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EDICIÓN | Julio 2014

A prueba de manchas

Fernando y Rodrigo Espinoza, Cleanwork
A prueba de manchas

Luego de trabajar en reconocidas empresas de Chile, don Fernando Espinoza, de repente, se quedó en la nebulosa. Fueron años en distintas compañías que se peleaban sus servicios como contador, pero de un día para otro tuvo que reinventarse. Hoy su empresa de lavandería industrial está dentro de las cinco mejores del país. ¿Cómo llegó a este negocio? Aquí su historia.

por María José Pescador D. / fotos Danny Bolívar U.

Es mejor el detergente líquido que el de polvo; mejor lavar la ropa con agua con temperatura que fría; mejor ponerle a la máquina un suavizante; el noventa y nueve por ciento de las manchas se pueden eliminar; hay ropa que solo se puede lavar en una máquina de lavaseco —sin agua—, como los ternos u otros de telas más finas; mientras menos espuma genere el detergente mejor... En fin, tantas cosas que muchos no sabemos y que en Cleanwork lo tienen más que claro porque lo que aquí limpian es ropa de cama de hoteles cinco estrellas, y otra mucho más sucia, como la que ocupan quienes manejan maquinaria o quienes manipulan alimentos.

Pero todos estos conocimientos no fueron fáciles de adquirir. Don Fernando (65), dueño de una de las cinco mejores lavanderías industriales a nivel nacional, y en donde se lavan al día más de diez toneladas de ropa, nunca se imaginó en este rubro. Aquí se trabaja las veinticuatro horas del día los trescientos sesenta y cinco días del año. “Porque Monticello, uno de nuestros clientes, no puede esperar un día sin la ropa del hotel o la de sus trabajadores. Entonces no podemos parar. Los camiones llegan en la tarde y deben salir a primera hora al día siguiente. El casino no cierra nunca, tampoco tiene vacaciones”, dice don Fernando.

Pero este casino no es el único que espera por sus prendas, también deben tener al día la ropa de cama de los tres hoteles del centro de esquí Valle Nevado —uno de ellos de cinco estrellas también—, más la ropa de la gente que trabaja en sus siete restaurantes y la de los departamentos. Asimismo, la clínica Fusat, entre otros muchos, como Agrosuper, quienes fueran los primeros en creer en el proyecto de los Espinoza.

DE CERO

Don Fernando es auditor, oriundo de Temuco. Trabajó por veinticinco años en una empresa papelera y de celulosa, doce años en la comuna penquista de Laja y los otros en Santiago, siempre casado y con sus dos hijos: Rodrigo (39) y Carlos (35). Hasta que lo llamaron para ofrecerle un puesto en la empresa Lucchetti, donde alcanzó a estar un año y medio cuando le ofrecieron otra mejor oportunidad en Agrosuper, por lo que toda la familia se trasladó a Rancagua. De esto hace más de veinte años.

Aquí trabajó por once años, hasta que un día las cosas cambiaron y don Fernando, a los cincuenta y seis años, se vio sin trabajo. Un día un amigo que trabajaba en Agrosuper también le dijo que buscara algún servicio externo que pudiera darle a esta empresa. Entonces a don Fernando se le ocurrió investigar sobre cómo las grandes industrias lavaban la ropa de sus trabajadores. Preguntó y decidió con la ayuda de su hijo Rodrigo —quien ya se había titulado como ingeniero civil industrial— empezar a crear un proyecto de lavandería industrial para presentarlo en la licitación que esta empresa de alimentos hace todos los años para elegir la mejor opción: esa que pudiera cumplir con sus demandas, que hiciera que la ropa de sus empleados durara más, y que cumpliera con los tiempos de entrega.

Para esto empezaron a investigar sobre las empresas de lavado y secado industrial que existían en la capital, a estudiar el rubro de los detergentes, de los químicos y todas las necesidades en cuanto al tema del agua, la electricidad, la caldera… en fin, los requerimientos para obtener los permisos del Servicio Nacional de Salud y los eléctricos.

Lo que pensaron sería una inversión menor, finalmente no fue tan así, ya que los números se multiplicaron por ocho, pues había que satisfacer la demanda de una tonelada y media por día que la empresa les mandaría a lavar si se adjudicaban el proyecto. Para esto necesitaban, al menos, cuatro lavadoras y ocho secadoras industriales. Además de personal para planchado y doblado de la ropa. Tuvieron cuatro meses para crear el plan perfecto.

TODOS A ORDENAR

Ganaron la licitación, y entonces empezó el circo: en un furgón que tenían iban a buscar y a dejar la ropa. Las máquinas funcionan a través de un sistema computarizado que va pidiendo más agua, más detergente, suavizante, entre otros… “No sabíamos nada, las lavadoras piteaban y no sabíamos por qué, fue terrible, lavábamos en la casa, en la empresa, que en ese entonces era un galpón que arrendé en Miguel Ramírez, el 2005, de doscientos cincuenta metros cuadrados. Los especialistas hicieron conexiones y ellos mismos nos ayudaron a conseguir personal, unas doce personas nos ayudaban, ya que alguien tenía que ir metiendo la ropa a las máquinas. Por mientras mi señora, mis hijos, los primos ayudaban a doblar y a hacer de todo. No dormíamos nada”.

