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EDICIÓN | Julio 2014

Perpetuando el legado de su padre

Roberto Mayer, Empresas Fernando Mayer
Perpetuando el legado de su padre

A Roberto no le quedó grande el poncho, tiene méritos de sobra, será acaso porque su padre, Fernando Mayer, lo involucró desde muy chico en el negocio y lo obligó a formarse. Un heredero que no sólo continuó con el negocio familiar, sino además lo hizo crecer. Hoy está a la cabeza de una de las pocas fábricas de muebles nacionales que van quedando en nuestro país.

por Carolina Vodanovic G. / fotografía Andrea Barceló A.

Quienes conocieron a Fernando Mayer cuentan que fue un hombre bonachón, introvertido, amante de la pesca y terriblemente austero, tanto así, que aun pudiendo, sólo adquirió el auto de sus sueños, un Mercedes Benz, en la última etapa de su vida. Es ese mismo auto el que todavía maneja su hijo Roberto, timonel de las Empresas Fernando Mayer desde que su progenitor partió hace ya diez años.

A Roberto lo esperaba un legado importante, hacerse cargo del sueño de un carpintero alemán que con sólo diecisiete años llegó a Chile en busca de una oportunidad y dio vida a una de las fábricas de mobiliario íconos de nuestro país. Hoy la empresa no sólo fabrica, sino además representa a marcas líderes en diseño a nivel mundial: al norteamericano Hernán Miller, la firma danesa Fritz Hansen, la italiana Ares Line, Caviglia, Dauphin, Fantoni y Resol, por mencionar algunas.

Con doscientos empleados, una fábrica de trece mil metros cuadrados, un showroom recién inaugurado de ochocientos metros, además de la última tecnología disponible en el mundo para el diseño y confección de muebles de primera calidad, han dado vida a grandes proyectos como el Hotel Hilton de Puerto Madero en Buenos Aires, las dos Cámaras de nuestro Congreso Nacional, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Superintendencia de Pensiones, además de las oficinas de General Electric, Deloitte y actualmente Google.

“Mi papá, el “Feña” como le decíamos, fue un viejo muy choro, empeñoso y súper trabajador. Sentía una deuda de gratitud muy grande con este país que lo acogió. Dejó un tremendo legado y siempre estuvo muy preocupado del tema educación. Siguiendo su anhelo hace ocho años finalizamos una campaña para que cada uno de nuestros operarios terminara su cuarto medio e instauramos una beca para premiar anualmente a los mejores alumnos de nuestra gente. Era tan justo y preocupado que siempre me dijo que debíamos pagar el mejor sueldo que pudiéramos pagar”, cuenta Roberto Mayer.

Roberto creció en Chile y luego se trasladó a Alemania a estudiar ingeniería con mención en industria de la madera y el plástico. Eran tiempos de la Unidad Popular y las cosas no andaban bien. Su padre le contó por carta que había decidido cerrar la fábrica y partir rumbo a Canadá, pero él no estuvo dispuesto a tirar todo por la borda y se vino rápidamente de vuelta. “Crecí entre las máquinas, pasaba mes y medio en el verano trabajando codo a codo con los operarios, luego vino la universidad y ni siquiera me cuestioné lo que iba a estudiar, por ello no estuve dispuesto a que cerraran la fábrica y me volví para ayudar a levantar el negocio”.

¿Llegaste a un cargo de primera línea o tu papá te hizo pagar el noviciado?
En esos años fue el boom de la televisión y existía un decreto ley que obligaba a que los televisores tuvieran parte nacional incorporada entonces empezamos a hacer cajitas de madera para marcas como Panasonic, Saba, Cantolla y Bolocco. Metíamos nuestras cajas de madera en cartón y partían en camión hasta Arica, allá se ensamblaban, y venían de vuelta. Era el negocio más ineficiente que he visto en mi vida y ¿adivina qué?, mi primer trabajo consistió en contar la cantidad de cajas que se subían en cada camión. A la semana, por supuesto, me rebelé y ahí me empecé a meter firme en todo lo que era trabajo en serie. Al año ya era gerente de producción de todo el asunto. Más a caballo, decidió que era tiempo de crecer y empezó a producir a mayor escala los famosos muebles de madera para oficina que todos recuerdan de Fernando Mayer, el típico mueble café. “Cualquier profesional que salía de la universidad y montaba su pequeña oficina aspiraba a tener un mueble Fernando Mayer. Es más, a veces pasaba que en el despacho olvidaban colocar el sticker con el logo de la empresa y los clientes reclamaban, les daba estatus tener un mueble con nuestro logo FM. Fue tan fuerte la penetración de ese mueble que nos ha jugado un poco en contra porque todo el mundo recuerda nuestro mueble café”.

