraídas por tanta imagen luminosa: anuncios, pantallas, tiendas y escaparates que recrean sueños deseados que se interponen entre nosotros. Inicio un viaje que me llevará sin rumbo fijo a caminar y escribir sobre mi ciudad. Hoy seremos viajeros con ojos de escritor, viajaremos por la ciudad abierta en busca de un relato.
Camino y el frío se siente en las manos, en la cara, en los ojos. Camino en la ciudad de los edificios fantasmas, la ciudad de los vientos que corren con el norte como guía, la ciudad de los cielos profundos, azules, violetas, oscuros, cargados de nubes eléctricas. La ciudad de infinitas posibilidades, paisajes y lugares, tan diversa como contenida, tan dinámica como estática, tan real como virtual. Muros, grafitis, rock, epicentros, tocatas, asfalto, adoquines incomprendidos, educación en el aire, cables, marchas y manifestaciones esporádicas. Tiempo sincrónico que se multiplica, que se encuentra y desencuentra en una sinfonía tonal con cada uno de sus matices. La ciudad construida a partir de arquitecturas desencontradas, de tiempos y memorias un poco olvidadas. La ciudad de la frontera y de tantas fronteras invisibles que se levantan y persisten aún después de tantos años, fronteras que acercan y separan, desintegran e integran nuevamente esta mixtura extraña, heterogénea y curiosa de su gente.
La ciudad imaginaria, la ciudad de todos, la ciudad que espera. La ciudad de la furia donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todos, según decía Cerati antes de dormirse por un largo tiempo aún indefinido.
La ciudad, lugar de tantos relatos, historias y momentos. El hogar, el sistema, el hábitat donde el hombre moderno ha escogido vivir, porque reconoce en ello un valor que creo le sería difícil poder explicar.
Aprovecho y hago algunas fotografías: edificios, objetos, situaciones comunes, rostros, personas. Personas que cuando son retratadas dejan de serlo en su identidad y se convierten en los personajes de mis imágenes, personajes que nutren el relato propio y necesario para fundamentar un proyecto ciudad, un diseño conectado con sus esencias, una teoría o un simple discurso con intención de algo. Es así como descubro esta ciudad, es así como descubro mi identidad, es así como me reencuentro con esta Concepción Urbana a la cual recurrentemente acudo para impregnarme de ese aire helado que a veces es necesario para salir de la burbuja propia y conectarse con los demás. Con la diversidad del otro que enriquece mi cultura.
Creo que en gran medida de esto se trata, de no olvidar, de mirarnos, de encontrarnos, de vencer el miedo y atreverse a ser amables, a hablarnos, a aceptarnos y no quedarnos con la idea que la tolerancia es suficiente. Por mi trabajo como arquitecto, hace mucho que observo a las personas y he descubierto que la felicidad está en lo simple, en quienes sonríen más veces de las que se enojan, en los que disfrutan de la vida con lo que tienen y no con lo que desean o les falta, en los que han comprendido que ahora es cuando y no mañana. Camino de regreso con mis imágenes almacenadas en una memoria, con un relato por escribir y con el frío de estos días como compañero inseparable, feliz de saber que he descubierto un par de cosas…
* Leer escuchando La ciudad de la furia, versión MTV Unplugged