¿En qué minuto empezó a crecer la empresa?
Cuando Agrosuper aumentó su producción y ya no era una tonelada y media de ropa, sino cuatro. Tuvimos que comprar máquinas más grandes y no pudimos ponerlas todas en el galpón, por lo que empezamos a pensar en un cambio. Nosotros le lavábamos la ropa a la planta de Rosario de esta empresa y después nos llegó también la de la planta de San Vicente de Tagua Tagua.

¿Cuál fue el cambio?
Allá arrendábamos, pero como veía que esto iba creciendo y creciendo compré el sitio donde estamos hoy que tiene poco más de cuatro mil metros y más de mil construidos, en donde ya llevamos tres años. Aquí ya hicimos las cosas a lo grande, con más espacio, más cómodos. Contamos con una sala de computación en donde se ingresan los programas a las lavadoras. Dos plantas con un total de doce lavadoras, quince secadoras, un lavaseco y dos calandras (máquinas para planchar sábanas), una planta para el proceso industrial, y otra para el proceso de ropa hotelera y lavaseco. Además de buenos baños, un comedor con todo lo necesario para que nuestra gente se alimente —tiene refrigerador, microondas, mesas, todas las comodidades—, y un espacio grande para las oficinas.

¿Cuánta gente trabaja hoy en la empresa?
Ciento diez trabajadores.

¿Cuál fue la segunda empresa que confió en ustedes?
Después vino Nestlé, Monticello, Valle Nevado, Maxagro y Fusat, entre otras...

¿Por qué cree que se ganaron la confianza de todas estas compañías?
La mayoría nos contactó directamente por dato. Fue un boca a boca. Y es que las mismas empresas que atendemos nos han dicho que la ropa les ha durado por lo menos el doble de lo que les duraban antes.

¿Tiene que ver con los productos que usan?
Sí, claro. Nosotros no usamos cloro, por ejemplo, nuestra idea no es abaratar costos, sino hacer bien la pega. Usar cloro es más barato, pero destruye la ropa…

LOS PROCESOS

Hoy Cleanwork (www.cleanwork.cl), además de toda la infraestructura que posee, tiene una flota de dos camiones grandes, cada uno con una capacidad de siete toneladas de carga, dos más pequeños, para dos toneladas de carga cada uno, y dos furgones con capacidad individual de doscientos kilos.

¿Qué productos usan en las lavadoras?
(Rodrigo) Son cuatro procesos: primero viene el humectante, luego el detergente, blanqueador y suavizante.

¿Para qué es el humectante?
(Rodrigo) Es el que abre los tejidos y convierte las grasas en jabón.

¿Podemos comprar este producto para usarlo en nuestras ropas en la casa?
(Rodrigo) No, es muy ácido, uno se puede quemar al contacto con este, no es para manipulación casera… Pero seguramente los detergentes para el hogar tienen un poco de este componente.

¿Qué hacen con el agua que usan?
(Rodrigo) Se va a una piscina y se trata para purificarla.

¿Todas las manchas salen?
(Rodrigo) El noventa y nueve por ciento.

¿Cuáles son parte del uno por ciento?
(Rodrigo) Las manchas que se adhieren en las fibras más finas, esas a las que el detergente les cuesta llegar. Suelen ser productos químicos como el azul de metileno. O bien esa mancha que se ha ido pegando a la tela con el tiempo (años) a través del planchado u otros…

¿Por qué es mejor usar agua con temperatura que fría?
(Rodrigo) Porque los detergentes se activan con agua con temperatura. Ahora, el grado de temperatura dependerá también del tipo de tela. Hay que pensar que las suciedades que nosotros limpiamos son tremendas, no como las de la casa, aunque en casa igual debiese lavarse con agua caliente… El Vanish —que es un peróxido—, por ejemplo, y que se usa para sacar las manchas más potentes, se activa a sesenta grados Celsius.

¿Cosas raras que han encontrado en los bolsillos de las ropas?
(Rodrigo) De todo, como tremendos pedazos de carne…

¿El secreto del éxito?
(Don Fernando) Perseverar, no delegar, sino que estar pendiente de todos los procesos, todo el tiempo…

 

“Contamos con una sala de computación en donde se ingresan los programas a las lavadoras. Dos plantas con un total de doce lavadoras, quince secadoras, un lavaseco, y dos calandras (máquinas para planchar sábanas), una planta para el proceso industrial, y otra para el proceso de ropa hotelera y lavaseco”.

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