¿Cómo fue trabajar bajo el alero de tu padre?
Complicado, todo el mundo sabe que el trabajo en empresas familiares no es fácil. Lo más complejo fue que llegó un momento en que mi padre dijo que no quería seguir creciendo y le respondí que quien no crece, muere. Nos estaba quedando chica la fábrica que teníamos en General Velásquez y empecé a buscar un terreno más grande donde edificar. Finalmente nos trasladamos a Maipú y en veintidós mil metros cuadrados construimos un gran galpón. Él no se quería endeudar así que me costó convencerlo, pero fuimos construyendo de a poco hasta llegar a lo que tenemos hoy.

AIRES FRESCOS

Además de la completa línea de muebles de oficina, que ha debido refrescarse producto de las actuales necesidades del mundo laboral, Empresas Fernando Mayer ha desarrollado dos áreas más de negocios que son complementarias entre sí: un área de proyectos especiales —hoteles, restaurantes, clínicas, estadios de colectividades, auditorios— y la línea hogar bautizada hace ya seis años como Casa Mía.

¿Por qué ampliarse al mundo del hogar?
Fue un capricho mío porque resulta que mis hijas empezaron a irse de la casa y quisimos con mi señora achicarnos. Finalmente nos cambiamos a un departamento y frente a la necesidad de habilitar algunas piezas para recibir a los nietos me di cuenta de que entre las alternativas que ofrecía Interdesign por un lado, y Muebles Sur, por otro, no había nada más, por ende, quise incursionar en esta categoría intermedia, con muebles de diseño, con la calidad inconfundible de Fernando Mayer y a precios asequibles.

Hoy Casa Mía ocupa el segundo piso completo del recién inaugurado showroom de Fernando Mayer en Vitacura y cuenta con la representación de exclusivas marcas nacionales e internacionales, la última en incorporarse, la firma de alfombras contemporáneas Wool. “Por una parte somos fábrica, lo que nos da la posibilidad de personalizar nuestros productos cuando el cliente lo pide, sin contar con que nuestros plazos de entrega no son de más de treinta días, y por otra lado, tenemos súper buenos aliados comerciales con lo que componemos un mix de productos muy amplio”, cuenta Andrea Mayer, hija de Roberto, quien hace dos años se incorporó al negocio familiar y se hizo responsable de Casa Mía.

Para Andrea la gran ventaja de los muebles Fernando Mayer viene dada porque una vez que el cliente pasa la tarjeta de crédito, la venta no termina ahí. Son conscientes de que los muebles son para vivirlos, para usarlos, y si al cabo de un tiempo sufren un deterioro están siempre dispuestos a repararlos.

Con la incorporación de esta tercera generación, el look de la empresa se ha ido despeinando, adecuándose a los tiempos modernos en cuanto a materialidad, colores y diseño. Sin embargo la base sigue siendo la misma y si Roberto hay algo que no está dispuesto a transar es la calidad y el servicio. Es enfático en señalar que ellos no venden muebles, sino que servicios mobiliarios, y la incorporación de esa sola palabra hace para él un mundo de diferencia.

¿Por qué crees que han sido capaces de perdurar en el tiempo?
Porque pese a que llevamos más de setenta y cinco años en el mercado estamos siempre a la vanguardia. Estamos permanentemente viajando a ferias internacionales para ver qué se viene y traerlo a Chile. Somos de las pocas fábricas de mobiliario nacional y eso nos da una tremenda ventaja porque tenemos la posibilidad de personalizar nuestros diseños, de adecuarlos a la realidad del cliente. Además que siguiendo el anhelo de mi padre damos siempre cabida para que diseñadores nacionales se nos acerquen y podamos apoyarlos en el desarrollo de sus proyectos.

¿De eso se trata el concurso de diseño que realizan cada año?
El concurso busca ayudar a jóvenes estudiantes en los últimos años de la carrera de diseño para que tengan la posibilidad real de construir sus prototipos en nuestra fábrica y puedan constatar todo el trabajo que hay detrás, porque no se trata solo de la parte estética, sino del diseño, el ahorro de material, entre muchas otras cosas.

Mientras Roberto sigue apostando por el diseño nacional y le dobla la mano al destino continuando con una de las pocas fábricas de mobiliario chileno, ordena la casa para que el negocio permanezca en la familia, eso sí, manejado por profesionales, “ninguna de mis hijas va a querer hacerse cargo como gerenta general, van a querer trabajar en lo que les gusta, en lo que las hace felices, entonces mi idea es que permanezcan como accionistas, trabajando en cargos de segunda línea, en esa dirección vamos”.

 

“A veces pasaba que en el despacho olvidaban colocar el sticker con el logo de la empresa y los clientes reclamaban, les daba estatus tener un mueble con nuestro logo FM”.

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