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EDICIÓN | Julio 2014

Letras a la cancha

Mario Rodríguez Fernández
Letras a la cancha

Hace poco escribió su última obra sobre Michel Foucault y relanzó su libro llamado Utopía y mentira de la novela panóptica. Para muchos, Mario Rodríguez es el presidente de la rama de fútbol de la Universidad de Concepción, pero el director de la revista Atenea no solo ha destacado por su labor como dirigente, sino por su brillante trayectoria como escritor, docente, crítico literario e investigador.

por Cristóbal Montecinos C. fotografía Sonja San Martín D.

Nos recibe en su oficina del segundo piso de la Biblioteca de la Universidad de Concepción, donde se desempeña hace veinte años como director de la revista Atenea. Mario Rodríguez Fernández dice sentirse orgulloso de dirigir una de las más prestigiosas publicaciones del ámbito cultural a nivel nacional y latinoamericano. “Este año cumple noventa años y vamos en el número quinientos nueve, algo inusual para una edición de este tipo en Chile”, afirma.

En 1994, el rector de la UDEC, Augusto Parra, lo nombró director y significó asumir una gran responsabilidad. “Imagínese, con antecesores de la talla de Enrique Molina, Luis Durand, Eduardo Barrios o Enrique Lihn… Lo importante es que logramos transformarla en la primera revista humanista de Chile, reconocida entre las diez mejores revistas de Latinoamérica y entre las cien mejores a nivel mundial en esta área. Atenea está registrada en el prestigioso índice del Institute For Scientific Information, ISI, desde 2008. Era algo impensado y uno de los logros más importantes que he alcanzado en la universidad”, revela.

Mario Rodríguez nació en Los Ángeles y estudió en el entonces Liceo Superior de Hombres, de esa ciudad. Cuenta que en su casa se leía mucho y no faltaba material de lectura, incentivado por su padre Osvaldo, profesor primario, y también por su madre Elvira, que fue directora de la Escuela N°4, de Los Ángeles. “Mi padre quería que estudiara Derecho, pero a mí me gustaba más la literatura. Mis dos hermanos le hicieron caso y fueron abogados, pero yo me enteré que en el Pedagógico de la Universidad de Chile había grandes profesores como Ricardo Latcham o Mariano Latorre y postulé allá”, recuerda.

Se tituló como profesor de Estado con mención en Castellano en 1958 y trabajó como ayudante una vez egresado. Desde 1964, se desempeñó como profesor de Literatura Chilena e Hispanoamericana y llegó a ser director del Departamento de Español de esa sede, que fue durante mucho tiempo el centro intelectual del país. “De ahí salieron varios rectores, destacados profesores y algunos premios nacionales”, dice.

En septiembre de 1973, cierran el Pedagógico y Rodríguez llega a trabajar al Departamento de Español de la UDEC, lo acompaña su esposa Carmen Angulo, también profesora de Castellano, y sus tres hijos: José Manuel, actual profesor de Literatura en la UFRO; Mario, abogado; y Juan Arturo, dedicado al comercio. Mario tiene seis nietos, a quienes ve regularmente.

TRAYECTORIA LITERARIA

Mario Rodríguez es autor de más de doscientos cincuenta artículos publicados en revistas de la especialidad y autor de más de quince libros. Su obra más conocida es Antología de Cuentos Hispanoamericanos, lanzado en 1970, y del que se está preparando la edición número treinta y uno.

Otro importante libro es El modernismo en Chile y en Hispanoamérica, publicado en 1968, y que obtuvo el Premio Municipal de Ensayo en Santiago, y el Premio de la Academia Chilena de la Lengua, ese mismo año.

Asimismo, ha escrito varias obras sobre Nicanor Parra, además de redactar el prólogo de Discursos de sobremesa, del poeta nacido en San Fabián de Alico. “Me han invitado a diversos homenajes que se rendirán al antipoeta con motivo de su centenario, como la Universidad de Salamanca y también instituciones de Cardiff y de León, en España”, relata.

Licenciado en Filología Románica, la ciencia que estudia los textos o libros, Rodríguez es profesor Emérito de la UDEC, y fue el primer presidente de la Sociedad Chilena de Escritores, filial Concepción, en 1978. “Fue difícil al comienzo, pero es una iniciativa que se ha mantenido en el tiempo y que ha hecho muchas cosas interesantes”.

