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EDICIÓN | Marzo 2011

La República del Arte

El Valle de los Artistas

A diecisiete kilómetros de Lolol, al interior de Ranguil, Sexta Región, se encuentra el Valle de los Artistas. Un lugar que mezcla el paisaje desértico con el bosque nativo. Un territorio mágico en donde se respira arte y un exquisito olor a eucaliptos. Aquí ciento sesenta y tres artistas consagrados y emergentes poseen cada uno un trozo de terreno, y ya más de treinta se han construido sus propias “casa-taller” con vista al Valle de Colchagua.

Por María José Pescador D. Fotografías: Danny Bolívar U

No hay registro en toda Latinoamérica que indique que, en alguna parte, se haya implementado una iniciativa de esta índole. Iniciativa que el año 2007 emprendió la Fundación Cultural Plaza Mulato Gil de Castro, de propiedad de Manuel Santa Cruz López y Hugo Yaconi Merino. La misma fundación que creara, en 1981, el Museo Arqueológico de Santiago (MAS) y posteriormente, el año 2000, el reconocido Museo de Artes Visuales (MAVI).

¿La idea? Cambiar arte por un trozo de tierra virgen (parcelas de entre cinco mil a diez mil metros) en el Valle de Colchagua, cercano al lago Vichuquén. Así el MAVI incrementaba su colección de arte permanente de los más grandiosos artistas chilenos y estos recibían a cambio un espacio mágico para construirse una casa-taller y utilizarla para vivir, trabajar, descansar, soñar… Porque en este lugar los sueños se hacen realidad, la energía cultural rodea cada espacio de las más de doscientas hectáreas que posee el campo. Este, sin dudas, es el sueño cumplido de todo artista, lejos del mundanal ruido, de las grandes ciudades, de las carreteras, de la gente y cerca del alma, de la tierra húmeda y fértil, cerca de la nada y lejos de todo.

Así se realizó una curatoría para elegir a los artistas, encabezada por quien fuera en un inicio el director ejecutivo del proyecto, el escultor Hernán Puelma, y gestor de la idea. Ciento sesenta y tres artistas emergentes y consagrados fueron los seleccionados para participar de esta primera etapa, etapa que ya finalizó con una urbanización que rompe completamente el esquema del lugar, proporcionando al espacio más arte. Pareciera un sueño extraño el estar en medio del bosque, manejar por un pequeño camino de tierra y encontrarse con casas tipo bunkers o containers de madera y metal; otras altas, de tres pisos tipo silos, con estructura de fierro y adobe, de colores atractivos y con jardines especialmente salvajes. Este lugar no es una comunidad cualquiera, aquí viven en su esencia y locura creativa, libremente, los mejores artistas nacionales.El proyecto consta de tres etapas, la primera ya está terminada y hay cerca de treinta casas construidas.

“Para mí, la relación con el Valle se inicia hace ya algunos años cuando vinimos grandes grupos de artistas a ver y escoger los terrenos que luego canjearíamos. Me acuerdo que el ejercicio mismo fue como en el viejo oeste norteamericano, donde daban la partida a las caravanas para ir en busca de sus tierras prometidas. En esa ocasión, íbamos con Klaudia Kemper y Hugo Marín, quien es mi padrino y maestro, y nos detuvimos en donde hoy esta mi casa. Recuerdo que lo primero que me llamó la atención fue la vista, a pesar de que el terreno tenía bastante pendiente, nos interesó de inmediato. Luego de varias conversaciones, decidimos hacer la casa como un proyecto familiar.

Justo en ese tiempo yo había visto, en una bienal de arquitectura en Santiago, una casa con containers, era increíble, plegable y desarmable, moderna e inquietante. La casa me encantó, así es que tome la decisión de rastrear al arquitecto Mauricio Díaz Raffo, con quien después de una reunión previa (2003) vinimos al Valle para ver la factibilidad de traer los cuatro containers que necesitábamos para nuestro diseño. Trasladar la casa y armarla fue un verdadero parto, muy difícil, pero rápido. En tres días —voilá—, ahí estaba la casa, la cual hasta hace un año y cinco meses era nuestra casa-taller de retiro, para ahora transformarse en nuestro hogar y taller, dulce hogar y taller”, comenta el artista visual Francisco (Paco) León, sobre su experiencia de construcción.

Pero no son sólo las casas semi escondidas lo que inunda el espacio de arte, pues al llegar lo primero que se ve es el Parque de Esculturas Roberto Pohlhammer. Aquí hay impresionantes obras escultóricas que están repartidas por todas partes. Como un laberinto, las obras renacen de la tierra como magníficas creaciones: una escalera de fierro con un hombre en lo alto, de Gregorio Berchenko; un mural enorme contra la pared de un taller, de Gonzalo Cienfuegos; tres hombres semi inclinados y de colores blanco, rojo y azul, de Carlos Fernández, y otras más abstractas como la de Sergio Cerón, una especie de arco con cuatro patas hecha de acero inoxidable; un emplazamiento en piedra de Margarita Ovalle; un hombre verde cabalgando en el aire de Hernán Puelma; tubos metálicos en forma de espiga de Arturo Valderas; otra de hormigón de Vicente Gajardo; en madera del homenajeado Roberto Pohlhammer; en metal de Patricia del Canto, en fin, tantas otras...

