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EDICIÓN | Julio 2014

Empezar desde cero

Carolina Montero, emprendedora
Empezar desde cero

Ingeniero comercial de profesión, se encontró sin trabajo y se reinventó desde cero. Una residencia boutique para el adulto mayor fue su apuesta: Casa Anís. A solo tres años del inicio está a tablero vuelto, tanto así que fue contratada por un grupo de inversionistas belgas expertos en el rubro.

por Elisa Collins V. / fotografía Andrea Barceló A.

Yo estaba sin trabajo en ese momento y comenzamos a buscar una casa para la residencia; al principio evalué un proyecto de cuarenta camas y mis cuñados me dijeron estás loca, no somos especialistas, tenemos que disminuir el riesgo, ve algo más chico”. Con esa frase recuerda Carolina Montero cómo fue el inicio de la formación de Casa Anís, una residencia boutique para el adulto mayor, con capacidad para dieciocho personas y que, en su trayectoria profesional, jamás habría estado en sus planes “Yo soy ingeniero comercial y uno de mis cuñados tuvo la necesidad de buscar un lugar para su suegro y no le gustó nada. Me quedé sin trabajo y me dijo métete a investigar. Visité treinta hogares. Me pasó lo mismo que a él, o eran muy grandes, o muy chicos o feos, sucios, siempre había algo”. Carolina había trabajado en empresas de consumo masivo como Gacel, Johnnie Walker o Swatch “pero me tiré a la piscina, comencé a investigarlo como una alternativa de negocio, tenía súper claro lo que no quería y se empezó a formar el proyecto junto a mi marido y mis cuñados”.

“BOUTIQUE” COMO OBJETIVO

Aunque el inmueble está ubicada en un barrio más alejado del radio inicial que Carolina tenía en mente, y el precio era alto, la certeza fue absoluta “aquí llegué por casualidad, lo vi y dije este es el lugar. La casa estaba súper bien mantenida y tenía esa aura cálida, antigua, con esta galería iluminada, un gran árbol en el jardín. Aunque fue remodelada para cumplir con una serie de condiciones necesarias, mantuvo su apariencia original”.

En Casa Anís cada residente tiene su dormitorio y baño propio decorado a su gusto, los espacios comunes son muy amplios, los techos altos y los ventanales de la gran galería reflejan una linda huerta en el otro extremo del jardín. Mientras conversamos, en el living se escuchan guitarras y voces que entonan la canción Allá en el rancho grande, “aquí comparten con sus pares, con asistentes que siempre están dispuestos a escucharlos; esta casa funciona al ritmo de ellos. Aquí se almuerza a la una porque es a la hora que a ellos les gusta, se duerme siesta, se preparan las comidas caseras que les agradan, se hacen talleres y actividades que a ellos los entretienen. Cada baño se construyó pensando en el adulto mayor: uno donde quepa la silla de ruedas, con vanitorios altos, manillas monomandos, contemplando cada detalle”.

¿Apuntando a la calidad del servicio e instalaciones se refiere el concepto boutique?
Para mí, boutique es un servicio de muy buen nivel para poca gente, un servicio personalizado. Hay muchos hogares en Santiago, más de trescientos ochenta autorizados por el Seremi de salud, y la misma cantidad ilegales.

Pero yo te hablo de los que podrían ser tu competencia.
Hay pocos, muy pocos, y todos son más grandes por un tema de costos; esto es un negocio y para que sea rentable debes tener cierta capacidad de gente residente.

¿A mayor volumen mejor negocio?
Sí, porque te permite tener más mano de obra.

A LA CONQUISTA DE UN ESPACIO PROPIO

Carolina es enfática en insistir que ese rumor de que tener un hogar de ancianos es un gran negocio, cuando se trata de un concepto boutique, como el que ella construyó, no es tan así. “Menos de lo que la gente cree, el tema del buen servicio es caro. Aquí el setenta por ciento de los costos es mano de obra, acá se trabaja 24/7, no hay Navidad, ni feriado, ni paros de micro, no es tema. Entonces, a mayor volumen de residentes, más entrada, lo que te permite una holgura de servicios. Hay hogares chicos que prestan muy pocos servicios y por eso se mantienen en pie; pero eso pasa por un tema de lo que cada uno quiera ofrecer y de que realmente su cumpla lo que ofreces”.

