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EDICIÓN | Julio 2014

Papa Francisco y la novedad del Evangelio

Oscar Marcelo Sepúlveda, Magíster en Teología Dogmática y académico Universidad Católica del Norte.
Papa Francisco y la novedad del Evangelio

Hace un año y medio, el gesto simple pero profético de un hombre anciano remecía al mundo: el Papa Benedicto XVI renunciaba a su cargo. Lo sucedía otro anciano (tercera edad decimos por estos lados), quien en muy poco tiempo ––solo un año–– se ha transformado en un actor relevante de la escena mundial. O al menos occidental.

En una época y sociedad que busca prolongar la etapa de la juventud lo más posible, dos personas que superan las siete décadas, se transforman en el epicentro de un cambio notable. Una muestra clara de ello es que el Papa, una figura eminentemente religiosa, ha dejado de ser un icono meramente religioso y ha pasado a ser un referente en los medios de comunicación. El impacto que ha generado es muy potente. En 2013, la revista Time lo eligió el Personaje del Año. Más interesante aún es su presencia en revistas tan improbables en este ámbito como Rolling Stone, que le dedicó su portada de enero de este año, generando un hito sin precedentes. En la red social, Twitter supera los diez millones de seguidores. Y así, podríamos seguir por varias líneas más.

El Papa Francisco nos ha sorprendido, a través de cosas sencillas y cotidianas: su palabra es comprensible tanto para el niño como el anciano, el teólogo y el hombre alejado de la religión; sus gestos son creíbles y llenos de humanidad; su mensaje es evangelio puro que llega directo a la mente y al corazón; su presencia se impone no por el boato y el protocolo, sino que por la sencillez y la humildad. Mirar a Francisco es mirar a un hombre veraz. Un hombre así, desconcierta. Un hombre así, puede ser acusado de propagandista y su actitud ser denunciada como una estudiada impostura. Pero en Francisco no se aprecia ningún fariseísmo evidente. Su presencia y palabra expele evangelio. Su mensaje, sin contener casi novedad alguna, nos resuena nueva. Es lo propio del evangelio de Jesús, que siendo sencillo, es profundo y responde a los anhelos más hondos del ser humano. Francisco nos acerca ese mensaje de una manera que nos conmueve.

Una característica de Francisco que se ha ido apreciando con fuerza desde el comienzo es su valentía y franqueza. Su primer viaje fue a la isla de Lampedusa a denunciar la hipocresía y la inacción ante la inmigración (no olvidemos el reciente viaje a Tierra Santa y el inédito encuentro de oración con los líderes de Israel y Palestina en el Vaticano). Se declara pecador como cualquiera, se ubica como un hermano que no juzga, pero, sin embargo, también es claro y fuerte ante las injusticias. Ha denunciado con fuerza a la mafia y corruptos llamándolos a la conversión; al mundo político le ha recordado el deber del servicio; ante el modelo económico ha denunciado su negación de los principios y límites éticos que deben animar toda acción humana.

Pero no solo ha sido fuerte con la sociedad, sino que aún más lo ha sido con la misma Iglesia, sorprendiendo incluso al más agudo vaticanista, acostumbrado al lenguaje diplomático y, muchas veces, alambicado. Ha llamado al clero a que se ponga al servicio de la comunidad, recordando que el ministerio sacerdotal no se agota en el altar; ha denunciado a los carreristas que buscan posiciones de poder y visibilidad; ha sido muy duro con los pederastas y ha profundizado la legislación de la Iglesia sobre el tema; ha expresado abiertamente sus dudas ante la idea de que la Iglesia deba contar con un banco.

Pero quizás dos frases, una pronunciada al comienzo de su pontificado y otra hace pocos días, sean las que mejor describan su “proyecto de Iglesia”: en la audiencia a la prensa, en marzo de 2013, apenas unos días después de su elección, expresaba su deseo de una Iglesia pobre y para los pobres. Recientemente, en el mes de junio, expresaba su deseo de que los cristianos sean reconocidos como “la gente que bendice”. Otra vez, nada que el evangelio no contenga, pero que en su boca y presencia resuenan a novedad, desafío y tarea.

 

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