Era viernes por la tarde y los tacos en Santiago no perdonan. Nos reunimos en The Aubrey, en Bellavista, y llegó corriendo, agitada. Había dejado su auto a varias cuadras del hotel para no llegar tarde a la entrevista —“odio ser impuntual”, dijo—. Traía su pelo lacio, maquillaje sutil y un chaleco ancho que nada decía de su linda figura. En su espalda una mochila y colgando, un bolso de mano de donde luego sacaría la muda de ropa para hacer las fotos. Súper natural, muy espontánea.
Claudia Navarrete —veintiséis años— debuta en el medio nacional y lo hace a través de las pantallas de Chilevisión con su personaje Magdalena en la teleserie Las 2 Carolinas. Ahí comparte el set con grandes como Claudia Di Girólamo. “Ella ha sido súper generosa. Durante las primeras grabaciones yo estaba muy nerviosa y se acercaba a darme consejos. Me he sentido apoyada y estoy muy agradecida”.
Egresada del colegio Pumahue, ingresó a estudiar teatro al Uniacc y dos años después decidió cambiarse a la escuela de Fernando González.
¿Algún consejo que te haya dado Fernando y que apliques en tu vida profesional?
Sí, él definitivamente me marcó. Me enseñó la rigurosidad del estudio, la disciplina, la puntualidad, el preocuparme de cada detalle. Venías caminando y a metros te miraba el vestuario y se fijaba hasta en los botones. Me enseñó a ser una actriz propositiva y a hacerle caso al director, pero hasta cierto punto. Porque es importante que uno también proponga.
CRUZANDO LA CORDILLERA
Apenas titulada, Claudia agarró camas y petacas y partió a Brasil, “no me fui siguiendo a mi pareja, sino que acompañándolo”, aclara, entre risas. Instalados en Sao Paulo, donde él trabajaba, entró a estudiar actuación para cine y televisión en la academia de Wolf Maya. Ahí aprendió de cámaras y de posicionamiento, es decir, la parte más técnica de la actuación. “Siempre he sido muy mimada, he tenido una vida acomodada, nací literalmente sentada en el auto; mi papá me iba a buscar y dejar a todas partes, y cuando partí a Brasil perdí todo eso, tuve que aprender a movilizarme en Sao Paulo y a trabajar para pagarme mis cursos”, confiesa.
Pasó ese primer año en Sao Paulo y luego quiso trasladarse a Rio de Janeiro. Allá funciona la industria a la cual aspira como actriz: la televisión y definitivamente el cine. Entró a la escuela de Art Cénichs de Río, “pero se trabajaba mucho desde la emoción, se usaba la memoria colectiva y definitivamente eso no es lo mio”.
No fue hasta que dio con la directora Ana Verocai, quien trabaja a partir de las acciones físicas de Stanislavski, que se sintió cómoda. “Lo de Ana fue mágico. Estuvimos juntas dos días y me dio una serie de ejercicios que me hicieron mucho sentido”.
¿Cómo se explica este método?
Trabajas a partir de las acciones físicas, las personas tienen siempre un objetivo, que es su acción motora y desde ahí aparecen las emociones.
Ahora solo faltaba solucionar otro aspecto importante en la vida de una actriz chilena aspirante al mercado brasileño: el acento.
¿Cómo eliminaste el acento chileno de tu portugués?
Llevaba tiempo buscando a la persona idónea y fue por casualidad que en un workshop del director argentino Juan Carlos Corazza — couch de Penélope Cruz y Javier Bardem— la encontré. Leila Mendes es fonoaudióloga, muy reconocida en el medio brasileño, y con ella trabajé este tema. Necesitaba sacarme el acento porque si entraba al mercado quería ser una brasileña más. Como extranjera tienes pocas posibilidades, es un mercado muy nacionalista, y está súper profesionalizado, incluso los actores nativos trabajan con fonoaudiólogo para interpretar distintos papeles.
¿Qué grandes diferencias existen con el mercado actoral chileno?
Pienso que estamos a años luz de hacer una producción del tamaño de las que tienen ellos. La Red Globo cuenta con equipamiento a nivel de Hollywood. Asimismo, los actores brasileños trabajan con un couch — entrenador— que estudia contigo las escenas y te prepara. Yo sé que en producciones como Romané han contado con ese tipo de apoyo, pero allá es una cosa habitual. Lo otro tiene que ver con la forma de conseguir fondos para una producción teatral, acá es típico tener que hacer una fiesta para juntar plata, allá existen los famosos “festivales de sketch” y tú eliges diez minutos de tu obra, o un compilado y lo presentas en un concurso en el cual te ganas una ayuda económica. En Brasil, las producciones televisivas son grandes y existe una valoración especial por los actores. Siento que aquí se valora todavía poco al actor que hace televisión.
Tras dos años y medio en Brasil y sintiéndose cómoda con el idioma, decidió buscar trabajo en lo suyo. Hasta ese momento había financiado sus estudios haciendo publicidad o trabajando como modelo de prueba, y no fue hasta que la llamaron de la Red Globo para hacer un “bolo” o pequeño papel en televisión que sintió que debía volver a Chile. “Fue una experiencia maravillosa, hice un papel chico, pero compartí con actores famosos. Sin embargo, me di cuenta de que si comenzaba una carrera allá sería para siempre y me bajó la duda. Me vine a Chile, en agosto del 2013, y apagué mi celular, no quise saber nada más”.
¿Cuál es tu plus?
Creo que hay muchas buenas actrices, quizás mucho más talentosas que yo; mi ventaja es que soy súper dedicada. Pienso que la comparación tiene que ser consigo misma. Yo me miro y me digo ‘chuta me estoy quedando, no estoy aprendiendo’ y hago el cambio.
¿Algún referente en actuación?
Definitivamente, la brasileña Fernanda Montenegro. No solo tiene una gran calidad actoral, sino que posee eso de la disciplina del teatro. El actor no tiene que ver con el glamur, sino con el trabajo, con el estudio.
¿Y tú eres estudiosa?
Soy de las que se leen todo el libreto, no solo mi parte, y es porque cuando no tengo toda la información que necesito me angustio. Soy muy rigurosa y enfocada. Siento que me falta mucho por aprender, por leer, tengo el bichito del conocimiento, siempre quiero saber más.