¿Qué es lo que buscan los clientes que llegan acá?
Que cuiden a sus seres queridos, que los quieran. Te están entregando a un familiar querido que ya pasa a ser bastante indefenso, buscan que sean bien atendidos, que de verdad se cumpla lo que uno les dice. Durante los primeros tres años, era yo la que atendía al público que venía y les decía ‘yo estoy aquí, sé lo que pasa, almuerzo lo mismo que comen ellos’, ah ya, qué bueno, qué bueno, me decían. Hay todo un tema de percepción de que los hogares son sucios, hediondos, donde maltratan a las personas, porque eso es lo que sale en las noticias.

Una residencia boutique es cara ¿por qué no costearle una asistente y tener al familiar en casa?
Si puedo darle a mi mamá el tiempo y la calidad de tiempo que ella necesita, obviamente es mejor que esté conmigo, pero hoy hombres y mujeres trabajan, el adulto mayor se queda solo, no se tiene control sobre sus comidas, medicamentos; está mucho acostado, todo el día mirando la televisión y se producen accidentes porque las instalaciones no están acondicionadas para ellos.

UN COMIENZO ESCARPADO

Hoy, Carolina camina con seguridad sobre el piso de madera de Casa Anís, los tacos de sus botas suenan firme, igual que su voz, y la seguridad con la que habla de su emprendimiento y lo que se viene en el futuro. Resulta difícil imaginarla, como cuenta, con el frío que tuvo que resistir en ese enorme caserón los primeros años “desde que encontramos la casa hasta que la echamos a andar pasaron tres años. Este era un potrero y yo estaba sola trabajando acá todos los días, con un frío enorme porque la casa estaba en plena remodelación, revisando miles de permisos y contratos. Me acuerdo que al comienzo tuve que contratar a todo el personal, darle almuerzo a diez personas sin recibir ningún retorno. Yo me decía “no importa, no importa algún día se van a ver resultados, hasta que llegó mi primer residente que fue el suegro de mi cuñado a partir del cual se gestó el proyecto”.

¿Y después de echar a andar la máquina cuáles han sido las dificultades del día a día?
El tema del recurso humano es complejo, es para lo que estaba menos preparada. Es un trabajo súper cansador y estresante estar en función de las necesidades de otra persona todo el día, y no de una, sino de varias. No siento que haya mucha vocación en los jóvenes, y como hay mucha demanda por la mano de obra de asistentes de adulto mayor, a la primera se van y encuentran pega altiro. Creemos que la vocación está más en los adultos mayores, estamos haciendo una bolsa de trabajo para adultos mayores que quieran trabajar medio tiempo asistiendo a sus pares.

RECOMPENSA AL ESFUERZO

Fue a través del socio de su socio que Carolina se enteró de que un grupo belga dedicado a la inversión de residencias para el adulto mayor desembarcaría en Chile. Se puso inmediatamente en contacto con ellos. “Apenas supe dije, bueno, entre tener a un nuevo competidor o hacernos amigos, mejor seamos amigos”. Se reunieron y Carolina les contó sobre las proyecciones que veía en el mercado chileno. “En Europa la marca se llama Senior Asist, pero encontramos que la palabra asist era muy médica, entonces para todo Latinoamérica decidimos que se llamara Seniority”. Desde enero de 2012, Casa Anís cambió su nombre a Seniority y Carolina fue contratada por la empresa como gerente comercial de Seniority Chile. Ya tienen abiertas en Santiago dos casas (aparte de ex Casa Anís) y durante los próximos veinticuatro meses planean abrir cinco más, todas proyectadas para tener una capacidad de cien camas, aproximadamente.

Carolina está feliz, dice que a diferencia de sus pares “para mí esta realidad ya está muy integrada. En mi familia todos han venido a la casa, entran a los baños y se pasean por el jardín; mis hijos se han hecho amigos del abuelo que les regala dulces y también les ha tocado ver gente que ya no está. Todo sucede más naturalmente, me encanta que mis niños participen y que vean que esta etapa es una parte muy natural de la vida”.

 

“El tema del buen servicio es caro. Aquí el setenta por ciento de los costos es mano de obra, acá se trabaja 24/7, no hay Navidad, ni feriado, ni paros de micro”.

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