CULTURA EN CONCEPCIÓN

Para Rodríguez, Concepción ya no es el polo cultural de antaño y ha perdido esa categoría. “Es necesario establecer las enormes diferencias que existen entre el desarrollo de los movimientos culturales hasta la década de los años setenta y lo que ocurre hoy día con la globalización. Por ejemplo, en las primeras escuelas de verano de la UDEC, organizadas por Gonzalo Rojas, los invitados internacionales llegaban al aeropuerto de Cerrillos en Santiago y luego viajaban en tren al sur, en el recordado ‘nocturno’. En esos viajes, era común compartir y sostener grandes conversaciones con renombrados escritores, porque había tiempo para hacerlo. Hoy en día, cuando se invita a un escritor, este llega a Pudahuel, en menos de una hora está en Concepción y regresa al día siguiente sin conocer nada ni a nadie”, explica.

Asimismo, agrega, “no existían las grandes editoriales comerciales de ahora. Se trataba de editoriales pequeñas y los libros eran de difícil acceso, mucho más valorados. Actualmente, hay más acceso y la gente compra menos libros. Puede que la gente lea más hoy en día, gracias a la tecnología, pero se ha perdido profundidad y hay muy poca comprensión de lectura. Paradójicamente, se están publicando más libros que nunca”.

A su juicio, otro problema es la centralización. “Antiguamente, pese a la poca comunicación con el resto del país, Concepción era un polo importante de cultura. Ahora, todo se centra en Santiago. El mejor ejemplo es que hace algunos años estaban acá los poetas Alexis Figueroa y Tomás Harris, casi de la misma edad y con las mismas condiciones. Harris se fue a Santiago y es mucho más conocido que Figueroa, que ya parece haber perdido todo reconocimiento. Pareciera que el poeta que no se va a Santiago deja de existir”.

Además de Figueroa y Harris, otro autor local que lo ha impresionado es el poeta Carlos Decap, quien publicó recientemente Asunto de ojos. “También hay que mencionar la figura de Omar Lara y Jorge Cid. Curiosamente, como ha sido históricamente en Chile, en Concepción ha habido un desarrollo superior de los poetas y no de los narradores”.

LIGADO AL DEPORTE

“Cuando estuve en Santiago, fui dirigente de las divisiones inferiores del club de fútbol de la Universidad de Chile, en 1960, en plena época del recordado Ballet Azul”, cuenta Rodríguez.

Ahí comenzó su carrera como dirigente en el mundo del fútbol. A mediados de la década de los años noventa, se creó el equipo de la UDEC en Tercera División e, inesperadamente, logró buenos resultados y ascendió rápidamente a Primera División. “Entonces, hubo que crear un equipo profesional y hacer los estatutos. Me invitaron a participar como representante de los académicos de la UDEC y pasé a ser presidente de la rama de fútbol de la Corporación Deportiva”.

A su juicio, el fútbol se ha transformado en una actividad cultural que es transversal, con sus valores, códigos y normas. “Es el único lugar donde desaparecen las divisiones políticas y sociales. Por ejemplo, la única instancia donde la sociedad se puede encontrar sin problemas es durante un partido de la selección chilena”, reflexiona.

No descarta escribir un libro donde registre sus experiencias en el mundo del balompié. “Mis experiencias literarias son bien profundas,pero mi paso por el fútbol también lo ha sido”.

Sin embargo, como profesor, la labor que más le apasiona en este ámbito es el trabajo que se realiza en las divisiones inferiores del club. “Estoy muy involucrado y le damos mucha importancia. Tenemos ciento treinta muchachos en diversas categorías y aunque el tema de la enseñanza está muy complicado hoy en día, es destacable que la única autoridad a la que se respeta es al entrenador”.

Para explicar esta inusual mezcla entre intelectual y dirigente de fútbol, como la suya, Rodríguez comenta que en otros países como España, Argentina o Uruguay, grandes escritores como Fontanarrosa o Benedetti están o estuvieron fuertemente ligados al mundo del balompié, y parece ser algo muy común. “Es una relación intensa, son muy apasionados y esto se ve reflejado en la variedad de literatura acerca del tema. El fútbol, y esto se lo tratamos de inculcar a los chicos de las divisiones inferiores del club, no tiene por qué consistir en hacer jugadas bonitas y correr por la cancha, sino que también puede ser un espacio para pensar y utilizar la inteligencia de cada uno”.

 

“El fútbol es la única actividad donde desaparecen las divisiones políticas y sociales. La única instancia donde la sociedad se puede encontrar sin problemas es durante un partido de la selección chilena”.

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