La escultora, Premio Nacional de Arte, Lily Garafulic fue una de las primeras en construir su casa. También tienen terrenos los premios nacionales Sergio Castillo, escultor recientemente fallecido, Rodolfo Opazo y José Balmes.

VIDA DE ENSUEÑO

Aún no se han construido casas todos los artistas, a pesar de que cada paño de terreno está ya destinado a los diferentes participantes de este proyecto cultural. Hoy, del total de casas construidas, hay quienes van de tanto en tanto a trabajar y otros que viven permanentemente en este lugar de ensueño. Por lo mismo, quisimos preguntarles a quienes aquí residen ¿Cómo ha sido la experiencia de vivir en este lugar? Aquí, las respuestas:
(Jaime León, artista visual y dibujante). “Ha sido una oportunidad maravillosa de devolverme los oficios de la infancia, esto es, la exaltación de la permeabilidad hacia los cambiantes ciclos de los días y sus labores, transitando las estaciones”.

(Victoria Valjalo, pintora). “Estar aquí es entrar en contacto con el paisaje desde dentro, es vivir las estaciones del año muy cerca de la piel, disfrutar y esperar los cambios del color entre verdes veraniegos y ocres otoñales. Todo esto ha enriquecido, sin dudas, mi relación con la pintura en cuanto siento que el estar en el Valle es la intervención permanente de una gran obra de arte”.

(Carla Castagnoli, pintora). “Después de haber residido entre España (Andalucía) y Marruecos por cuarenta años, me vine al Valle a vivir por la tranquilidad y el silencio que nos otorga. Aquí hay una paz increíble que produce las energías ideales para pintar y mi experiencia ha sido completamente positiva, rodeada de naturaleza virgen y de otros artistas tan especiales que aprecian el silencio y la tranquilidad como yo. Este es un lugar tan mágico que no dan ganas de salir y cuando sales lo único que quieres es volver. Es el paraíso en medio del caos mundial, el lugar ideal para el retiro y la paz espiritual”.

(Gregorio Berchenko, escultor). "Hace seis años que vivo en el Valle, lo que me ha permitido conocer y enriquecerme de esta región de Colchagua, donde he encontrado el espacio y la tranquilidad para crear y realizar obras de arte público”.

(Francisco (Paco) León, artista visual). “Al dedicarme ciento por ciento a mi labor como artista visual la idea de venirse a vivir al Valle no era tan descabellada. El estar aquí viviendo ha significado una experiencia muy positiva para mí en lo creativo, en la calidad de vida ganada, en mi nivel de producción. Quizás el único punto menos positivo es el tema de la soledad, a pesar de que el valle lo habitan y también vienen constantemente otros artistas, la interacción con ellos, por lo menos por mi lado, es bastante poca. Por otra parte, los que vivimos aquí, no necesariamente estamos pegados unos a los otros, más bien apartados, lo cual es una de las cosas que me encanta, aún hay mucho espacio sin construir y eso le da un toque de expansión muy agradable a nuestros terrenos”.

(Teresa Larraín, pintora) “En todo tipo de proyectos colectivos no da igual incorporarse una vez que este se encuentre consolidado o cuando se es pionero. Este último se nutre de la mística inicial, advierte ese deseo de estar allí al igual que el resto de los comuneros que ya lo hicieron, conoce paso a paso el crecimiento del entorno, etc. De la misma forma, sufre todos los embates propios de una cosa nueva, que no se previeron al momento de iniciar la aventura. Sin lugar a dudas, el Valle ha constituido un espacio de amistad, reflexión, silencio y libertad”.

(Francisca Onetto, artista visual) “No es fácil adaptarse a un lugar tan solitario y silencioso luego de haber habitado en medio de la urbe y el movimiento, rodeada de museos y cafés (Santiago). Sin embargo es este mismo silencio el que ha permitido un viaje hacia el interior de mis procesos creativos, logrando llegar a lugares más profundos de comprensión de mi trabajo. Uno comienza a conectarse en armonía, a disfrutar lo que te rodea, a compartir un lenguaje tanto plástico, como en relación con la experiencia del silencio y la naturaleza. Por otro lado, se comienza a buscar oportunidades en lugares cercanos. Por ejemplo, yo comencé a vincularme con Pichilemu que está a una hora del Valle; ahí tengo amigos, he realizado exposiciones y actualmente me encuentro haciendo talleres de arte para niños y adultos. También comencé a desarrollar proyectos creativos para regiones, a expandirme con mi trabajo. De alguna manera tu cabeza se descentraliza, ya no ves sólo Santiago como una posibilidad de mostrar tu trabajo, aunque sigue siendo un punto importante, hay que seguir conectado. Este año expuse en el Museo de Arte Moderno de Chiloé, el año pasado en Rancagua y Santiago y así, mi intención es seguir abriéndome a regiones dónde el público es muy receptivo y está ávido de nuevas cosas, a diferencia de la capital, en donde muchas veces la oferta se satura”.

AGRADECIMIENTOS
-Jorge Espinoza del Sernatur, Región del Libertador General Bernardo O’Higgins, Germán Riesco 277, oficina 154, Rancagua. Fono: (072) 230413. www.sernatur.cl
-Carla Castagnoli, encargada del Valle, y Jorge Garmendia, residente particular del este lugar.

 

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